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Chinochet
se Quedó sin Modelo ADMIRADORES del general Augusto José Ramón Pinochet Ugarte -tanto peruanos como Alberto Fujimori, europeos al estilo de Margaret Thatcher, norteamericanos mayormente del ala republicana y derechistas de diverso pelaje- siempre alegaron que, si bien el dictador chileno cometió crímenes de lesa humanidad durante sus 17 años en el poder, puso orden y fue un militar honesto. Ahora este último argumento en favor del modelo del tirano ha rodado por los suelos. Paradójicamente, las cuentas secretas de Pinochet se han hecho públicas gracias al Patriot Act, la controvertida `Ley Patriota' dictada por el presidente George W. Bush (otro posible admirador) a raíz del ataque terrorista del 11 de setiembre del 2001. La Ley Patriota, según sus críticos, puede atentar contra ciertos derechos fundamentales de los propios norteamericanos, pero obliga a nuevos rigores en el sistema bancario. Por eso, a partir de esa ley, la Oficina del Controlador de Dinero estadounidense redobló su vigilancia sobre cuentas reservadas y pidió información al banco Riggs, donde Pinochet tenía su dinero oculto. Carol Thompson, funcionaria del banco que viajaba continuamente a Santiago de Chile para dar cuenta a Pinochet del movimiento de sus depósitos, pidió entonces al general alguna justificación para ese dinero. Luego se dirigió al Ministerio de Defensa de Chile, y a partir de allí se han desencadenado revelaciones. Lo curioso es que Marco Antonio Pinochet, hijo del general, ha manifestado disgusto por el hecho de que su padre mantuviera cuentas secretas, declarando que el hecho es éticamente "reprochable", pero no constituye delito. Depende de lo que demuestren las investigaciones en Chile y en Estados Unidos. Por lo pronto, en Santiago un juez ha ordenado embargo de bienes de Pinochet por un valor de 4.2 millones de dólares. Por otro lado, el propio Marco Antonio es investigado por sus relaciones con el traficante de armas Yamal Bathich. Y este 8 de diciembre el diario madrileño El País ha publicado un informe bajo el título de "Pinochet obtuvo más dinero durante los años de los `grandes' asesinatos". "YO SOY CHINOCHET" La revelación de cuentas sucias y las nuevas pruebas sobre crímenes perversos y en gran escala contra los derechos humanos han hecho que hasta la hija mayor del ex dictador, Lucía Pinochet Hiriart, declare: "Se llegó a una barbarie que no tiene justificación". El estilo del militar chileno fue conocido el mismo día del golpe del 11 de setiembre de 1973, cuando la FACH bombardeó el propio palacio presidencial de su país, La Moneda, y los crímenes iniciales del régimen se hicieron públicos de inmediato. Después se fueron sumando versiones y episodios tenebrosos hasta entrados los años 80. Sin embargo, en abril de 1995, en el Hotel Crillón, Alberto Fujimori, recién reelegido presidente del Perú, no tuvo empacho en proclamar ante la prensa internacional: "Yo soy Chinochet". Habiendo felizmente sucumbido a esas alturas la mayor parte de la insurgencia terrorista, Fujimori apelaba al autoritarismo como proyección de su popularidad y trazaba un derrotero que, según un acápite del `Plan Verde', lo convertiría en una suerte de Diego Portales durante 20 años. El autoritarismo siempre ha tenido una cierta clientela en Latinoamérica. Basta recordar que una encuesta poco después del autogolpe de 1992 le dio un 81% de aprobación. Tampoco es desdeñable acotar que hoy las encuestas le anotan una ligera ventaja al ausente `Chinochet'. A él, por cierto, no se le han encontrado cuentas escondidas y quizá no las tenga, y la represión pinochetista contra la vida democrática y elementos no beligerantes fue mucho más radical y deliberada que aquí. Pero a todos conviene observar lo que está sucediendo en Chile con el personaje que durante un prolongado tiempo fuera para algunos una alternativa legítima en tiempos de emergencia. Emergencia, palabra que a menudo justifica abusos y atrocidades.
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