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Edición Nº 1848 |
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Portada
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GANÓ Bush, claro, gracias a varios factores: el primero la ausencia total de carisma y personalidad de su contendor, el gris John F. Kerry, casado morganáticamente con el ketchup Heinz, un guashi-guashi más de la política; el segundo: el contundente apoyo a su candidatura de, nada menos, Osama Bin Laden, quien con su mensaje amenazador lo robusteció de la misma forma que el horrendo atentado de Atocha, en Madrid, catapultó la candidatura de José Luis Rodríguez Zapatero; y tercero, la gigantesca campaña que le hicieron todos los buenos corazones filoizquierdistas de su país, encabezados por el gordo Michael Moore, y todos los antiamericanos del mundo unidos (¿jamás serán vencidos?). Esos tres factores contribuyeron al triunfo de George W. Bush, que nadie, ni él, imaginó fuese tan arrollador. ¿Y ahora, mamá, qué hacemos? La que ha sido asombrosa es la gigantesca cobertura de los medios de todo el mundo, que jamás en elección alguna -norteamericana o no- fue tan espectacular. En Madrid, desde días antes de celebrarse esos extraños comicios de mitad de semana, todos los diarios le dedicaron de 14 a 20 páginas informando al detalle sobre esta olimpiada de a dos que parecía convertirse en el suceso del nuevo siglo, más aún que la llegada a la Luna cuando ocurrió. Ganó Bush, sí, pero a muchos nos queda la impresión de que ha perdido la paz, aunque es claro que Kerry tampoco la representaba. ¿Es que en ese gran país no había nadie mejor que se le opusiese al candidato de la extrema derecha norteamericana? Lo positivo tal vez es el discurso de Bush a poco de conocerse su triunfo: fue un discurso mesurado y contemporizador, nada triunfalista como habíamos temido. Casi con el auspicio del Poder Judicial peruano, la cúpula terrorista de Sendero tuvo la satisfacción de hacer su show ante las cámaras, en imágenes que han dado la vuelta al mundo. Gozando de buena salud, esos criminales se dieron el lujo de alzar el puño desafiante, demostrando ante el país que su actitud sigue siendo la misma, que no se han arrepentido de nada. Felizmente que lo han hecho, con auspicio o complicidad, digo, del poder judicial, porque así a nadie le cabrá la menor duda. Lamentablemente no se llevó allí a los deudos de sus víctimas -que deberían formar parte de la acusación- a quienes habría que haber invitado a fin de que escupieran en la cara a esos criminales. Se ha creado el Patronato Cultural Metropolitano (nombre que parece en parte calcado del Patronato Cultural IPSS que creó quien suscribe allá por 1994), y eso constituye una buena noticia, porque su intención parece ser la de dedicarse a la reconstrucción del Teatro Municipal y darle un espacio a la cultura en el Centro Histórico de Lima. Pero el comentarista de un diario se equivoca al decir que la cultura que genere constituirá un foco de atracción turística porque, pregunta como si los turistas viajaran a esas ciudades para meterse en un teatro, ¿qué creen que hacen los turistas que van a Florencia, Venecia, Roma, París, Londres, Nueva York, Madrid y demás ciudades? Vamos, compadre, esas comparaciones son odiosas. Mejor busquen otras motivaciones para reconstruir el Teatro Municipal. Que las hay, claro. Porque los turistas no van a llegar al Perú para ir a ver en el Municipal al Ballet de Lucy Telge, por bueno que sea o pudiera llegar a ser. Creo haber sido el primero en denunciar, hace algunos años, la decisión de las AFPs de colocar en el extranjero parte de las inversiones a las que están obligadas. Me parecía entonces abominable que empresas de un país carente de capitales de inversión sacasen dinero del país para engordar a empresas en el extranjero. Mi discurso, pues, era patriótico y nacionalista y, pese a eso, parecía sensato. Hasta que alguien me explicó que quienes en verdad interesaban eran, y son, los verdaderos dueños del dinero, es decir aquellos que necesitan que éste genere una utilidad suficiente para garantizar las pensiones que esperan recibir. Es decir que se coloque su dinero en donde sea más rentable. Creo que de eso se trata, por lo que toda discusión al respecto está demás. Ya sé que parece abominable y antipatriótico hacer inversiones en el extranjero cuando tanta falta hacen en este país (además de que habrá que cuidarse en no hacerlas en empresas como Enron). Porque ¿quién importa más, al fin de cuentas, los pensionistas y sus pensiones o el principio nacionalista y patriótico de invertir sólo en el Perú? Si usted está afiliado a una AFP ¿le han preguntado alguna vez su parecer? Que no opinen los políticos, que lo hagan los afiliados a las AFPs.
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