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Edición Nº 1840 |
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Un Grande LA retrospectiva de Carlos Enrique Polanco en el ICPNA es una de las mejores exposiciones que hemos visto en los últimos tiempos en el país. Curada sin fisuras por Armando Williams, la muestra nos pone en contacto con lo mejor de la historia del arte peruano de los últimos 30 años. Polanco es un extraordinario pintor que desde sus inicios manifestó su adhesión a los sectores urbanos menos privilegiados de la ciudad. Ya desde la Escuela de Bellas Artes sus obras estaban marcadas por su identificación con Humareda, tanto por la iconografía como por un color que revelaba la adicción nocturna del pintor. Polanco era un artista comprometido por su sociedad y no faltaron cuadros memorables como aquel sobre el Congreso que delataba la vacuidad del quehacer legislativo. Hoy, en plena madurez y con amplísimo reconocimiento, mantiene este compromiso, lo que permite admirar aún más convicciones que están lejos de la saludable rebeldía juvenil o de la lucha contra ciertos sectores renuentes a una pintura que veinticinco años atrás hubieran podido considerar revulsiva. Polanco marchó becado a China, donde permaneció un tiempo considerable. De allí, regresó dueño de una pintura luminosa, de un color que no temía a la estridencia y una ternura que anteriormente pudiera haber lucido impúdica para un rebelde como él. China nos devolvió a un espléndido pintor de días resplandecientes, con obras impensables como aquella silla roja de evocación a Van Gogh. Pronto retoma el contacto con su pueblo haciendo su serie de domésticas, los domingos en el parque. Sin dejar de lado su formidable calidad pictórica Polanco fue trabajando como un cronista de nuestra sociedad, retratando a los sobrevivientes de la lucha urbana, convirtiéndolos en los triunfadores de la batalla social. v En este proceso de reinserción Polanco hizo cuadros notables, particularmente uno que considero prioritario dentro de la pequeña galería de mi memoria. Esto no tendría mayor importancia para una crítica, salvo que cuando alguien considera agotada la capacidad de admiración y asombro, el simple hecho de encontrar una obra de arte cuyo recuerdo acompañe su vida es algo que por lo menos se debe agradecer. Considero pertinente recordar que, en la historia del arte peruano, al expresionismo indigenista, particularmente Julia Codesido, sucederían Sérvulo, Humareda y Herskovitz. Polanco continúa la historia con un añadido adicional: pocos han aportado tanto a la achorada forma de hacer de una nueva generación que desde finales de los 80 se dedicó a trabajar la chicha en el Perú. Polanco sigue pintando nocturnos incendiados y barrios alucinados, una Lima cada vez más surrealista donde el Pop se nacionaliza a través de cuadros de frazadas, maniquíes y zapatos, marcando abismal distancia con los austeros pintores de una ciudad con horror al color. Sin embargo el tiempo dio razón a Polanco: Hoy es uno de nuestros maestros más jóvenes. Un grande. MERCI: El VII Concurso de Artes Visuales de la Embajada de Francia "Pasaporte para un Artista", ha tenido su edición más lograda, y lo afirmo -más allá del hecho que uno de los premiados sea mi hijo- por el ajustado número de seleccionados con un nivel de participación superior al de años anteriores. El resultado debería ser ejemplo para que organizadores de concursos fenecidos (léase Telefónica, Johnnie Walker, Philips, etc) procedan a reponer sus eventos a la mayor brevedad. El primer premio otorgado a Haroldo Higa es en extremo merecido. El jurado finalmente ha otorgado el reconocimiento debido a uno de nuestros artistas más dotados y menos adictos al marketing. Algo fatal en tiempos de curadores infatuados en los cuales la moda, la sobonería y/o las relaciones púbicas (sic) tienden a opacar al talento. Fernando Gutiérrez (Huanchaco), uno de los artistas de la nueva generación que más aprecio, recibió el tercer premio. Su obra es una verdadera juerga a partir de ese director-vampiro (Tarantino) al que ambos admiramos. En el poco tiempo de egresado Huanchaco ha hecho una obra destacadísima, convirtiéndose en uno de nuestros escasos jóvenes cuyas obras merecen un permanente seguimiento. Sobresaliente patita. Como no tengo pudor alguno de ser cursi me veo en la obligación de decirlo: Tres personas absolutamente entrañables han sido premiadas y no puedo evitar festejarlo con ustedes. Salud.
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