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Edición Nº 1839 |
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Portada |
Por JAIME BEDOYA
BIENAVENTURADOS los adoradores de gordas y los clandestinos amantes de ropa interior ajena. Venturoso el hombre que quiera ser mujer. Venturoso el mujeruco1 , el ida y vuelta, el medio hombre y el hombre y medio. Felices las mujeres que prefieran estar solo entre ellas y felices las que busquen romances como castigos. Suerte a quienes solo bailan con el pasado, ejecutando solitarias coreografías con una tranquilidad infranqueable. Bendiciones a discreción. Hay espacio para todos. Debería haberlo también para aquellos hombres que aún orinamos parados. Los que damos inspiradas e instintivas instrucciones a niños y mujeres mientras pedimos que nos traigan el control remoto. En una palabra, para los que llevamos el mundo a cuestas. Algo tan simple se ha vuelto innecesariamente complicado y socialmente desfasado. Tamaña injusticia. La hegemonía corporativa necesita que compremos cosas que no necesitamos. Así ellos a su vez compran más cosas que no necesitan. (Ese es el truco: nadie, jamás, podrá tenerlas todas.) Afeminando los códigos masculinos han inventado un catálogo de género que debidamente consumido habrá de convertirnos en la masa gelatinoide que supone el llamado varón contemporáneo: el Metrosexual. A fin de cuentas, un nuevo consumidor con gustos de mujer y billetera de hombre. Nunca antes el polito apretado lució mejor. Extenderse en observaciones ridículas sobre la Metrosexualidad sería de un facilismo infructuoso. Algo así como patear un cadáver atinadamente vestido en tonos lavanda, perfectamente peinado con gel y aferrado a un Cosmopolitan en su rigor mortis2. El trasfondo del metrosexualisno no reside en que el hombre esté en contacto con su lado femenino3, sino que dicho camino, aquél entre Juan y Juana, pase por su caja4. Compren y disfruten de una vida plena. Pero es justo suponer la existencia de una mayoría silenciosa que no está interesada en ser su propio objeto del deseo. Además del sencillo ejercicio del buen gusto, esta revelación de lo elemental no supone un ejercicio cavernario. Un dedo de frente sin botox basta para aceptar que la belleza ajena ilumina mejor que el espejo. Sentir vergüenza por envejecer es una carga tan triste como patética, análoga a arrepentirse de la vida5. Es más, para muchos las arrugas son el único registro biológico de haber transitado emocionalmente por el mundo. Aún así predomina la presión por alisarse el rostro en favor del tren fantasma socialmente aceptable: la uniforme cara de trasero tenso que sonríe ubicua en los cocteles. Varones, no nos dejemos confundir. Para ser lo que somos no es necesario saber coordinar colores ni oler mejor que las mujeres. Se puede ser un hombre de bien del siglo XXI y remontar los días en buzo-pijama al mismo tiempo. Al diablo los lounges, las camisas sospechosas y los tratamientos hidratantes. No nos dejemos apabullar por interesados protocolos autorreferenciales cuya plenitud es la de la caja registradora. Para onanismos, la adolescencia. Ha llegado el momento de reclamar el derecho a la retrosexualidad simple y llana, menos glamorosa, pero silvestremente honesta. Esto es solo el esbozo de un mínimo manual de emergencia para cuando la incertidumbre canalla asome frente a uno de los tantos bastiones metrosexuales. No cedamos. La virilidad adulta exige saber plantarse, acomodarse las pudencias y admitir que nada hará vernos mejor que un epitafio digno. Merecerlo no basta un peeling. Tarda una vida. 1 Un hombre jamas debe estar mejor vestido que su mujer. 2 El hombre lleva canas como un tigre rayas. No las esconde. 3 Si te quedas callado no pasa nada. El mundo existe sin nuestra opinión. 4 Mira y aprende. 5 No se discute de dinero con la mujer. Ni siquiera con la ex mujer. 6 La serenidad alivia. La frivolidad pesa. 7 Un hombre que llora con frecuencia es como la mujer sin sentido del humor: peligroso. 8 La gente no cambia: mejora o empeora. 9 Las fotos publicas- salvo las del registro civil- son para novios, muertos, y recién nacidos. 10 Si algo se derrumba el hombre recoge escombros, quema todo y empieza de nuevo. No se va de compras. 11 Honra a tu padre. Tarde o temprano serás como él. 12 El calzoncillo que no es de algodón es calzón. 13 Nadie está libre de un castigo injusto. 14 La barriga es jerarquía. 15 No hay mujer realmente convencida de su belleza. Devolverle la fe es una causa justa. (Fuentes: Frank Sinatra, Jack Daniels, la Edad Media.) _______ 1 "Hombre con corazón de mujer", según definición de doña María Félix. 2 Feneció al ver que en una revista le publicaron una foto que lo desfavorecía. 3 Oficialmente el lado femenino es el izquierdo de la cama. 4 Alguien tiene que comprar esos absurdos anteojos de sol nocturno, las cremas revitalizantes para barba, el nutriente de párpados para deportistas, esos enervantes zapatitos de bowling, etc. 5 Una mujer con canas es una promesa de sabiduría. Una mujer con el pelo pintado es una mujer con el pelo pintado.
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