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Edición Nº 1843 |
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A Ganar
por Derecho Propio
Por: ABELARDO SANCHEZ LEON EN esta semana se define el futuro mediato del fútbol peruano. Todos, comando técnico, jugadores, dirigentes, se juegan la vida. En las eliminatorias pasadas recuerdo que nos encontrábamos en el mismo dilema, en la misma coyuntura, en la misma tibia línea que separa la vida y la muerte. En esta oportunidad, al menos, continuamos con el mismo entrenador y, supongo, con algunas variantes para sus dos compromisos cruciales: Bolivia y Paraguay. Lo haremos de visitantes, sin las pifias de los nuestros, sin las burlas de la hinchada, sin la presión de los espectadores desesperados. Un encuentro será casi a 4 mil metros de altura y el otro en la sofocante Asunción, donde siempre el Perú ha descendido a los infiernos. Autuori, como la mayoría de los entrenadores (pienso en Oblitas) una vez que encuentran el esqueleto no cambian así porque sí la alineación. Y es verdad: Autuori ha escogido a los mejores, los mejores juegan en la selección, siempre lo hacen los mismos, pero los resultados no se dan. Los peruanos tenemos la sospecha de que casi siempre hay cosas oscuras en las intimidades de la selección. Pensamos, por ejemplo: después de las eliminatorias del 82, ese equipo no podía caer vapuleado por Polonia en la primera rueda. Siempre pensamos que existen razones oscuras e intereses mezquinos. Pensamos, por ejemplo: desde que llegó Maestri al Alianza con un sueldo que bordea los 7 mil dólares, Alianza no quiere ganar. Los peruanos encontramos en la actitud autodestructiva una forma de expresar nuestro malestar. Todos pensamos que algún dirigente se gana con la contratación de Maestri, junto al empresario, por cierto. Los peruanos no nos rebelamos abiertamente ante un suceso que consideramos injusto. No. Siempre asumimos una actitud que va en contra de nosotros mismos para expresar nuestra oposición o desacuerdo. ¿Existirá algo así en la actual selección? ¿Hay algo que los jugadores nos quieren decir por la manera en que pierden sus partidos? De haberlo, se sabría. Hasta la fecha solamente conocemos la lealtad de los jugadores hacia Autuori y el rechazo en pleno hacia la prensa, el malestar de Palacios por no estar a la altura de lo que él cree que es, y la conducta extraña de Solano por hacerse expulsar y no jugar en los encuentros claves, contra Colombia y ahora contra Bolivia. Después no sabemos más. Quizá hay un lío por los premios y no tienen ganas de ganar. Quizá no le pagan lo suficiente a Mendoza y él se niega a tener un buen rendimiento. Ese fue el lío no esclarecido abiertamente de Juan Reynoso con Pacho Maturana y la dirigencia de aquel entonces. Un malentendido por centavos. El fútbol peruano está a punto de estallar. El torneo local no solamente es malo, sino deficitario. La crisis de un grande como la "U" indica que las finanzas de los clubes están pegadas con babas. Al respecto existen dos posiciones: quienes abogan por la cantera y las divisiones inferiores como garantía de futuro y quienes dicen que mexicanicemos el fútbol peruano, que lo llenemos de extranjeros de calidad y que se internacionalice nuestro balompié en aras del espectáculo. Lo que sí resulta cierto es que la actual administración de los clubes peruanos es mala y si alguien por allí les ha dicho comechados, es lo menos que se les puede decir. La mayoría de los clubes hace negocio vía los empresarios para traer todo tipo de jugadores extranjeros sin calidad, y allí culmina su misión, función y objetivos estratégicos en relación al FÚTBOL PERUANO, ese producto que nadie quiere comprar tal como está. Autuori echa mano de lo que existe. También puede echar mano de los nacionalizados: Bonnet, Ibarra, Roverano. No crean que estoy en la onda nacionalista de los setenta, qué va, estoy en la nota de qué les resulta más barato y fácil a los dirigentes de clubes del fútbol peruano: formar un sistema que produzca jugadores para la exportación, como es el caso de Paraguay, o traer a parrilleros gordos del Cono Sur que, así como están, sobresalen en nuestro medio. El caso de Olveira es una buena muestra. Entonces, no le exijamos al comando técnico de la selección renovación, porque la única renovación que existe en el Perú es la del Jirón con su pasta, sus ketes y sus pandillas. Si con Pizarro, Guerrero, Farfán, Palacios y Rebosio no ganamos los dos partidos que se inician este fin de semana, eso quiere decir que ni con los foráneos nos salvamos. Veamos qué pasa y crucemos los dedos para que superen los problemas internos y no nos salga la solución autodestructiva. Del existencial "sí se puede", pasemos a ganar por derecho propio.
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