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ARTICULO 25 de noviembre de 2004
Paginas 70 y 71 de la edición impresa.

Por la espalda pasa el toro Estética temeraria de Sebastián Castella, nuevamente candidato de fuerza al Escapulario. Der.: Matías Tejela debutó ganoso como matador clásico y con hondura de la buena. Debut con oreja.

Dos Toreros con Ganas
Uno mental, el otro emotivo. Sebastián Castella y Matías Tejela cortaron orejas y salvaron la cuarta de abono al alimón.

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Por el MARQUES DE VALERO DE PALMA

CORRIDA de toros, para entendernos, ni buena ni mala sino todo lo contrario. No fue un corridón como el del 7 de noviembre pasado o la variedad lúdica de la novillada de apertura de la temporada, pero gracias a dos toreros que salieron a la arena a por todas, tuvimos dos toros finales, quinto y sexto, en que nos divertimos. Y también algo importante, muy importante que destacar: los toros colombianos de Bernardo Caicedo tuvieron una presencia absolutamente extraordinaria, bien armados, bonitos de tipo, de diferentes pelajes, con cara y canastas y que, en conjunto y estéticamente hablando, constituyeron una de las corridas más parejas y bonitas que se han visto en Acho en muchísimos años. Que dieran buen juego es otra historia. Y es otra historia porque los tres primeros no tuvieron nobleza clara, se quedaban, tardeaban y tenían poco recorrido y los toreros triunfadores siempre fueron mucho más que ellos. El cuarto, segundo de El Cid, fue un auténtico infierno al que habría que definir teológicamente como "un conjunto de males sin mezcla de bien alguno". El quinto y sexto se dejaron torear porque tanto Castella como Tejela dieron el do de pecho y se rompieron el alma para sacarles faena, cosa que hicieron en un derroche de ganas, valor y suficiencia taurina. Lo dicho: muy por encima de sus toros.

El Cid se presentó en Acho con más pena que gloria. Venía con la aureola de haber toreado, y bien, en España toros de ganaderías de mucho compromiso, presencia y alto voltaje como, por ejemplo, los de Vitorino Martín. También se sabía que su pecado original era perder triunfos con la espada. A su primer toro lo recibió con verónicas gustándose y no se confió con la muleta porque el toro se quedaba y embestía colándose y sin entrar por derecho. A ese toro había que torearle muchísimo y en las cercanías y El Cid no tenía el cuerpo ni el deseo ni las ganas de fajarse dominándolo previamente. Así que lo trasteó con cierta decencia y entonó un recital de espadazos mal dados que provocaron justificadamente los pitos del respetable. Hasta ahí El Cid mal y el público bien, ese público de los tendidos de sol que se hace notar demasiado, vociferante y "achelado" y que a veces tiene razón.

 
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Fulminante estocada de Matías Tejela al sexto de la tarde. Solidez con la espada.

Pero salió el cuarto, el hijo de Lucifer, que, como he dicho, era una transcripción del infierno como "un conjunto de males sin mezcla de bien alguno", un perfecto hijo de puta (con el perdón de mis lectores), del que lógicamente El Cid se inhibe con la capa y al que recibe con la muleta de la única forma posible y hacedera existente: con doblones y brega previa de la mejor ley. Perfecto. Así, toreándolo por pies, se empieza una faena para intentar ahormar y dominar a un toro de estas características. Esa brega debió durar más para llegar a ponerlo en franquicia de poder torearlo. Pero duró muy poco. Porque un achelado o envinado vociferante gritó la tontería más grande que he oído en Acho en mucho tiempo: "¡Párate!" e inmediatamente otros achelados corifeos empezaron a armar follón. "¡Párate!". Y, me pregunto yo: ¿Cómo se podía parar? Si se para va a la enfermería. La presión de los estrábicos fue grande y el torero, anímicamente roto, se entregó a la fatalidad capidisminuida de no querer hacer nada más. Y como el toro estaba sin componer y se colaba, buscaba y entraba con la cara arriba, el torero lo mató y quedó en Acho retratado como un miedoso de tomo y lomo. La verdad es que se inhibió. La verdad es que lo forzaron a inhibirse. Fracaso en Acho. Oreja del torero para los acheladitos.

 

Sebastián Castella y Matías Tejela estuvieron toda la tarde en toreros entregados. Estilos diferentes. Diferentes formas de concebir el buen toreo. Sebastián Castella tiene una doble faceta maravillosa para triunfar: es "dulce", extremadamente "dulce" en su forma de torear y tiene más "aguante" que ningún otro torero en la actualidad. Matías Tejela es "clásico", extremadamente "clásico" y tiene hondura de la buena. Castella tiene la tendencia de empezar sus faenas con pases de aguante sumo y efecto como, por ejemplo, los cambiados por la espalda, buscar la distancia canónica para efectuar los dos pases (derechazos y naturales) y el remate del de pecho de cabeza a rabo, hacerse con el toro, mandándolo y acortar entonces distancias para, con temple sumo enroscárselo y sacarle los últimos pases, toreando en la cara del toro. Tejela busca el clasicismo para hacerse con el toro en las distancias canónicas sin acortarlas nunca. Ahí se queda. Ahí manda. Ahí tiempla. Ahí para y ahí ahonda. Y ahí también carga la suerte. Castella no carga tanto la suerte. Su objetivo es el temple y por eso es torero "dulce". Tejela ahonda más, pero su temple, aunque enorme en algún que otro pase, se basa en el mando y en colocar al toro en jurisdicción para enlazar el pase siguiente. Ambos son valientes. Tejela es un valiente mental y constructivo y Castella un valiente visceral y emotivo. El uno se queda ahí, mandando en su distancia (la del torero), aunque también recurra al toreo en corto cuando el toro tiene medio pase y el otro acaba comiéndose al toro metiéndose en su distancia (la del toro). El uno pisa terrenos clásicos y el otro acaba pisando terrenos inverosímiles. Disímiles, pero dos grandes toreros. Lo mejor de la nueva generación, con permiso de Perera. Toreros que empujan. Toreros que van. Toreros que se sienten.

Los dos hicieron buenas faenas en sus dos primeros toros, difíciles y a contraestilo, perdiendo la oreja de su primero Castella por un pinchazo y una estocada defectuosa. Es más seguro matando Tejela, que arreó en ambos toros dos estocadones inmensos, después de pinchar en su segundo.

Finiquitaron la tarde en los dos últimos toros con sendas y bonitas faenas propias del sentido del toreo que ambos tienen. Se llevó cada uno una oreja. Nos divirtieron. Pero para mí, si tengo que escoger entre una de las dos faenas me quedo con la de Castella, por su temple y emotividad y por sacar pases en la cara del toro haciendo el péndulo con un valor inmenso. Y lo del péndulo, aún siendo emotivo, es lo de menos, lo de más es que después de este encimismo sacara, de no se sabe dónde, circulares sumamente templados. Tejela coronó su faena con un trasteo por bajo, torerísimo y de la mejor nota. ¡Olé!

 

 


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