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Edición Nº 1846 |
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Portada
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HAY semanas o quincenas extraordinarias, como éstas que acaban de pasar en Madrid, en donde la cultura peruana ha estado otra vez presente en toda su extensión, a plenitud diríamos. Primero fue la presentación -por segunda vez en Madrid- del poemario "Palos Secos", de la artista plástica y ahora también poeta Cecilia Bozovich, que relata su dramática experiencia vivida en la selva peruana, la que fue acompañada por un elocuente y creativo vídeo; luego, casi inmediatamente la muestra del pintor Juan de la Cruz Machicado, que cultiva un arte fácil de calificar como vernacular, mezcla de indigenismo de los años 30 y de nuevas ondas pictóricas que se traslucen peruanas, presentada con auspicio de un municipio madrileño; después, todo casi simultáneamente, la de la joven artista plástica Sandra Gamarra, que en una galería de arte privada presentó una muestra de una desafiante modernidad que se distancia enormemente de toda intención peruanista (lo que no deja de reflejar el amplio microcosmos artístico peruano). Y, finalmente, la Gran (así, con mayúsculas), muestra denominada "Perú Indígena y Virreinal" que el 21 se inauguró con un éxito enorme en la Biblioteca Nacional, la que, aparte de una numerosísima asistencia, contó con la presencia de doña Eliane Karp de Toledo, Primera Dama del Perú, así como de destacadas autoridades españolas, aparte, claro, del embajador del Perú, Fernando Olivera. Una quincena de júbilo cultural peruano aquí en Madrid, sin duda. Organizada y financiada por la Sociedad Estatal para la Acción Cultural Exterior, SEASEX, "Perú Indígena y Virreinal" se exhibió en mayo en el Museo de Arte Contemporáneo de Catalunya, en el marco del Forum de las Culturas, tal como me parece he comentado en su oportunidad. Es en verdad la más importante muestra del arte peruano -desde la época precolombina al vireinato-, que haya sido vista jamás en el extranjero, y constituye lo que Eliane Karp denominó "una muestra del sincretismo cultural peruano", puesto que reúne en "forma totalmente paralela, equivalente, el mundo indígena y su continuación en el mundo virreinal a través de creaciones de nuevas formas artísticas y de una nueva cosmogonía que se recrea". "Perú Indígena y Virreinal" repite actualmente en Madrid el éxito de público que obtuvo en Barcelona. Las 181 piezas (grandes cuadros, como el de la Procesión del Corpus, y maravillosos mantos de Paracas que parecen haber sido tejidos ayer, así como huacos y piezas de oro del antiguo Perú) que ahora se exhiben (en Barcelona fueron casi 350), viajarán próximamente a mostrarse en la galería de la National Geographic, en Washington. Una gran cosa para el Perú. Dentro de esa gloriosa quincena, o semana, que comento tuve la oportunidad de ver por televisión el sensacional triunfo del tenista peruano Luis Horna, que derrotó sin ambages y con agallas al niño mimado del tenis español, Juan Carlos Ferrero, y uno o dos días después al checo Pavel, mereciendo, sobre todo por el partido que le jugó al español, los comentarios favorables de los especialistas que transmitían el partido. Lamentablemente perdió luego, y fue eliminado del Masters Series de tenis, ante el ruso Marat Safin, que fue el vencedor final del torneo. Pero, aparte del entusiasmo que me produjo su merecido triunfo con Ferrero, lo que me llamó poderosamente la atención fueron sus declaraciones a la prensa especializada, en las que, me parece, se pasó de vueltas subiéndose al tren facilón de los detractores del gobierno peruano, al que acusó de no hacer nada por el deporte, reprochando a Toledo, inclusive, el haber invitado a comer al Cienciano y nada más. Me pregunto si este buen tenista pero lamentable aficionado a la política habrá escuchado alguna vez a Andre Agassi quejarse del gobierno de su país por su falta de apoyo al tenis.. Porque, para que sepa Horna, el gobierno norteamericano -cuna de campeones-, encabezado por Bush o Clinton o quien sea, no ayuda, lo que se dice ayudar, a ningún deportista ni a ningún deporte, que en ese país bailan con su propio pañuelo (¡y qué bien que bailan, Dios mío!). Además, Horna practica el tenis, que es probablemente uno de los deportes más socorridos del mundo (el Masters tenía premios por 2.425.500 euros, es decir casi 3 millones de dólares). Un deportista que practica un deporte tan abastecido por proveedores y patrocinadores no tiene por qué esperar nada de un Estado que vive en permanente necesidad y carestía. ¡Faltaba más! ¡Que vaya a pedirle a Nike!
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