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Edición Nº 1846 |
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Portada
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Cubas al
Cubo
Por el MARQUES DE VALERO DE PALMA ESTUPENDO comienzo de feria. Y una novillada transcendente, con ribetes históricos de gran evento (no en vano marca fecha en los anales de Acho la despedida como novillero de Juan Carlos Cubas) que entusiasmó a la concurrencia. Los que no fueron se la perdieron. Tienen que afinar la puntería e ir a esas corridas o novilladas que apuntan alto. Deberían tener ese sexto sentido de oler las cosas buenas por delante. Porque todos los que estuvieron el domingo en Acho fueron testigos de excepción del amanecer de un torero peruano hecho y derecho y muy puesto y lleno de sabiduría adelantada: Juan Carlos Cubas. Este fue el gran héroe de la tarde. Y habrá que decir que los toros, los que le tocaron en suerte, le acompañaron, ya que no le tocaron a contraestilo. ¡Bien por Roberto Puga! Novillos con cara, con presencia, incluido el tercero de la tarde que era el de menos peso y no se le apreciaba el defecto, por sus hechuras. Y esto es lo importante, el buscar la presencia del ganado. No es un problema de kilaje, sino de presencia. Por primera vez en años no me parecieron afeitados. Un buen comienzo: ¡Dios mío, será verdad tanta belleza! El juego que dieron fue variado, hubo de todo como en la viña del Señor. Los dos de Cubas se ajustaron a él. Los dos de Roca Rey fueron tremendos sosainas aunque fueran a la franela y repitiesen, pero también se quedaban en el medio pase careciendo de amplio recorrido. El primero de Avila fue brusco y entraba a empellones y el último de la tarde se dejó torear. En general, bien. Novillitos, pero con presencia. Y alguno que otro astifino. Propiciaron, a fin de cuentas, porque todos comían muleta, una buena tarde. Fernando Roca Rey recibió a su primero de rodillas a porta gayola y con una larga cambiada, suerte ésta que domina y que ya es marca de la casa. Empezar así indica que hay ganas y deseos de triunfar. Y estas ganas se corroboran cuando se arrodilla en el centro de la plaza citando al toro desde lejos y toreando con más emoción que largura y profundidad en el pase. Esta vez no banderilleó, aunque la gente le reclamara el hacerlo, y me parece muy bien que no lo hiciera, pues no es lo suyo. La sosería del toro le impidió transmitir la faena de muleta a los tendidos. Toreó con todas sus ganas. Valor tiene, y mucho. Pero duda en la cara del toro y eso no es bueno. Necesita más convicción y rodaje. Sigue prometiendo mucho. La estocada de la tarde fue suya, porque la ejecutó con primor en este primer toro. En su segundo hay que destacar los faroles de rodillas de recibo y el interés y ganas de triunfo que puso en toda la faena que no llegó a cuajar por la sosería del enemigo. Mató de un metisaca, que es recurso muy legítimo cuando está recetado en buen sitio, pero que ya no es tan legítimo cuando no está propinado en el cerviguillo. Necesita, ahora sí, salir a jugársela por esos mundos de Dios y buscar el sufrimiento y la pelea para realizarse como torero sin dudas ni vacilaciones. Tiene todo el crédito abierto.
Merecidísima la oreja de su segundo toro ya que hizo un faenón inmenso, ligando inconmensurablemente con la derecha en redondos y circulares en los que llevaba al toro como una babosa pegada a los vuelos de la franela. Media estocada de efectos de muerte muy tardíos que produjeron un aviso. Pero oreja merecidísima por lo escrito en el centro del ruedo, que fue de matrícula de honor. Juan Avila triunfó en Acho. Le puso ganas enormes este valenciano a su labor. A su primer toro le hizo faena larga aguantando constantemente la brusquedad del animal, tratando de suavizarlo, toreándolo con intensidad pero sin llegar a domeñarlo, que es lo que Avila pretendía. Pinchazo y estocada. En su segundo toro se sacó la espina toreando en corto, encimándose y ligando muy buenas tandas con la mano derecha a las que siguieron excelentes naturales. El toro reculaba y se rajaba constantemente. Era difícil, extraordinariamente difícil matarlo en estas circunstancias. Y sin embargo, Avila, muy superior en todo momento a este toro que le tocó en suerte, le propinó una estocada imposible por la dificultad que entrañaba y se deshizo del toro cortando otra oreja y media, que acabaron siendo dos reales. ¿Merecidas? Yo diría que benevolentes, aunque esa estocada imposible y la superioridad que demostró sobre el toro hacen que este veredicto no fuera tan descabellado. Cinco orejas. Dos salidas a hombros: Cubas y Avila. Y en conjunto una gran novillada, que divirtió sobremanera.
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