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Edición Nº 1842 |
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La Guerra
de las Falacias
ALFREDO González Salazar tiene un peso neto de 137 kilos; pero debe ser uno de los que más han hecho por bajarle el peso al Congreso. Hace pocos meses, en una encuesta de televisión, una dama lo definió como "un patán". El viernes último se comprobó que sus defectos son acumulativos: desacredita al Congreso y se desacredita a sí mismo. Hombres como González explican por qué, según la última encuesta de Apoyo, sólo 11 por ciento de ciudadanos aprueba la institución parlamentaria, mientras que 83 por ciento la desaprueba. La mediocridad, el transfuguismo, los altos ingresos y el bajo rendimiento intelectual y verbal han corroído la estimación de un Congreso que en otros tiempos tuvo como miembros a Francisco Javier Luna Pizarro, diputado por Arequipa y presidente del primer Congreso Constituyente de la República; José Gálvez, Javier Prado, Víctor Raúl Haya de la Torre, Luis Alberto Sánchez, Raúl Porras, Manuel Seoane, José Antonio Encinas, Roberto Ramírez del Villar y Mario Polar. El congresista y presidente del club Universitario de Deportes ha suscitado rechazo general e inmediato, a raíz de la matonada en que maltrató a una funcionaria judicial, arrebató un legajo documentario, agravió a oficiales de la Policía y se convirtió en coautor de un robo con escape. Antes, había lanzado su automóvil contra una reja del Estadio Monumental, sin considerar que detrás de esa verja había personas que pudieron ser arrolladas. No es la primera vez que el congresista confirma su bien ganada fama de violento y arbitrario. Antes ha ofendido a dirigentes deportivos, azuzado a las barras de su club para que agredan a sus rivales futbolísticos, arruinado la economía de la U y, por último, puesto en peligro la inversión en el Estadio Monumental. En alguna ocasión se ha jactado de haber tenido cuatro mil mujeres, distracción que inició, asegura, a los 14 años de edad. Sus actos delictivos del viernes, contemplados por cientos de miles de televidentes y lectores de diarios, pueden restringir sus hazañas eróticas. El congresista Javier Diez Canseco ha pedido que se le denuncie ante la justicia "por violencia contra la autoridad, abuso de autoridad y robo agravado". Si se aplicara la ley, conforme a la gravedad de los hechos denunciados, González podría disfrutar de prolongadas vacaciones penales. El congresista se ha defendido mediante nota de prensa en que asevera que la "supuesta" secretaria judicial Rosario Ludeña no se identificó, lo cual resulta negado por la evidencia de las cámaras de TV. También afirma González que el abogado de la empresa constructora Gremco, que, por motivo de deudas, reclama la administración del estadio, está inhabilitado para ejercer su profesión. De paso, expresa que dicho abogado estaba "encargado de acompañar y perpetrar (sic) las instalaciones del Monumental." Cualquiera que sea el destino inmediato de González, amparado en el momento por el excesivo formalismo del presidente del Congreso, Antero Florez Aráoz, lo cierto es que el daño inferido al honor del Congreso es de proporciones incalculables. El puntillazo se produce en los precisos momentos en que la encuestadora CPI coloca a Alberto Fujimori en el primer lugar de las preferencias electorales. Cierto es que la distancia respecto al segundo de la lista, Valentín Paniagua, es mínima: 18.1 % contra 16.8 %. (El tercer puesto es para Alan García, con 13.6 %, y el cuarto, para Lourdes Flores, con 11.7 %.)
Además, Toledo necesita examinar el panorama político nacional en su conjunto. No deja de ser preocupante que todos los partidos y sus probables candidatos estén en situación desairada. El propio 18 % de Fujimori, candidato imposible por ilegal, indica que ninguna corriente de opinión tienen hoy gran arrastre de masas, y que existe una enorme confusión entre los ciudadanos. A la luz de ambos factores -descrédito del Congreso (y del presidente Toledo y su partido) y alza momentánea de los bonos de Fujimori- el fujimorismo vergonzante aprovecha para avivar su campaña subliminal. Juan Carlos Tafur, otrora hombre fuerte del Expreso del fujimorato y hoy director de Correo, aprovecha para presentar al prófugo "creciendo como la espuma frente a los partidos políticos que hoy dominan la escena nacional". Eso, bajo este título significativo: "¿Qué se vayan todos?", que por lo bajo quiere decir: que se vayan todos y que regrese Fujimori. No en vano, el sábado 25, en su programa de radio Tafur, al entrevistar a Jorge Trelles, que ahora resulta el abogado de Fujimori, felicitó a aquél por lanzarse a la arena con la camiseta del jefe de Sí Cumple. En tal escenario se mueven las fichas del fujimorismo y aparece, gradualmente, el estado mayor del personaje que renunció por fax al alto cargo que le había conferido el país.
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