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MAL MENOR
2 de diciembre de 2004

Por JAIME BEDOYA
Mi País no es Grecia

n

SIEMPRE y cuando no estén borrachos al momento de acostarse, algunos miles de jóvenes peruanos escuchan un mantra no solicitado antes de dormir: irse del país.

El mensaje preludia un abismo. No tanto: un pozo. Este es el último verano que no se sentirán viejos. De ahí en adelante la cerveza se calentará más rápido y el pelo quedará en el peine. Aparecerán las tardes de ecolalia donde promesas y anécdotas envejecen prematuramente. La frustración nacional, esa desconocida más alla del acné de fin de semana, llegará como compañera vernácula y estomacal. Calma: Es la vida adulta peruana recibiéndolos con la admonitoria alfombra roja de la gastritis. Se ven vendiendo hamburguesas tibias a los treinta años. Se ven tomando combi con una corbata turbia al cuello, recordando la de la prom y al cretino que se vuelve rico haciendo el ridículo en tv. Se ven durmiendo en la misma cama con hijos por los que no pueden cerrar los ojos sin ver flotando pañales, vacunas y doctores en trance de emitir boleta o factura. Bip, alguien manda un salvador mensaje de texto1. Pero sigue el show. Estampas de la vida futura con pe de patria. Solo el rumor del cuarto vecino -los viejos, hablando otra vez de lo que no hay- finalmente los arrulla, como cuando bebés.

Lo sé porque (creo) fui alguna vez joven. Y ahí estaba la advertencia, pegada al techo. Ándate. Siempre y cuando me acostara sobrio, estado que naturalmente buscaba evitar en la medida de lo posible.

No es culpa del país. Hermoso por donde se le vea. El desierto es sabio, poblado de fantasmas. Paracas ostentando la dolorosa belleza de su cráneos sonriendo al lado de las pampas de Nazca2. La selva, imponente manto donde el mundo aún es mundo si es que los santos óleos de la inversión extranjera lo permiten. El ande, castigada reserva de lo que fuimos y deberíamos seguir siendo en algún universo paralelo donde Larcomar no sea un Auschwitz paupérrimo3. Lima, ya no sé. El país aguanta todo con estoicismo histórico y paisajismo casi inagotable, por eso no se puede dejar ni aún yéndose. El país es la víctima. Los verdugos son los de siempre. Reencarnan y cobran, aprendiendo a sonreír diferente en cada elección.

Hay una teoría según la cual algunos tienen que irse para poder volver. De haberse quedado en el Perú, Tania Libertad, cantante peruana nacida en México, luego de haber sacado dos discos y vendido 42, conduciría hoy en día Superstar. Rating, 6 puntos el día que a la concursante de Moquegua se le vio el calzón como gran cosa.

Si no se iba, Jefferson Farfán, dos penales, ocho ampays y 700 cajas de cerveza después, en gesto ritual recibiría de manos del menguante goleador histórico del Alianza Lima la posta de la oportunidad perdida en sentida ceremonia al interior del Vip del Tumbao.

Juan Diego Flórez, por quien su familia vendió el auto para que pudiera aprovechar una beca en Filadelfia, seguiría cantando Unicornio Azul en Barranco frente a una lasaña tibia, odiando a Gianmarco por habérsele ocurrido antes pacharaquear Domitila de Rolando Laserie.

Y Hernando de Soto, de haberse quedado acá en perjuicio de su genialidad, estaría perdiendo el tiempo agrediendo gratuitamente a quienes lidiaron con el estropicio que dejó un régimen con el cual él colaboró con la mejor de las intenciones. Bueno, es exactamente lo que está haciendo ahora. Pero, no seamos mezquinos, lo hace con la bendición de varios premios internacionales en su haber.

Hay varias maneras de quedarse. Una de ellas es con miedo. Lo fácil que resulta lograr el reconocimiento en estas tierras despierta el temor del anonimato en el extranjero. Los que se quedan con miedo se juntan entre ellos. Los más cultos se inventan círculos autoabastecidos que los llevan de coctel en coctel, membresía que se adquiere al cabo de una serie determinada de loas recíprocas y fotos de rigor. Los de menor conversación recurren a un legado medieval, la fortificación4. Quienes no pueden costearla retroceden unos cuantos siglos más en busca de inspiración al alcance de la mano: linchan.

Existen otras maneras de quedarse. Implica hablar con los muertos y tratar a las ciudades como gente, dando vivas bajo este cielo mortal. Implica aprender a adivinar el final de pesadillas ajenas, dinámica social en que se conoce gente en similar ejercicio de espiritismo sentimental. El método, además de adivinanza, reclama improvisación y serenidad5. Al cabo de cierta práctica, a la hora de acostarse lo único que se ve en el techo es una araña o falta de pintura. No hay recetas. Pobre del que precise de instrucciones para dormir en su país.

___________
1 oe,q planes? ladra.

2 " A ver si esos cojudos descifran esto".

3 En sus discotecas, cholísimas en términos limeños, no dejan entrar indios.

4 Desde aquí un saludo a la temporada veraniega Asia 2005. ¡Ahora con más Guachimanes!

5 Y Los Sopranos (sábados, 11 p.m., HBO)


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