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El Misterio de la Poesía
Suplemento "LG"

 

16 de setiembre de 2004

Por JERONIMO PIMENTEL
No lea Esto
Se está perdiendo "La Hija del Jardinero".

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ALBERTO Servat ha publicado en la página editorial de El Comercio (5/9/04 y 12/9/04) dos alegatos contra el libro bajo la consigna "leer no te hace mejor", afirmación de Perogrullo ya que ciertamente no existe nada que en sí mismo haga mejor al ser humano. Claro, ni asistir a exposiciones, ni ser fanático de rock, ni navegar por internet, ni ver TV, ni ir al cine, ni ciertamente leer la valiosa enciclopedia temática que el decano está publicando, pueden por sí solos asegurar el crecimiento espiritual de una persona, asunto que tanto preocupa al editor de `Luces'. Entonces, ¿cuál es el punto?

Servat mismo se encarga de proponer al paradigma audiovisual ("No recuerdo haber hecho ninguna tarea escolar sin la compañía de mis personajes favoritos de las teleseries") y al digital ("si el ser humano... es capaz de encontrar en Internet la información que necesita, ¿por qué obligarlo a leer un libro?") como alternativas pedagógicas, como si estos modelos estuvieran en disputa o no fueran, simplemente, complementarios.

Es un problema personal escoger los propios pilares de la educación sentimental, aunque estos sean "La Familia Ingalls" o "Marco"; o ya en el 2004, "Pasión de Gavilanes" o "Sex & the City". Que cada quien saque de ahí lo que pueda. Pero es absurdo constreñir un medio para levantar a otro. Porque en realidad, es bastante difícil encontrar a un hombre apasionado por la literatura que desdeñe el cine o la música o la buena televisión. Es más fácil encontrar personas cuyos fervores artísticos son aglutinantes en vez de excluyentes. Y qué mejor ejemplo -es una ironía- que el propio Servat. Él es un reconocido crítico de cine que dice ser un "lector empedernido de novelas del siglo XIX" en el mismo artículo en el que desprecia a quienes alardean de su bagaje literario. Luego se apunta un tanto en el campo etimológico al ofrecer a sus lectores una nota explicativa sobre el origen de la palabra "leer", nada menos que al lado de Martha Hildebrandt, su compañera de página. Entonces, si se permite la pregunta retórica, ¿por qué el ecléctico editorialista disuade a los peruanos de que se parezcan un poco más a él?

Lo peligroso de su texto -en el que aristocráticamente despotrica de la masificación de la cultura burlándose de los turistas de museo, a quienes manda despectivamente a "que se vayan a ver sus telenovelas"- es el presupuesto del que parte. Al proponer métodos distintos a la lectura como sistemas de enseñanza y aprendizaje, se podría inferir que ésta ha fracasado en el Perú como plan nacional. Nada más lejos de la realidad. El Perú no es en absoluto una nación infructuosamente arrojada a la lectura, no puede serlo con un promedio de lectura de medio libro al año por habitante, una industria editorial precaria e incipiente, y una Biblioteca Nacional que se cae a pedazos mientras sus incunables son devorados por la humedad y los parásitos a la espera de que se reúna sol a sol el dinero suficiente para construir un nuevo local que el Estado nunca presupuestará.

Hacer una lista de las virtudes del libro como medio de conocimiento, comunicación, reflexión y goce, y de la importancia de su existencia para el desarrollo de occidente, es a estas alturas ocioso. No existe ningún avance científico, social, filosófico, ideológico o artístico que no haya sido susceptible de ser vertebrado en la palabra escrita.

Hacer la lista de defectos de una TV corporativizada, por lo general homogénea, en busca de lo banal y casi siempre entregada a intereses económicos con la misma fruición con la que desmerece -salvo excepciones- lo que arbitrariamente considera no rentable es otro tema.

La TV fue creada para entretener y a veces lo hace muy bien (con seguridad, las mejores clases de ciencias naturales e historia en un nivel primario las imparten Animal Planet y History Channel). El libro fue creado para difundir conocimiento y también diversión, una gama utilitaria que va -en la actualidad- de Santa Teresa de Jesús a Corín Tellado, de Tolstoi a Servat. Por supuesto, cada uno utiliza su tiempo como quiere. (Jerónimo Pimentel)


 

Eva y Dina
Las nuevas series del 2
n
 

Javier Echevarría y Mónica Sánchez, coprotagonistas de "Eva del Edén", de lunes a viernes a las 10 p.m.

Frecuencia Latina ha optado por apostar en la producción nacional, y esta semana se ven los frutos con el estreno de dos buenas producciones: "Eva del Edén", de corte épico, y "Dina Páucar, La Lucha por un Sueño", miniserie dedicada a la exitosa cantante de huaino con arpa que finalizará este viernes 17. "Eva del Edén" es un experimento de la dupla Gómez/Adrianzén, en la que actores y productores se han puesto de acuerdo para asumir juntos costos y ganancias. Cuenta con el elenco de actores más nutrido en mucho tiempo, entre los que resaltan Mónica Sánchez, Diego Bertie y Leonardo Torres. A ellos se les unen respetabílisimos como Eduardo Cesti o Fernando de Soria. De lo poco que se ha podido ver, se distinguen algunos elementos a rescatar: pulcra producción, un nivel parejo de actuaciones, y una ambición interesante: el deseo de destilar en esta historia de mestizaje, sincretismo, pugna y territorio, un discurso sobre la identidad peruana cuya valía se irá conociendo con el tiempo. En las antípodas del cuestionamiento criollo se encuentra la miniserie de Michelle Alexandre sobre Dina Páucar, más cerca del rollo "self made woman" y cuya proposición tiene como sustrato lo que se ha venido a llamar el "nuevo Perú". A pesar de que apela a una forma manida (el reportaje periodístico como excusa), la narración es fluida, la actuación de Mayela Llocla como una joven Dina es de lo más interesante que se ha visto en la pantalla chica, y el rating ha sido alentador, superando los 30 puntos. Como anécdota, queda decir que la verdadera Dina Páucar, ingenuamente, no cobró por su participación. ¡Atención, doctor Camacho Perla! (JP)


 


 

 

Picotazos

  -Gustavo, ¿qué es más grande, el Himalaya o tu ego?

-Es difícil contestar...

Congresista Gustavo Pacheco con César Hildebrandt en "En la Boca del Lobo".

 

 

 

 

 


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