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  2 de diciembre de 2004

Hechos unas Pascuas

JULIO es el mes de los balances políticos, diciembre el de los balances familiares. Contra lo que pudiera pensarse, en relación con años anteriores, pareciera que habrá un mayor consumo, la sensación que las cenas pascuales se regodearán más con cariñosas sorpresas de Papá Noel y que, en definitiva, sin que medie ninguna necesidad de aplaudir al sr. Presidente, el horizonte no será tan negro.

Noviembre ha cerrado en rojo en materia de adhesión al gobierno y ha liquidado, como si fuera leña seca y gastada, al gabinete -o más precisamente- a la figura de Carlos Ferrero. Pero nadie ha ganado con este balance mediocre y tristón como la pertinaz niebla que nos persiguió en noviembre. El descrédito y el poco entusiasmo recayeron sobre todas las figuras políticas por igual y, cosa curiosa, toda la clase política se inclinó por el silencio -ahora se ha puesto de moda el dicho "hacerse el muertito"- o por buscarse oportunidades en el exterior.

Nos ha atacado súbitamente un entusiasmo exportador que tiene su gran base en la agroexportación y en los dorados precios metalíferos, pero cuya traducción real todavía tiene que esperar algunas transformaciones internas que aún no se perfilan.

Si hubiera lógica en política, el Presidente Alejandro Toledo debió haber aumentado en la consideración pública aunque fuere unos puntitos piadosos tomando en cuenta que ha viajado, ha saludado a sus ya clásicos "amigos" (estaba tan ufano que parecía un republicano o, con la crueldad de un burlón, la versión masculina de Condoleezza Rice), se ha vigorizado con el verbo y el ejemplo de Ricardo Lagos y del colombiano Uribe, sin contar con otra pléyade de ilustres pensadores, economistas y empresarios que alaban su paciencia y su disciplina, cuando menos en el pago de la deuda. Pero nones, camarones. Ha seguido descendiendo en las encuestas, ha recogido más pifias y el país se le mueve por angas o mangas, diciéndole incluso esas obras ya se inauguraron.

¿Por qué los aplausos del exterior son pifias internas? ¿Es tan odioso o peligroso el TLC? Quizá el defecto resida en la manera que tiene el Presidente Toledo de vender su producto. Ha dado a entender en todos los tonos que el TLC tiene que ir sí o sí, y en todos sus reflejos de política exterior no marca un tono distinguible, no digamos ni clamoroso ni estentóreo, que no sea el de un seguidismo amiguero, acollerado, de patita igualao. El Perú está es un momento importante en la proyección internacional pero lamentablemente no tiene al líder que lo encarne y que les permita pensar a los observadores externos: vamos por buen camino con un presidente que no duda, que no es camaleónico, que no está fijándose en superficialidades o cortoplacismos.

Diciembre suele ser un mes muerto en política; sin embargo hay todavía algunos asuntos no resueltos: la reforma tributaria, las tarifas, las exigencias sobre las comisiones bancarias, las fusiones, las compras del Estado. Entre el empresariado y el gobierno hay un puente roto que tiene que solucionarse ya: empezar la reforma del Estado y la contracción del gasto, si como se alega en los discursos oficialistas, el próximo gobierno heredará las vacas gordas del gran sacrificio peruposibilista. Es improbable que Toledo pueda ser un rubicundo Santa Claus, pero podría seriamente remozar el gabinete -¿acaso la fuerza no la tiene PPK?- y comenzar a sentar las bases de la reforma del Estado, que es la condición subyacente del tan ansiado TLC, un instrumento que empezará por decirle al Perú, póngase en forma de una vez por todas. Sólo así los peruanos no nos quedaríamos este diciembre hechos unas pascuas.


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