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Perú
Parió un Torero
Por el MARQUES
DE VALERO DE PALMA NUESTRO gozo en un pozo. Lo que sobre el papel apuntaba como un corridón histórico, que pudo darse, ha quedado al final de cuentas en la primera corrida de esta Feria en que no se han cortado orejas. Sin trofeos. Pero hay que señalar, antes que todo y que nada, que el nuevo toricantano Juan Carlos Cubas, si acierta con la espada en el último toro de la tarde, hubiese cortado dos orejas con su salida a hombros de rigor y ahora estaríamos hablando de la corrida del triunfo de Cubas. Pero no fue así. La tarde se torció. Finito de Córdoba se reservó bastante, cosa consustancial en él, y Javier Conde pegó el petardo, cosa también consustancial con él, ya que es torero muy difícil de ver ya que destapa el tarro de sus esencias en muy escasas ocasiones. Es como ese perfume carísimo que tienen las señoras en su budoir y que se lo ponen en ambas orejas humedeciéndolas tenuemente con la tapadera del pomo para noches de gala y muy de cuando en cuando. La alternativa de Cubas, aparte de la connotación de evento histórico (estamos hablando de un torero peruano que está toreando mejor que ningún otro compatriota suyo en la historia) venía pintiparada para encarrilar las posibilidades de un corridón absolutamente fantástico. Por lo que el muchacho empuja y lleva dentro y por la calidad intrínseca de sus oponentes. Y venía pintiparada porque él, al tomar la alternativa y recoger los trastos de manos de Finito de Córdoba, con Conde como testigo, pasaba a torear el primer toro de la tarde. Si él hubiese roto la plaza con un faenón a su primer toro, hubiese obligado a los otros a hacer mucho más de lo que hicieron. Pero no sucedió así. Acho. La alternativa. El evento. El emotivo brindis a su padre, con las caras pegadas y los ojos húmedos de ambos. La expectación despertada. La trascendencia del momento. La floración de nervios internos. Nerviosismo total que el muchacho no pudo controlar. Nervios. Nervios. Nervios. Y la faena se le fue a pique porque para templar se necesita gran concentración, control de nervios (y éste, lógicamente, no fue el caso) y le salieron sucios más del cincuenta por ciento de los pases ya que los cuernos del toro tocaban siempre la franela. Estocada con muerte lenta del toro. En su haber unas ceñidísimas chicuelinas.
A Javier Conde hay que verle veinte corridas y cuarenta toros para embelesarse con uno de esos faenones absolutamente creativos, de una estética nueva y prodigiosa con un mando impresionante. Pues no tuvimos suerte. Después de la abstención de Finito en su segundo toro dio una brevísima muestra de su calidad en unos doblones con la muleta al tercero de la tarde. Conde pegó su tradicional petardo en Acho. Se abstuvo. Sin comentarios. Cubas triunfó en su segundo toro. No fue una faena tan bien estructurada como su despedida de novillero. Pero dio los mejores naturales, larguísimos y templadísimos que hemos visto en Acho en mucho tiempo. Si un toricantano, novato, torea así con el pase más bello y fundamental que tiene la fiesta, indica que es torero total y puede llegar a ser figura. ¡Qué naturales Dios mío! ¡Qué larguísimos naturales! Lo demás, derechazos, de pecho, molinetes, circulares, aún siendo buenos, empalidecen ante la impresionante calidad de este gran, enorme torero que se estrenó como doctor este domingo pasado. Mató mal y perdió las orejas y un triunfo apoteósico que tenía en las manos. Los toros colombianos del Paraíso, no tan bien presentados como los también colombianos de la corrida anterior, dieron un juego muy irregular. Se dejó torear el cuarto, que acabo rajándose y sobre todo el sexto que le tocó a Cubas. El quinto había que lidiarlo, cosa imposible para Conde. Los tres primeros sacaron cosas feas. Pero todos los que estuvimos allí recordaremos siempre ese fantástico recital con la mano izquierda, la mano de la verdad taurina, y lo mantendremos en las retinas de nuestra memoria hasta que ésta se convierta en la energía volátil de la muerte.
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