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Humala
Mansito se Entregó COMO nunca antes, en los calabozos del piso ocho del edificio de la Dirección de Investigación Criminal (Dirincri), ubicada en la avenida España, no cabe ni un alfiler. -No hay sitio para más reservistas -dijo un oficial de la Policía a CARETAS. Al cierre de la presente edición, 187 integrantes del movimiento etnocacerista Ollanta, esa suerte de menjurje fascista que ha copiado con aprontes chicha los postulados de Hitler y Mussolini, habían sido trasladados desde Andahuaylas a Lima. 70 de ellos ocupan hoy todas las celdas disponibles de la Dirincri y el resto ha sido trasladado al edificio de la Prefectura. Por el contrario, el piso 12 de la Dirincri, donde se encuentra la División de Terrorismo Regional, alberga sólo a un detenido de particular relevancia: el mayor en retiro EP Antauro Humala Tasso. Según versiones confiables de inteligencia policial, Humala se ha mostrado parco en sus primeras declaraciones. Los agentes de la Dircote a su cargo le han brindado un trato "especial", como parte de una estrategia que busca el reconocimiento de su responsabilidad en los sucesos de Andahuaylas. En ese plan adquieren cierta relevancia los recientes exámenes psicológicos practicados al mayor EP, que revelan una personalidad imperiosa, pero que cede en situaciones de presión. -En un inicio, Humala se negó a probar alimento. Sólo aceptaba la comida que le traían sus familiares, pero ahora se muestra colaborador -contó un investigador. Oficialmente su interrogatorio empezó el lunes 10, pero Humala ya había brindado ciertas confesiones ante los oficiales de la Dircote. El viernes 7, por ejemplo, se lavó las manos y atribuyó la muerte de los cuatro policías en el viejo puente Colonial de Andahuaylas a su lugarteniente y ex jefe de seguridad, Jorge Villalba Toyama. -Él era responsable de las acciones militares del destacamento reservista -dijo Humala. Desde su celda en la Prefectura, Villalba Toyama no ocultó su rabia al enterarse de esta versión. Habría dicho que Humala le ordenó repeler a todas las personas. Durante el interrogatorio Humala ha negado cualquier vínculo con el narcotráfico y sostiene que su acción armada no buscaba muertos, sólo ejercer "presión política contra el gobierno". Asegura que la situación se le escapó de las manos.
Un informe policial indica que Humala explotó también el descontento reinante en la población de Andahuaylas contra el gobierno actual (paralización de obras importantes como la ampliación del aeropuerto y reparación de la carretera) con el objetivo de "capitalizar la coyuntura política en su favor". Lo cierto es que el 30 de diciembre, un grupo de reservistas que superaba la centena ya estaba en la ciudad. Al día siguiente, llegaron Humala, el lugarteniente Villalba, el abogado Fernando Bobbio y otro conferencista de apellido Ramos. Los tres últimos aseguran que no sabían de las pretensiones violentistas del mayor en retiro. Un documento de inteligencia del Ejército indica que el primer objetivo de Humala era tomar el cuartel de ingeniería de Andahuaylas. La unidad militar, sin embargo, estaba resguardada fuertemente por motivos de las fiestas de fin de año. Entonces, la comisaría apareció como blanco alternativo. En realidad, se trataba de una División Regional de la PNP que
tenía a su cargo seis comisarías de la zona y, por ello,
contaba con un arsenal importante. LA ENTREGA SECRETA La noticia dio la vuelta al mundo en medio de la resaca festiva. Después, el domingo 2, un pelotón de reservistas encabezado por Jorge Villalba emboscó a una patrulla del Escuadrón Verde de la PNP que había arribado para reforzar la seguridad en la población. Los reservistas habrían confundido a los agentes con Comandos del Ejército. Cuatro de los efectivos fueron muertos a tiros y uno rematado en el suelo. El asesino está prófugo (ver foto). Al día siguiente murieron dos alzados, luego de que Humala se paseara en hombros por la plaza de armas y sus hombres realizaran disparos al aire. Éste dijo que se entregaría al mediodía del lunes 3, pero se retractó. Cuando estaba en la plaza de armas, el director de la PNP, Félix Murazo, en un verdadero acto de coraje, se coló entre la gente y se acercó a Humala.
Murazzo, ex jefe regional de la Interpol de Sudamérica y abogado de carrera, desarrolló una labor clave como mediador de la situación, teniendo en cuenta que desde Lima las directrices apuntaban inicialmente a una acción de fuerza directa. Frente a frente y ya rodeados de personal de las Fuerzas Especiales EP, el director de la Policía condujo sutilmente a Humala a un ambiente aislado de la Municipalidad, mientras su lugarteniente era custodiado por un grupo de comandos del batallón Pachacútec. Algunos testigos refieren haber visto llorar a Villalba. Murazzo caló hondo en Humala y conversó con él largas horas. Pero en realidad no tuvo mucho trabajo: el cabecilla de esta locura armada ya había decidido entregarse. Un poco más tarde, Fernando Bobbio llevó a la comisaría una carta escrita por el mayor en retiro, en la que "solicitaba" a sus hombres deponer las armas. El congresista Michel Martínez, quien fungió de improvisado mediador de los etnocaceristas, se sorprendió de ver cómo Humala se entregaba tan dócilmente en la Municipalidad, pero igualmente protestó: "No deben detenerlo". El general Williams lo paró en seco: "Señor congresista, se está deteniendo a un hombre en flagrante delito. No creo que quiera convertirse en su cómplice". En esos momentos, apareció Antauro Humala enmarrocado y con cara de circunstancias. En rápido movimiento, se acercó a Martínez y le dijo al oído: -Me han jodido. No me dejan hacer ni una llamada. (Américo Zambrano, Carlos Hidalgo).
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