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El Otro
Lado de la Luna A 20 minutos del centro histórico de Trujillo, tomando un sendero de tierra asentada se atraviesa la campiña rumbo a las Huacas del Valle de Moche, complejo arqueológico y arquitectónico conformado por las Huacas del Sol y de la Luna. La primera no se encuentra habilitada para el tránsito turístico, pero la segunda se ha convertido en una de las mayores atracciones de la costa norte. El interés por este centro ceremonial se inició con una feliz casualidad. Corría el año '90 cuando en una de sus eventuales visitas, el restaurador Ricardo Morales se encontró con una colorida pieza donde se detectaban figuras en alto relieve. Esto lo sorprendió pues se creía que en la zona sólo existían vestigios iconográficos planos. Entonces, superado el asombro se preparó un expediente y se presentó
un proyecto de gestión a diversas instituciones. Con la colaboración
de la Fundación Ford, la Universidad Nacional de Trujillo y, desde
febrero del '92, la que ahora es la Fundación Backus, se iniciaron
los trabajos en mayo del '91. "Este proyecto nació de los escombros
- dice Morales- y sin ayuda del Estado, por eso es de resaltar el papel
de Backus que nos ha apoyado con casi el 50% de los 2 millones 500 mil
dólares que se han invertido en estos 13 años de trabajo".
Años en los que el equipo investigador dirigido por el propio Morales
y por el arqueólogo Santiago Uceda pasaron por momentos muy duros
-por ejemplo cuando se retiró la Ford en el '94, pasaron año
y medio sin sueldo-, pero que ahora ofrece un circuito turístico
que parte de un acogedor y práctico centro de visitantes -parqueo,
servicios higiénicos, cafetería-, nos lleva por el patio
de sacrificios (restos óseos de humanos dan cuenta de uno de los
rituales más importantes de los mochicas), el patio de los rombos
policromados (en sus paredes destaca Ai Apaec, la divinidad más
antigua de los moches, que nos recibe con su rostro felínico, dientes
entrecruzados, orejas globuladas, cejas prominentes, mirada fiera y cabello
marino), la terraza del altar mayor y la fachada principal (desde donde
se puede ver los seis pisos superpuestos del complejo, cada uno diferenciado
por imágenes de danzarines tomados de la mano, las arañas
decapitadoras, oficiantes con ofrendas de pescado, combates rituales y
otra vez Ai Apaec). Ante todo esto, sin embargo, una pregunta válida sería: ¿Qué valor cultural tiene este Complejo brillantemente dispuesto? Al respecto el arqueólogo Santiago Uceda, señala que les ha permitido comprender muchos aspectos de sus manifestaciones religiosas, ideológicas, arquitectónicas, escultóricas, iconográficas e hidráulicas, pues ambas huacas tuvieron una gran preponderancia entre los siglos I y VIII d. C, época de auge de esta cultura. Además, finaliza Uceda, "es el gran eslabón en el desarrollo social y tecnológico de las grandes civilizaciones posteriores. Si los griegos fueron el origen de la civilización occidental, para mí los moches son el origen de la civilización peruana".
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