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Edición Nº 1848 |
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Portada
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Por
LORENA TUDELA LOVEDAY Pucha, Comisión Periodística Hija, al día siguiente me tenías en la cola de los periodistas en esa base, pucha, vestida como se visten las reporteritas, ¿ya?, bluyín a la cadera con ombligo al aire, chompa de alpaca que huele a alpaca y rulitos en el cerquillo, esperando para entrar, dispuesta a informar en directo con ese estilacho de reportaje de Panorama que consiste en subir y bajar los tonos de voz, acentuando con agudos expresiones como "la prensa acreditada carecíamos del líquido elemento y el café que nos dieron ni siquiera contenía el dulce producto", no te puedes imaginar qué sacrificada se tiene que volver una a veces. Bueno, para no diferenciarme demasiado de mis colegas, me puse primero a escucharlos ahí en la cola y luego a hablar igualito, no fuera a ser que después me vinieran a gorrear cigarros, yo sé que tú me entiendes. Uno me preguntó, "oe, ¿de qué medio eres?", "de La Chuchi, causita", le contesté para sacármelo de encima. Bueno, ese mismo coleguita yo no sé qué fotos tomaría más tarde porque durante el juicio, ahí en la sala de prensa, no hizo sino frotarse conmigo como un galgo con pulgas, hija, mientras todos los demás nos esforzábamos horrores en cumplir con nuestra misión profesional y nuestro compromiso con la verdad, no sabes. Le tocábamos el vidrio a los terrucos, les enseñábamos billetes a ver si se animaban a posar, les hacíamos trolas con los dedos para picarlos, les gritábamos lisuras que yo creía que no existían, hasta marihuana les ofreció otro colega, sobre todo a la Margie Clavo que dicen que en las noches se fuma sus tronchos y se pone a desfilar por la celda con una hoz y un martillo de papel cometa en las manos, cantando la biografía del camarada Gonzalo, ¿te imaginas la faena? Adentro de la salita de periodistas se respiraba una libertad de prensa regia, hija, junto con la sobaquina de varios y varias de los colegas, que me parece que ese día no habían pasado por agua pero nos sentíamos tan bien que por ahí alguien se animó a sacar una chata de ron y unos cigarros que en ese momento me encantaron hasta que después uno me dijo, "choche, suelta el pay que no es rata", cosa que hasta ahora no entiendo muy bien, aunque de intuirlo, lo intuyo, ¿no es cierto? Para hacértela breve, todos los intentos del cuarto poder allí presente por llamar la atención de "la cúpula senderista", como dicen, como si esos carcamales fueran el techo de una iglesia, resultaron vanos, y los muchachos se comenzaron a desesperar. Hasta que, hija, yo que estaba de lo más incómoda, me levanté para estirarme y me acerqué al vidrio. No sabes, ni bien Abi me vio, se paró, volteó y en apariencia hizo el saludo maoísta que has visto en la televisión y en las primeras planas de los periódicos; y digo en apariencia porque lo que en verdad hacía el mañoso era enseñarme lo que ya tú sabes, hija, igual que esos monstruos que se paran en la esquina de los colegios de monjas a esperar niñas. Pucha, en ese momento yo hice real conciencia de que felizmente esos talibanes no tomaron el poder, porque de haber sido así yo hoy estaría formando parte del harem de Abi con la Iparraguirre de rival, y planteadas las cosas así, cómo te digo, ¡aaaaaaaaaaggggggg! De la que nos libramos, ¿no? Chau, chau. (Rafo León).
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