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Muralla
de Encuestas POCAS veces la receta del éxito político ha venido en términos tan simples como en el caso de la sorprendente popularidad del alcalde de Lima, Luis Castañeda Lossio. Escaleras en zonas periféricas, un parque con los restos de la muralla limeña del siglo XVI y corredores viales son los bastiones de la popularidad del burgomaestre capitalino, que es el funcionario público elegido de mayor aprobación ciudadana, con porcentajes arriba del 70 %. La predilección ciudadana por los funcionarios dinámicos, que favorecen las obras por encima de las palabras, calza muy bien con la imagen proyectada por Castañeda. Hábilmente, el alcalde limeño ha eludido temas conflictivos de la agenda metropolitana, como el de la seguridad ciudadana más allá del serenazgo, y del establishment político habituado a las denuncias grandilocuentes y las promesas fáciles. Esto último se ve facilitado por el hecho de que no se le identifica con la impredecible Unidad Nacional, a pesar de que su agrupación Solidaridad Nacional integra la alianza. La novedad de las últimas encuestas de Idice y CPI, del 26 y 30 de noviembre, respectivamente, es que Castañeda ha dado un salto para ubicarse entre los cuatro primeros candidatos a ser elegidos "si las elecciones fueran mañana", desplazando por primera vez a Lourdes Flores, principal carta presidencial de Unidad Nacional, al menos de la boca para afuera. A menos de año y medio para las elecciones generales del 2006, puede decirse que falta mucho o poco, dependiendo del candidato que se trate. En el caso, del alcalde Castañeda viene a la memoria el caso de su predecesor, Alberto Andrade, quien pudo traspasar sus altos porcentajes de aprobación en el concejo provincial a las expectativas presidenciales, encabezando por varios meses las encuestas hasta que fue derribado por la campaña mediática de la mafia fujimontesinista. Hoy no existe un poder equivalente, pero siempre hay recursos a mano para golpear a un puntero que descuella. Que siga subiendo en las encuestas Castañeda y verá como empieza el escrutinio de sus peldaños, de las piedras de su muralla y, quizás, hasta de sus licitaciones. Por el contrario, el tiempo parece acortárseles a quienes llevan casi tres años apareciendo en las encuestas para el 2006. Lourdes Flores no ha logrado desprenderse del membrete de "ex candidata que no llegó a la segunda vuelta", y a pesar de sus permanentes viajes por el país no logra despegar entre las preferencias ciudadanas. Poco la ayuda en ese cometido que el espacio público de Unidad Nacional aparezca copado crecientemente por los congresistas Barba y Rey, quienes parecen haber salido definitivamente del closet político para asumirse como aprovechados peones del fujimorismo. En el caso de Alan García, hay una leve recuperación del bajón en su popularidad, producido por el desgaste de su imagen de presidente en la sombra, en medio de señales contradictorias acerca del espacio social en el que buscaba ubicar a su partido (CARETAS 1840). Ahora, García está dosificando mejor sus apariciones públicas, cuidándose de los embates del antiaprismo mediático y, para mantenerse en forma, cometiendo gaffes evitables como convocar sin éxito a Fujimori para un innecesario frente antiterrorista. Por último, la aprobación presidencial volvió a descender luego de recuperarse tras los convulsionados días de Fiestas Patrias. Particularmente dolorosa debe haber sido para el primer mandatario la mínima aprobación que registra en la sierra sur y central donde, a duras apenas, sobrepasa el 5 % según CPI.
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