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Edición Nº 1840 |
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Hoguera
Quilish
Escribe CARLOS HIDALGO "El drama de Cajamarca radica en que su oro se encuentra encima del agua", dice el padre Marco Arana (41) mientras la camioneta enrumba hacia la ladera del cerro Quilish, dejando atrás lomas, quebradas, pequeños afluentes de agua enmarcados en el intenso verdor de la campiña. El vehículo de Arana, párroco de la Iglesia de Guadalupe y mediador en el conflicto que un sector de la población mantiene con la minera Yanacocha por la exploración del Quilish, atraviesa sin problemas la pista que divide los distintos cerros y canchas de lixiviación que forman el alucinante complejo minero. Van quedando atrás el Quilish, Cerro Negro, La Quinua. Al sobrepasar este último, Arana detiene el auto. Baja y se acerca a lo que, según dice, alguna vez fue un riachuelo y ahora sólo es una arteria seca por la que discurren hilos de agua rojiza. Frota una piedra y el color terracota se impregna en sus dedos. "Mira", dice, "es hierro". Se trata de la quebrada de Shillamay, a pocos metros de La Quinua. "Lo que sucede es que esta zona está completamente mineralizada y debido a esto se produce un afloramiento natural de minerales", sostiene, horas después, un funcionario de Yanacocha que prefiere mantener su nombre en reserva. "Pero esta agua es tratada en las presas de sedimentación para su posterior purificación. Nosotros no trabajamos con hierro ni nada parecido. Para hacer afirmaciones de este tipo se necesita de un análisis serio", añade. Este es un ejemplo de la suerte de ping pong de refutaciones y posiciones encontradas que ha marcado esta etapa de la confrontación entre la población cajamarquina y la empresa minera Yanacocha, y que ya se prolonga por más de una semana. La situación, lejos de amainar, podría tornarse aún más tensa, ya que el problema ha dejado de tener un cariz de protesta pro ambientalista para convertirse en un tema netamente político. Mientas tanto, las actividades de la empresa se encuentran reducidas en un 60%. Los vehículos de la firma y el transporte de los trabajadores están impedidos de llegar a la zona del campamento minero, y la única forma de abastecimiento es a través de los helicópteros, que realizan más de diez viajes diarios.
¿LA MINA CONTAMINA? Por debajo del conflicto social, que se acentúa con la inoperancia y falta de previsión del gobierno central para afrontar fenómenos climáticos como la sequía que padece la región durante ya tres años, subyace el tema técnico, pendiente aún de respuesta: ¿la mina contamina o no? Yanacocha elaboró en diciembre del 2003 una evaluación ambiental para las actividades de exploración en la zona sur de la cuenca del río Porcón - Cerro Quilish. Luego de que el propio Ministerio de Energía y Minas e instituciones de la sociedad civil como Grufides, que preside el propio padre Arana, presentaron sus observaciones, se expidió la controvertida aprobación el 16 de julio de este año. Las observaciones fueron levantadas por la minera, según el documento. Además, la empresa sostiene como estandarte el estudio de más de 20 meses de duración de la Stratus Consulting Inc. (CARETAS 1839), que estableció, luego de someter a prueba a 300 muestras tomadas en 48 lugares colindantes con la mina, que el agua en Cajamarca no se había visto afectada por la actividad minera ni se habían producido cambios significativos en la calidad del agua de las áreas circundantes. A eso se suma, según funcionarios de la empresa, el trabajo de las presas del Río Rejo y el Río Grande, encargadas de eliminar los sedimentos que puedan acarrear las lluvias en las áreas de operación. "La mina también ha impulsado importantes proyectos sociales como la electrificación rural y la construcción y el mejoramiento de las carreteras en las comunidades aledañas a los centros mineros", sostiene un funcionario de Yanacocha. Pero el lado opositor, encabezado por ONG's como Grufides y Fedapaz, considera que la empresa no ha respondido de manera clara sobre su responsabilidad en el tema ambiental. "Las presas pueden retener la sedimentación de tierra, pero no eliminan la presencia de metales pesados. Además, el informe de Ingetec señala claramente que la Planta de Agua El Milagro no presenta una correcta operación al tratar agua con alta presencia de turbiedad y sólidos suspendidos. "Esta planta de tratamiento no fue diseñada para tratar aguas provenientes de procesos mineros", dice el padre Arana, quien merece una mención aparte. Arana ha cumplido un rol trascendente en todo el conflicto. Con un discurso mucho más claro y directo que el de algunos políticos, intentó convertirse en una suerte de mediador en medio de la vorágine de posiciones disímiles. Lo consiguió con relativa suerte, a pesar de que la población, en el momento decisivo, le pudo haber dado la espalda. Aunque nadie puede negar alguna intencionalidad política de su parte, él llevó las exigencias del campesinado para ser discutidas con las autoridades y evitó, la tarde del martes pasado, que los universitarios se enfrentaran con la PNP, en medio del bloqueo de la carretera de Ailambo que une Cajamarca con las regiones de la costa. "La última palabra la tienen ustedes. No son borregos ni carneros para que no tomen decisiones", les dijo a los campesinos de Huambocancha la tarde del sábado, cuando todo parecía tener visos de solución. "Estamos luchando contra la empresa minera más grande del mundo. No están peleando con alguien igual", argumentó. Entre la multitud de sombreros de paja, alguien gritó: "Mejor morir luchando que contaminando". Arana, con gesto cansado miró hacia la gente, buscando al interlocutor anónimo. "No, pues, acá se trata de la vida, de que queremos vivir", le respondió, "Al que se quiera morir, por si acaso, el cementerio está a la vuelta y, si quiere, yo le hago la misa".
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