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Edición Nº 1843 |
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Un Caso
de Ira Presidencial "Publicó El Comercio un comunicado con violentas expresiones contra Balta en que no se omitía alguna que pudiera afectar a su propia familia. Se ha dicho, tradicionalmente, que Balta mandó llamar a don Manuel Amunátegui, director de El Comercio, y le increpó rudamente el comunicado. En todo caso, reunió al Consejo de Ministros para consultarle el apresamiento de Amunátegui. La mayoría de los ministros estuvo de acuerdo, pero Piérola se opuso: -Yo no creo que esa sea una cuestión de Estado ni un problema político. La prisión no procede. -¿Y entonces? -Entonces su Excelencia puede hacer personalmente lo que quiera. La intimidad familiar es sagrada y respecto de ella nadie puede decretar ni aconsejar. La mayoría de los ministros volvió a estar acorde en esta nueva opinión. Sin embargo, Piérola no tenía razón. La ofensa grave a un Jefe de Estado o, con motivo de él, a su familia, es siempre una cuestión política y no personal. Precisamente no debe serlo, para evitar que la responsabilidad del poder público, que el mandatario encarna, se vea afectada por violentas y humanas reacciones. Balta citó a Amunátegui a su despacho y le reprochó con dureza que hubiera tolerado una publicación de esa clase en su periódico. Finalmente, en el paroxismo de su ira, llamó al oficial de guardia y le ordenó que llevara a Amunátegui para ser fusilado inmediatamente. Piérola había presenciado la escena, que era consecuencia de su consejo, pero no había intervenido en ella. Salió tranquilamente detrás del oficial que conducía a Amunátegui y le habló al oído tomando el nombre del Presidente. Luego, cogió de un brazo a la presunta víctima y le dijo: -¿Qué prefiere usted: prisión o muerte? -Prisión. -Pues es peor lo que le damos: la libertad."
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