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Edición Nº 1839 |
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Portada |
¡Recórcholis,
la Recopa!
LE ganó a River. Le ganó a Boca. Campeón Sudamericano. Campeón de la Recopa. Le ganó a la lógica. "¡Qué sorprendente, el equipo cusqueño!", decía Gustavo Barnechea la noche del martes, poco después que el once imperial le arrancara el empate al ex equipo de Diego Armando Maradona, a los 43 minutos de la complementaria. Los coches celebraban con sus bocinas, la gente desempolvó el sí se puede. Brindisi y sus pupilos, sobre la cancha del Lockhart, no lo podían creer. La maldición de la derrota por penales ante un equipo menor -caso el Caldas- se repetía. No estamos acostumbrados sino a la aritmética moral del Perú mereció ganar. Por ello lo inverosímil de alzar una copa tan enorme, brillante y nuestra. ¿Campeones, nosotros? Después del desfile de prodigios deportivos en Atenas, del desastre de la selección con gente como Andrés Mendoza que sólo hace "goles donde me pagan", qué queda decir. A Freddy Ternero lo queremos presidente. Porque nuevo entrenador de la selección ya casi es. Este es el equipo que casi no juega por el paso de dos huracanes. El de las estrellas en ocaso que llegaron al cementerio dorado, como se dijo con malicia. El que sólo gana en la altura, como se espetó con sorna. El corazón goleador, como tituló Vargas Llosa en un pulcro pero insípido homenaje. Cuando Boca Juniors arañaba el título, bajo el calor insoportable de Fort Lauderdale, 35°ree; C, un colombiano jugando para nosotros, Rodrigo Saraz, puso la cabeza. Siendo justos, no fue un cabezazo. Fue un sencillo acto de magia. GLORIA DE ALTURA Los nombres que en un momento se anunciaron efímeros han vuelto a despuntar: Santiago Acasiete, Germán Carty, Alessandro Morán y Juan Carlos Bazalar. Claro, el héroe de la jornada fue sin dudas Ibáñez, de 37 años. Qué manera de atajar con sobriedad, casi sin celebrar el pararle en seco un gol a Carlos Tévez, de 20, y cotizado en 22 millones de dólares, 11 por pierna. Sí pues, le aguanté un gol y qué. Es lo que siempre hago. Nunca hemos llegado tan lejos. Nunca hemos ganado seguido nada, al menos no tan cerca una copa de otra. Lo normal es que estos cambios ocurran con gobiernos de diferencia; Boca Juniors lució agresividad y buen manejo del espacio, la marca segura, las ocasiones de peligro constantes. Cienciano se dedicó a contener la bestia, como un domador curtido en propinar eventuales latigazos. El segundo tiempo desnudó la debilidad de la defensa roja, al tiempo que los xeneises presionaban para asegurar el gol del triunfo. Entonces en las últimas llegó Saraz, seguido de la oportuna "guachita" internacional de Lobatón. Grandes los dos. Cienciano, el equipo que nació el mismo año que el Alianza Lima (1901) y que saborea la copa del respeto gracias a la disciplina de un técnico solvente que consiguió la visión colectiva ganadora del que mira a Goliat de igual a igual. De nuevo la fiebre roja ha llegado al Perú. Que nos contagie a todos. (S. M.)
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