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7 de octubre de 2004


Ciclo Visual
Vida en obra. Roberto Huarcaya expone 14 años de fotografía a través de 140 imágenes.

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Abuelo del artista en serie `Continuum' (1994): nueve fotos representan el ciclo vital.

 

SELECCIONAR un fragmento rectangular de la realidad y encerrarlo en papel fotográfico. Reordenar el espacio dentro de cuatro líneas. Interpretar una imagen. Expresar alguna emoción, sensación, sentimiento o idea a través de su representación plástica. Hacer `clic'.

La fotografía es una de las expresiones artísticas más fértiles en el país. Ya sea dentro de territorio peruano, o representando al Perú en el extranjero, los fotógrafos locales han tenido siempre una presencia importante. Y entre los contemporáneos, Roberto Huarcaya es uno de los más representativos. Por eso, y dentro de un ciclo de antologías de la obra de artistas `a mitad de camino' en su carrera que comenzó con la extraordinaria exposición de Carlos Enrique Polanco, el Icpna anuncia `Roberto Huarcaya-Muestra Antológica 1990-2004', selección de fragmentos de 16 proyectos realizados por el fotógrafo, incluyendo algunos que aún se encuentran en proceso en la actualidad.

Si hubiera que resumir en una palabra el trabajo de Huarcaya, esa palabra sería vida. Su reflexión, de una manera u otra, orbita siempre alrededor de los ciclos vitales, del nacimiento, de la sexualidad, de la muerte. Ya sea a través de fetos o zapatos rescatados de un basurero, el arte de este fotógrafo busca representar aquellos aspectos que hacen que una persona respire, camine, sea. Además, tiene una predilección por los grandes formatos, como si intentara obligar al espectador a no pasar por alto lo que quiere decirle. Demostrarle que está ahí, que vive.


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Paciente del Hospital Larco Herrera, de serie `La nave del olvido' (1994). Al lado, encendida femineidad de la serie `El retorno del Olvido' (1997). Va desde el 14 de octubre en el Icpna de Miraflores.

Más allá de sus propuestas artísticas, un importante logro en la trayectoria de Roberto Huarcaya es la creación del Centro de la Fotografía (Galería El Ojo Ajeno). "Se trata de darle herramientas a la gente para juzgar, calificar y construir una imagen, en vez de darles las respuestas. Que tengan un bagaje cultural importante para contextualizar históricamente una construcción." Al respecto, el fotógrafo admite que eso "es difícil porque el nivel escolar en el país es increíblemente bajo, y mantener estándares de exigencia académica es complicado." No obstante, sigue adelante, y considera que muestras como la que está pronto a presentar son una buena oportunidad para acercar a las generaciones jóvenes el trabajo de quienes ahora les enseñan.

Hablando de maestros, sería interesante saber cuál es, en su opinión, la diferencia entre fotografía artística y periodística. "La fotografía documental también puede ser artística en tanto el aporte de autoría sea importante. La visión que construye la imagen aporta la diferencia. Sin embargo, yo no haría esa diferenciación. Más bien hablaría de buena foto y de mala foto." ¿Y qué hace una buena foto? El profesor piensa por un momento y luego responde: "La foto en términos tradicionales, bidimensional, impresa en medios o colgada en un marco tiene un universo de códigos para ser leída. Mientras comunique contundente y claramente lo que el autor quiere manifestar, en ese sentido es buena." Huarcaya dixit. (RM)


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Actores peruanos protagonizarán obra francesa.

 

Heridas de Guerra

¿Quién se atrevería a decir que una guerra no deja secuelas en la psique de los niños, de los adultos, de los ancianos? La violencia es una de las pocas cosas que el Perú tiene en común con las grandes potencias mundiales. Por eso al francés Bruno Meyssat, director de "Ejecutor 14", escrita por el franco-egipcio Adel Hakim, no se le hace difícil encontrar un hilo conector con los actores peruanos que encarnan la ficción. Las imágenes, la historia y el subtexto de esta obra están basados en la guerra del Líbano pero sin lugar a dudas "puede ser el equivalente de lo que fue Sendero Luminoso en este país", comenta Meyssat.

Esta fusión de artistas y nacionalidad es posible gracias a la AFAA (Asociación Francesa de Acción Artística) que viaja por el mundo con "Tintas Frescas", programa que tiene como objetivo promover la obra de dramaturgos galos contemporáneos. La obra va desde el 7 en la Alianza Francesa de Miraflores.


Comedia Vida
Isola revisa sobre las tablas a "Ña Catita" de M. A. Segura. Se estrena el 16 en LarcoMar.

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Obra de Segura (izq) será encarnada por Delfina Paredes, Melania Urbina y Carlos Victoria, entre otros.

COMO si se sintieran interpelados por una realidad donde los personajes principales sólo provocan lástima, desprecio e indignación -abundar en las escenas del ejecutivo, el legislativo y el judicial sería motivo de una verdadera Comedia Humana-, los teatreros locales han vuelto la mirada al pasado, a la historia y desde diferentes ángulos han presentado particulares interpretaciones de lo nacional: "Historia de un gol peruano" de Alfredo Bushby, dirigida por Luis Peirano, "El último barco" de César de María, dirigida por Alberto Isola, "El Perú Ja, ja", dirigida por Rocío Tovar y "S/T, Técnica mixta", del colectivo Yuyachkani así parecen demostrarlo. Aunque en realidad ninguno de los espectáculos mencionados logró cuajar una puesta en escena sobresaliente, conmovedora o efectiva, el tema tratado los emparenta y nos habla de una preocupación. Esta se mantiene con el próximo estreno de "Ña Catita" de Manuel Ascencio Segura (Lima, 1805-1871), clásico de clásicos del teatro peruano que según su director sube a escena despojado de las trampas costumbristas. La comedia sigue siendo una comedia, pero el chisme ya no es lo que signa la obra (¿qué dirán los profesores escolares?) sino la lucha feroz entre dos mujeres: una madre de 30 años que quiere casar a su hija de 15 con un hombre que se pueda convertir en su amante y así la aleje de un marido al que detesta. Sobre ello Alberto Isola dice: "Yo creo que eso esta en el texto. Segura lo insinúa de la única manera que pudo hacerlo en la época sin que le quemen el teatro. Esta mujer no busca un amante solo para que la satisfaga sexualmente sino porque es su único escape de una vida desalmada. Si la miras por allí la obra tiene otro color".

Segura luchó en la batalla de Ayacucho al lado de su padre español defendiendo a los ibéricos. Luego peleó por Gamarra y Salaverry durante la guerra civil que siguió a la independencia. "La Pepa", su primera obra, fue una crítica al militarismo. Y es que en el humor siempre hay una denuncia: "Como todos los autores cómicos, Segura esconde una tristeza. En este caso es la constatación de que se está fundando la patria sobre bases harto discutibles: no sobre el consenso, no sobre la verdad, sino sobre el oportunismo, sobre la hipocresía y sobre lo no resuelto. Eso es lo que más me atrajo de la obra: nada se resuelve".

La obra transcurre en 1856. El verso y los vestuarios de época se mantendrán. La escenografía serán unos desvencijados balcones movibles que permitirán acciones por toda la casa y no solo en el cuarto principal como se indica en el texto original.

Sobre el fascinante y contradictorio personaje que da nombre a la pieza el director dice "Bajo todos los barnices de Ña Catita encontramos a una pobre mujer que no tiene hijos, ni marido, que no sabe leer y lo único que le queda es la religión. Es la portavoz de todo este mundo oscurantista, envidioso e hipócrita. Todos los personajes actúan según su propio interés, no hay ningún grado de solidaridad y todos se tapan. Inclusive al final. Es un final falso porque nada se ha resuelto. La calma ha vuelto, pero el desorden persiste. Hay una frase de Segura que resume el asunto: "Soy como el Perú que cuando ve pasar una tempestad se le antoja que no va a venir otra". (J. C. Méndez)


Toma Chocolate
Un encuentro con el músico Julio Algendones a 60 días de su muerte.

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ACOMPAÑANDO al pugilista de la nostalgia a comprar unos discos non sanctos, encontré casi escondido en un puesto de jazz y blues, al lado de clásicos y antologías de Miles Davis, Charlie Parker y Duke Ellington, una joya titulada "Chocolate. Perú's Master Percussionist" (pronounced Choco- LAH- tay, dice en la contratapa).

Esta vez no perdí la oportunidad y me lo llevé, sacándolo de su lugar al lado de los genios. El disco grabado en Nueva York en 1990 por el melómano Blue Shepard contiene 4 temas donde toda la mágica fuerza de su percusión alcanza altas cotas de imperfección (el maestro no creía en ensayos). Allí se suceden "Uno Nino en Tiempo", "Conga Forte, Rico Cajón", "Ani-Ani Manola" y "Uno Tych". Al escucharlos es inevitable pensar en rituales, en transmigraciones místicas, en la alegría que destila la música afro-peruana, en el silencio como eje del sonido y en el llamado de atención que sin aspavientos siempre nos hace la expresión urgente y honesta. Definitivamente el disco rezuma una sabiduría que por momentos se nos ofrece desenfrenada y por otros con una pausa imprevista pero necesaria. Un privilegio a tomar en cuenta es que aquí se pueden escuchar a plenitud la inspirada versatilidad y la rotunda originalidad de quien se hizo famoso tocando en Perujazz temas como "El tren" donde sostiene toda la maquinaria sónica durante 9 minutos de pura música.

Julio "Chocolate" Algendones estaba grabando un disco llamado "Miokamba" cuando decidió montarse en la escoba de la bruja que cuidaba su cuarto e irse con ella pa' la muerte. Eso fue el 26 de julio de este año. También se estaba finalizando un documental titulado "Las manos de Dios", dirigido por Delia Ackerman. Sería importante que ambos proyectos se concluyan. Chocolate murió pobre pero rodeado de amigos. ¿Eso basta? A él si le bastó.

El pugilista de la nostalgia acaba de enviarme un poema inspirado en un artista recientemente fallecido. Dedicado a F. B., dice. Rara coincidencia para quien no cree en ellas. (J.C. Méndez)


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