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Edición Nº 1843 |
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Niñas
en el Infierno
Escribe GASTÓN AGURTO EL abuso sexual de un adulto sobre un menor de edad es uno de los crímenes más horrendos que se están cometiendo en el Perú. Imágenes que lo confirman -en formatos VHS y DVD- se pueden encontrar en los mercados de piratería de Lima. Así lo ha demostrado Verushka Villavicencio, investigadora principal del libro `El Cliente / pasa desapercibido' (Save the Children Suecia, 2004), al conseguir en el mercado de Las Malvinas uno de estos aberrantes videos que está dividido en dos partes. La primera parte dura 36 minutos y muestra a una niña de unos 11 años de edad, maquillada y adornada con pulseras, y que, obedeciendo las órdenes de dos adultos, un hombre y una mujer, posa y actúa de la manera más obscena. En un momento de la grabación se escucha una conversación en off entre los mayores. "Ahora te pago 30 y la próxima semana te pago los 20 que faltan", le dice él a ella. Se deduce que la mujer ha llevado a la niña a cambio de dinero para que el hombre pueda producir material comercial para pedófilos. De hecho, en Internet se pueden encontrar varias páginas web que ofrecen fotos y videos de `charapitas' y `tarapotinas' menores de edad. En otro momento, el hombre -trigueño, de contextura gruesa y unos 40 años de edad- entra en escena con los pantalones en los tobillos y se recuesta al lado de la niña (ver foto). Pero su cómplice le recuerda que no ha pagado el total de lo acordado. "No le voy a hacer nada", contesta él. Durante el resto de la grabación, la niña posa con un sombrero, con una botella, con un cigarro, con dólares y bailando alrededor de una columna. Es una penosa marioneta en manos de este par de enfermos. "El hombre que aparece en el video podría ser peruano o de algún otro país latinoamericano; pero la niña, por su fisonomía y acento, definitivamente es de la selva peruana", dice Villavicencio. EL HOMBRE INVISIBLE El objetivo de `El Cliente / pasa desapercibido' era establecer el perfil del usuario de prostitución infantil y adolescente. Y para alcanzarlo, los investigadores utilizaron una estrategia sui generis: publicaron avisos solicitando personal para laborar en una nueva revista. De los 200 varones que postularon, fueron seleccionados los 85, de 20 a 64 años, que habían demostrado ser más permisivos frente al sexo con adolescentes cuando se les explicó que se trataba de una revista de pornografía de menores.
LA LEY DE LA SELVA En la segunda parte del video, que dura 45 minutos, la víctima es una adolescente de 14 a 17 años. Tiene rasgos marcadamente selváticos y lleva como única indumentaria un largo collar típico. En lo que parece ser una pequeña habitación, es prostituida largamente por un hombre blanco que habla inglés, aparentemente un turista a quien no se le ve el rostro. El ruido de fondo (parece ser el motor de una nave) hace suponer que la grabación se realizó en el cuarto de una de esas embarcaciones que hacen excursiones por el río Amazonas. Según la Organización Internacional de Migraciones y Turismo, el 20 % de los viajes internacionales en el mundo se realiza con fines sexuales y un 3 % de estos viajeros son pedófilos. Para mayor alarma nuestra, la institución informa que el turismo sexual -que según la OIT afecta a más de dos millones de niños, niñas y adolescentes en el mundo- se ha desplazado del sudeste de Asia, donde las penas se han endurecido, hacia Latinoamérica, por su legislación blanda y autoridades corruptas. Por ejemplo, cada año 30,000 españoles viajan a algún país de Latinoamérica para practicar turismo sexual. En Guatemala unas 15,000 niñas se encuentran en situación de explotación sexual que tiene como principales clientes a los norteamericanos. Y en Brasil, en las ciudades turísticas de Río Negro y Foz de Iguazú, los extranjeros, además de niñas, las prefieren vírgenes, por miedo al contagio del SIDA. Iquitos, Perú, licencioso hasta el escándalo y el delito, se cuenta entre estos destinos. Allí existe una modalidad muy difundida de turismo sexual infantil. Empieza por contratar un "paseo en pequepeque" (canoa motorizada característica de los ríos de la selva). Hoy ese servicio cuesta 35 soles pero por un pago adicional que no pasa de 10 soles (menos de 3 dólares), el lanchero ofrece como compañía a un niño o a una niña nativa. Un claro en el bosque, un recodo en el camino o las solitarias orillas del río, son el tenebroso escenario de la explotación infantil. Nada ha cambiado en los últimos años. En enero del 2002, buscando información para el reportaje `Iquitos: El Bangkok latinoamericano' (CARETAS 1705), el fotógrafo y este periodista encontramos a `Gloria', una menor (declaraba 17) que se prostituía en un club nocturno. Al pedirle una entrevista nos pidió que la recogiéramos al día siguiente de la casa de sus padres, porque esa noche estaba muy atareada con los clientes. Al día siguiente, mientras comíamos pollo a la brasa, escuchamos su triste y azarosa historia de promiscuidad con adultos. Había empezado a los 13 años y en ese entonces habían noches en que `atendía' hasta diez clientes. La conversación terminó porque tenía que volver al trabajo. Al despedirnos, me dijo: "Es la primera vez que un hombre me invita a comer y no me lleva a un hostal".
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