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Edición Nº 1846 |
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Portada
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CARETAS cumple 54 años observando con humor rojo y blanco el berenjenal político y periodístico en que vivimos. Es una variante de nuestros ritos tradicionales que invoca el sarcasmo cómplice de los otorongos, pero también invita a la reflexión. Aquí, ya se sabe, la tendencia es a encumbrar en forma desmedida a los gobernantes nuevos y a lincharlos al salir. Más aún, según los rigores de los diversos regímenes, el comportamiento de ciertos peruanos se acerca a la terrible descripción de Bolívar. El Perú, dijo, es como "un siervo que jamás alcanza a apreciar la libertad: se enfurece en los tumultos y se humilla en las cadenas". Aquí, por lo tanto, los golpes de Estado pueden contar con apoyo mayoritario mientras que a los gobernantes democráticos se les va zarandeando en una espiral creciente de improperios. En este último medio siglo, por cierto, dictadores y mandones como Odría, Velasco y Fujimori han terminado saliendo o fugando en medio de condenas, pero con el tiempo han recuperado cuotas de prestigio. Ahora le está tocando al Chino. En cambio, los gobiernos democráticos de Prado, Belaunde y García subsistieron o sucumbieron acompañados de todo tipo de bravuconadas que no se ensayaban frente a manos más duras. La reelección de dos de los aludidos, y sobre todo de Belaunde, quizás demuestre que el pueblo, con el pasar de los años, consideró que el vilipendio que sufrió el arquitecto mientras gobernaba y durante tantos años después no fue justo.
Nadie duda que en todas las circunstancias el periodismo debe ser crítico y exigente con el poder político, y su afán de investigar todo entuerto es perfectamente legítimo. Pero eso de llamar "delincuente" a un ciudadano -sea el Presidente de la República o perico de los palotes-, sin pruebas ni proceso, se pasa de la raya. Y eso de que el propio mandatario tilde de "cobarde" a un periodista también contribuye al envilecimiento cívico. En estas circunstancias, CARETAS, como tantos otros medios independientes, se precia de mantener un comportamiento editorial que en tiempos difíciles resulta temerario, pero que años de tolerancia, a pesar de sus filos irónicos y revelaciones traumáticas, no abusa de la democracia. ¿Es tan difícil encontrar ese equilibrio? CARETAS sigue el espíritu de Doris Gibson, la fundadora de la revista, una arequipeña de armas tomar, una amante de la libertad, el ingenio y la inteligencia. Con esos instrumentos y la búsqueda de la justicia informativa, la prensa está destinada a estimular el desarrollo político del país, no a degradarlo.
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