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Edición Nº 1842 |
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El Japonés
que sí Volvió DAISUKE Nakanishi tiene mal aliento. A simple vista es imposible saber si tiene los dientes completos. No es el japonés con camarita de última generación colgada del cuello que se pasea por las calles, ni aquel de gesto cerámico y modales de robotito como invariable protocolo. Él es alto, motoso. Amable. Festeja las buenas bromas, es jocoso. Hace seis años cogió una bicicleta, la cargó con sesenta kilos indispensables y comenzó a pedalear. Se ha recorrido medio mundo y por unos días decidió volver a Perú. No tiene mujer ni enamoradas porque ellas, dice, le distraen de "el sueño"; esto es, completar su recorrido por el mundo, volver a Osaka y abrir un museo como el aquel de Shimano, el famoso fabricante de accesorios de ciclismo. Así, igualito. Antes, claro, quiere publicar sus memorias con las fotos que va tomando. Como lo hacen los buenos viajeros. Igualito. Cuando terminó el colegio estudió administración y ejerció aburrido hasta que, inspirado por sus primeros viajes fuera de la tierra del sol naciente (frase parodia; un estudio demuestra que 52 % de los niños nipones no ha visto cómo nace el sol), cogió los 40,000 dólares que ahorró en su corta vida profesional y tomó el primer avión a Alaska. Pedaleando solito se bajó las tres Américas. De ahí partió a Europa, a la zona oeste de África, a Australia y de vuelta a lo que faltó de América del Sur. Queda pendiente Asia, otra tajada africana y el Medio Oriente nada más. En una lata negra de la bicicleta pinta el nombre de los países que visita. Lleva 76,000 km a puro pedal. Tres años más y se acabarán los fondos (que duran porque no compra bagatelas, no tiene chicas, duerme en albergues gratuitos, etc.). Luego vendrá el temido stop. De su paso por este rompecabezas de piezas tipo Noruega, Suiza, Mauritania, Mali, Rapa Nui, Kenia, Inglaterra, Costa Rica e Islandia, recuerda que sólo le robaron algo en Guatemala y otra vez en El Salvador. Hasta que, camino a esta revista, tomó una combi y le sacaron su libreta de apuntes. Daisuke aunque quiera no podrá olvidarse de Lima. (S. M.)
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