|
Edición Nº 1847 |
| ||||||||||
| | |||||||||||
|
Portada
|
UNA fiestaza, eso fue el Día de la Canción Criolla que se realizó el 29 del mes pasado en la capital de España, en el que los numerosos asistentes pertenecientes a la colectividad peruana gozaron no como chinos sino como verdaderos criollos, animados por la voz de Lucy Avilés, acompañada por la voz y la guitarra de Willy Terry y el cajón de un verdadero maestro, Alfredo Segovia, y luego por esa gran animadora de las veladas que organiza la embajada del Perú, Mariella Köhn, y su grupo. El público festejó como se debe, bailando en el anteproscenio y en los pasillos, coreando, cómo no, todas las canciones, entre las que no pudieron faltar, por cierto, "Todos vuelven", "El plebeyo", "La flor de la canela", "Muñeca rota" y otras tantas que hicieron alegre además de nostálgica la noche, que fue continuada luego por muchos en algunos de los restaurantes peruanos que hay en Madrid. Entre otras, una empresa peruana, Backus, hizo posible la celebración. Y este no es un comercial, sino sólo un agradecimiento. El Señor de los Milagros también estuvo presente en Madrid, en octubre como corresponde, con una, dos, tres o quizá hasta cuatro procesiones organizadas por otras tantas Hermandades que coexisten en Madrid. Los peruanos emigrantes, reunidos en cada una de ellas, siguieron con devoción a la venerada imagen. Como quien escribe es felizmente agnóstico -y prosaicamente sufre de la columna, por lo que no puede cargar el anda- no estuvo en ninguna de ellas. A veces la falta de devoción ayuda. En cambio el embajador, que además es un político, sí estuvo en todas. Un hombro dolorido se lo recuerda. El cargo obliga. No sé qué pensar acerca del procurador ad hoc Luis Vargas Valdivia. Creyendo en su honestidad, tengo la sospecha sin embargo de que le gusta más hacer declaraciones a la prensa que los propios resultados de su gestión. No sé si él los sugiere, pero todos los días aparece en titulares. No sé qué pasa pero últimamente los periódicos usuales, o los programas de televisión que no veo ni escucho, parecieran no tener tema, porque al menos el de Toledo da la impresión de habérseles agotado. ¡Qué pasa, Dios mío!, ¿se les acabó la imaginación? ¿O el público ya se cansó? Almorzar cualquier día en un café, una chinganita con barra o en un restaurante madrileño, es un regocijo y un aprendizaje. Esos cafés, esas chinganitas que las llamo (por el precio del menú), esos restaurantes, son un fiel retrato de la sociedad jovial, amiguera, que existe en este país, a la que nada la cohibe cuando es hora de cortar el día por segunda o tercera vez. España está allí presente, pero no sólo en Madrid sino en toda la nación, en Sevilla, Córdoba, Barcelona, Calatayud, donde sea: la hora de comer, como la llaman, o sea almorzar, es un rito sagrado que ni siquiera los buenos sitios de bocadillos o sánguches, o los temibles macdonalds pueden opacar. El almuerzo es un jolgorio que deben envidiar -o rechazar con desdén- los suizos, por ejemplo, que mientras almuerzan tan sólo abren la boca para tomar un bocado. Aquí todas son risas, discusiones, alzadas de voz. ¡Esto es España, señores, a la hora del almuerzo! Pero nada es perfecto, porque aunque aquí las tradiciones están enraizadas y son firmes, la invasión de los extraterrestres empieza a ganar terreno. Por ejemplo el juego -divertimento- ¿qué será?, en cuya adopción los limeños somos precursores: el ¡Halloween!, que gracias al cine y el merchandising empieza a introducirse en España, en Madrid en particular. Al punto que El País le dedica un titular en su sección capitalina: Halloween arraiga con fuerza en Madrid. Es que la plaga avanza impulsada por la cultura (¿) norteamericana, que se infiltra y que viene a ser como el sida de las costumbres. La tradicional fiesta anglosajona se celebra cada vez más en la región, subtitula el diario español. Y es así. Lo que no lograrán jamás aquí es que los niños pobres salgan a la calle a mendigar al grito de ¡Jálouin!, como en Lima. Eso debemos patentarlo. ¡Es nuestro! Mario Vargas Llosa, que es un trabajador incansable, habrá presentado ayer, miércoles 3 (lo digo por adelantado), su nuevo libro, "Víctor Hugo, La tentación de lo imposible", que es un trabajo seguramente exhaustivo sobre la gran figura pública y literaria francesa. Será en la Casa de América. Allí estaremos (o estuvimos). Y temprano, porque su nombre jala al gran público. Osama Bin Laden está por Bush. Sus oportunas declaraciones amenazadoras deben haber conducido a la sociedad norteamericana a los brazos del sheriff para que la defienda. Pero: preguntémonos ¿es que el mundo está ahora mejor o peor que antes de Bush?
| ||||||||||
|
| |||||||||||