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Del Cuento
a la Alameda TUVIERON que pasar 16 años desde la desaparición de la gran Chabuca Granda para que recién el 16 de enero de 1999 la ingrata capital decidiera rendirle un merecido tributo. Ese día la gente no cesaba de llegar al ex `Polvos Azules', del que ya no quedaba ni el polvo, para conocer la nueva alameda con la que el entonces alcalde Alberto Andrade prometía representar la lisura y belleza propias de la Lima que encandiló a una de las mejores compositoras de América Latina. Pese a la arquitectura elegida, que poco tiene que ver con las callecitas encendidas o las casonas con balcones señoriales a los que ella cantaba, el espíritu de la flor de la canela se reflejaba en la mixtura de aromas florales, las calesas, los cantantes criollos y los potajes limeños. Hoy no hay ni flores, ni artistas, ni seguridad, ni limpieza. Chabuca ha sido abandonada. "No hay ni una sola rosa o jazmín y ella les cantaba a las flores" dice Teresa Füller Granda, vivo retrato de su madre, y cuya memoria preserva desde hace 16 años con el programa `Déjame que te cuente', por Radio Telestereo. "Todo está descuidado, los ambulantes ensucian y ya ni siquiera se presentan cantantes criollos. Esto no lo merece una mujer que amó tanto al Perú". Teresa Füller no puede ocultar su desencanto mientras pasea por la alameda. Lo cierto es que no hay detalle alguno en la alameda que parezca prendado del espíritu de Chabuca. Solo la recuerdan los anticuchos, picarones y demás delicias típicas que se siguen preparando como antaño. El problema es que los robos al paso quitan el hambre. "El Serenazgo ya no vigila, la delincuencia ahuyenta a los turistas", comenta molesto un dulcero mientras Teresa Füller mira el río, cuya descontaminación estaba incluida en el proyecto inicial. ¿Cómo recuperar el espíritu de Chabuca en la alameda? "Además de la seguridad que es indispensable, falta mayor saborcito limeño, bancas más románticas y árboles que den sombra. Insisto en lo de las flores. En los muros vacíos podrían escribirse las letras de las canciones de mi madre para que todos las aprendan. Antes llegaban hasta aquí cantantes que daban alegría y promocionaban nuestra música. Y por último, tratándose de la `Alameda de Chabuca', ¿no debería haber al menos una escultura suya en tamaño natural?" La alameda no es ya un lugar por donde Chabuca pasearía enamorada y tal vez, en las condiciones actuales, una de sus mejores canciones hubiera sido imposible de escribir, pues sería difícil que `la flor de la canela' caminara airosa y derramando lisura sin que un grupo de pirañas le arrebatara la cartera en el viejo puente del río y la alameda. (M.B.)
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