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Edición Nº 1840 |
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Planeta
Cienciano
Por LUIS NIETO DEGREGORI* EN la época actual, la del capitalismo de ficción, un país cuyo seleccionado no llega a los mundiales y cuyos equipos emblemáticos no pasan de los octavos de final de los grandes torneos internacionales, es un país que prácticamente no existe, que es menos que nada. Y su población no es que sea como esos don nadie que han sido invitados a la Fiesta sabe Dios por qué extraña concatenación de circunstancias; peor aún, es como esos a los que sólo se les permite atisbar la Fiesta desde lejos, carcomidos por la envidia. Ese era el caso de Perú hasta los dos recientes triunfos del Cienciano. Machu Picchu era lo único que nos volvía parte de ese mundo en el que una segunda realidad, la realidad virtual, construida día a día entre otras cosas gracias a las corrientes mundiales de turistas que van en busca de lo exótico, es más importante que la primera, la realidad real. Machu Picchu, sin embargo, no perdamos la perspectiva, es conocido mundialmente, pero sólo entre una minoría letrada e incluso a la mayoría de peruanos, como herencia de un pasado que nos ha quedado lejano, es algo que nos trae sin cuidado. El Cienciano, en cambio, ha logrado que por algunos momentos nos sintamos los actores más importantes de esa fantasía en que se está convirtiendo la vida en las sociedades del capitalismo de ficción, con el deporte-espectáculo, el turismo y la industria del entretenimiento como los pilares en los que tal vida se sostiene. Y que no pase inadvertida una circunstancia que parece corroborar más aún lo que venimos diciendo: el Cienciano ganó la Recopa en un estadio casi vacío y en medio de la indiferencia de una comunidad que estaba preocupada por un huracán y por cualquier otra cosa, pero ante las cámaras de televisión que le dieron a su hazaña la resonancia debida en el planeta Fútbol, ese que en los tiempos de la realidad real se llamaba Tierra. ________
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