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Edición Nº 1847 |
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Portada
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PUNO
A Jacinto Mamani Yujra (38) el licor ya lo había obnubilado por completo cuando uno de los guardianes del night club "Mina de Oro", en Juliaca, Puno, lo agarró de las solapas y lo sacó a patada limpia del local. Ya en la calle, el impetuoso Mamani intentó ingresar de nuevo al recinto pero fue repelido otra vez por el mismo guardián, con un empujón que resultó fatal. Pedir a la mala un vuelto de cien soles por las cervezas que había consumido en el local, le salió caro. Ni bien su cuerpo impactó en el asfalto de la pista, un camión cisterna lo arrolló, destrozándole el cráneo. La muerte fue instantánea. Eran las 5:30 de la mañana del 1 de noviembre último y Juliaca anticipaba el día de los muertos con su primera incorporación al gremio. El pandemónium desatado posteriormente en la ciudad con la quema de quince discotecas, teniendo como móvil la muerte del infeliz borrachín, cerró un mes en el que la violencia se volvió a apoderar de la región: primero fue el linchamiento de un hombre en la provincia de Azángaro, acusado de robo; y luego la toma de la hidroeléctrica de San Gabán por parte de mil quinientos cocaleros que rechazaban la erradicación forzosa planteada por DEVIDA, con el resultado de 3 muertos y más de veinte heridos. La ola de violencia desaforada perpetrada en Juliaca el domingo pasado dejó como saldo un muerto y 19 detenidos, cinco de ellos menores de edad. Sostener que el desmadre provocado por casi dos mil personas, a raíz de la muerte de un comerciante ebrio, es un hecho "de corte policial" y de "coyuntura municipal", como algunas voces del gobierno han intentado esbozar a manera de paño frío, es ejecutar una mala lectura de lo que subyace en la epidermis de la población altiplánica, si no en la de todo el país. Desde los hechos de Ilave, el profundo cisma entre la autoridad y la población quedó expuesto en toda su magnitud en Puno. Una señora interrogada en Juliaca al día siguiente de los hechos del domingo lo define mejor que nadie: "La población aplicó su propia justicia porque las autoridades no investigan ni dan con los responsables de tanto abuso y desgobierno". CIUDAD DE FUEGO Esta vez no fueron los cocaleros o los campesinos de comunidades aledañas al ya famoso Ilave. Luego de que el cisterna triturara la cabeza de Mamani Yujra, los transeúntes y los parroquianos de la avenida Circunvalación, en el barrio de Túpac Amaru -lugar donde se concentra la mayor cantidad de discotecas que no tienen licencia municipal, a sólo cuadras del mercado central, emporio del contrabando- intentaron agarrar al guardián, quien rápidamente se puso a buen recaudo. Cerradas las puertas del "Mina de Oro", a los imprevistos justicieros, macerados en alcohol, no les quedó otra que recurrir a las piedras mientras más gente se sumaba al vendaval. Terminaron por saquear e incendiar la discoteca y emprenderla contra otros establecimientos, entre ellos, uno que llevaba el alegórico nombre de "Congreso". Sin duda, el desmán se vio favorecido por el escuálido contingente policial de 10 efectivos que se encontraba ese fin de semana supervisando el orden en una ciudad que supera los 300 mil habitantes. El grueso del personal, alrededor de 140 policías, estaba en San Gabán protegiendo la central Hidroeléctrica. A las diez de la mañana del lunes la situación fue controlada a medias gracias a 50 efectivos policiales provenientes de Puno que llegaron precedidos por el portatropa Kaspir, el mismo que fuera utilizado en los desmanes de mayo en Ilave. A pesar de las bombas lacrimógenas y de atrapar a algunos sospechosos de vandalismo, el caos se prolongó hasta la medianoche en toda la ciudad. El cadáver del malogrado Mamani fue recogido recién al mediodía. El alcalde de Juliaca, Miguel Ramos, no pudo ser más fino. "No justifico plenamente la acción de los pobladores, porque nadie se mete en la mente de nadie, pero los propietarios de los night club se han ganado esta respuesta de la población. Fue una actitud lógica", dijo. En Juliaca, la coexistencia de estos locales con el resto de la comunidad era insostenible. Acusados de evadir impuestos, y de malograr el ornato de la ciudad, se negaban a ser clausurados presentando recursos de amparo ante el Poder Judicial. Cualquier motivo iba a servir de buen pretexto para un enfrentamiento y este se produjo. En toda la ciudad existen ochenta establecimientos. EL CONCERTADOR Demostrando buen sentido de la oportunidad, el Apra agarró la bola como vino y presentó un pedido de interpelación contra el premier Carlos Ferrero para que explique lo sucedido el último mes en Puno y en otras zonas del país que se encuentran convulsionadas, como Yurimaguas. De taquito, solicitaron la presentación del ministro de Transportes, José Ortiz, para que detalle los pormenores de la actual crisis aerocomercial y del alza de combustibles. Aunque la iniciativa no ha generado el entusiasmo furibundo de otros tiempos, el Apra presentó el miércoles la moción de la interpelación con un respaldo de 39 votos -entre ellos, los de toda la bancada de Perú Ahora-, suficientes para que el pedido sea aprobado en el pleno. De aprobarse la medida, el panorama político asoma interesante teniendo a Ferrero como figura central. El único fuera de enfoque es el ministro del Interior, Javier Reátegui. Por motivos personales, se encontraba fuera del país cuando los sucesos de Juliaca, pero no por ello su sector esta exento de responsabilidad. (Carlos Hidalgo)
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