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`Es Mitómano,
Farsante y Ególatra' Entrevista Jerónimo Pimentel Foto VICTOR CH. VARGAS Sobresale pegado en un armario un escudo de la casta `Bruce' que le fuera entregado en la reunión del clan, el año pasado, en la que también participó su primo, actual ministro de Vivienda. Una foto, entre muchas que cobijan la memoria emocional de Nora, la descubre como traviesa conejita. Al lado, un brindis con el ex ministro del Interior, Javier Reátegui; más abajo, de camuflaje militar, rescatando su uniforme humalista con el fin de gastarle una broma etnocacerista a una chica Miró Quesada. Sola en su departamento sanisidrino, además del mosaico de postales tiene como toda compañía una muñeca antigua, del tipo que rememora recuerdos en las hijas de las aristocracias decimonónicas o se vuelven macabras en las películas de terror para adolescentes de Hollywood. Esa misma ambigüedad ha recorrido su vida este año. Un trabajo que se volvió amor y terminó en pesadilla. Un terror multifacético: el acoso brutal por parte de un alucinado militar-político-guerrillero de afanes mesiánico-nacionalistas, ser testigo indirecta de una rebelión sangrienta de un individuo que deshojaba margaritas mientras sus secuaces mataban policías. Habla Nora Bruce.
¿Cómo te enteraste de la toma de la comisaría de Andahuaylas? -Mira, yo no hice nada en año nuevo. Estaba tomando sol en mi patio, y a las 3 de la tarde suena el teléfono: era una persona que trabaja en el Servicio de Inteligencia del Ministerio del Interior. Tengo un contacto a raíz de lo que se desató el año pasado. Él me dice: "Flaca, ¿te has enterado de lo que ha hecho El Loco"? Entonces yo le digo: "No, ¿qué ha pasado?". Me cuenta que Antauro había tomado la comisaría de Andahuaylas. Él ya me había dicho en anteriores oportunidades que se iba a rebelar. Incluso quería que yo lo acompañe. -¿En qué circunstancias te dijo eso? -Eso me lo dijo cuando todavía estaba con él, primero como relacionista público y luego como pareja. Varias veces me dijo: "me voy a tener que rebelar, y tú me vas a acompañar". Yo le decía: "no, a la que le toca acompañarte es a tu esposa". Como él ya sospechaba que yo tenía ciertos contactos con el Servicio de Inteligencia, dudaba. Luego me decía: "no, no, mejor no, tal vez te pongo en peligro y no vas a tener todas las comodidades". Yo le decía que tenía que tener una buena cama, mi VHS, mi cable, mi comida rica. -Digamos que no tienes vocación guerrillera. -Era un poco para ponerle trabas con el fin de que se olvide del asunto. -¿En algún momento Antauro Humala sugirió dónde podía ser esa rebelión o de qué forma se podría dar?¿Si iba a haber derramamiento de sangre? -Definitivamente iba a haber violencia, porque él constantemente me preguntaba si conocía alguien que tuviera armas. Yo le conté una anécdota acerca de un ex enamorado que tenía todo tipo de armas de guerra, pero que ya no tenía ningún contacto con él, incluso creo que está muerto. Él me pedía que trate de ubicarlo porque necesitaba armas. Él me pedía que lo acompañe a la rebelión, pero yo le seguía la cuerda. Una vez me dijo: "en el hipotético caso que somos capturados, y nos van a fusilar, ¿tú me acompañarías hasta el fusilamiento?". "Por supuesto, amorcito", le decía yo, siguiéndole la corriente porque, o sea, sabía que se iba a rebelar, pero jamás lo iba a acompañar. Para mí era un chiste. -¿Durante el tiempo que duró el episodio de Andahuaylas tuviste algún contacto con él? -Varias comunicaciones. -¿Cuántas? -Cinco o seis. -¿De qué parte? ¿Tú lo llamabas o él a ti? -La primera, yo lo llamo a su celular. -¿Qué día? -Lo llamo el 1 de enero a las cuatro de la tarde a su celular, al 9631-6035. No me contesta, me contesta la grabación, y simplemente dejo el mensaje. -¿Qué decía el mensaje? -"Antauro, estás loco, reflexiona, recapacita, por lo menos hazlo por tus hijos". No pensé que me iba a devolver la llamada, porque él ya sabía que lo había denunciado (por acoso), le habían llegado dos citaciones a su casa de la comisaría, el 26 y 27 de diciembre. Él me devuelve la llamada a las 6 de la tarde y me dice todo airoso, altanero: "Te estoy devolviendo la llamada, habla, habla, ¿qué quieres?". Le digo: "Antauro, te has vuelto loco". Me dice: "¿Para qué me llamas?, si tú ya no quieres saber nada conmigo y me has denunciado". "Te llamo", le dije, "porque quiero que recapacites por tus hijos. Con lo que estás haciendo ahorita de todas maneras vas preso, pero no te quiero ver muerto". Cuelga. Luego, a la hora, lo vuelvo a llamar.
-¿Qué te dice en ese momento? -"Vente, vente, Andahuaylas es lindo. Mira, escucha las vivas, cómo la gente me aclama, acá todos me aman". Yo pensé: "pobrecito, este pata realmente no debe recibir amor de nadie". -¿Sentiste un cambio de actitud en algún momento? -Me dijo que me pagaba el pasaje. Yo sí estaba dispuesta a ir si el gobierno me lo pedía. -Ofreciendo tus buenos oficios, digamos. -Claro, como una intermediaria para convencerlo de que se entregara más rápido. -¿Tuvieron más comunicaciones? -Hubo más. Lo llamé en un momento dado, a las 4 de la mañana. Pero en dos o tres oportunidades que yo lo llamo me contesta otra persona. Me dice que Antauro está ocupado atendiendo a la prensa. Vuelvo a llamar y me lo pasa. Yo le digo: "Antauro, por favor, entrégate de una vez". Yo pensé que esto iba a ser mucho peor, que iba a haber una matanza terrible, Antauro está loco y es sumamente irresponsable. "No te preocupes, muñeca, no te va a pasar nada", me decía. Ya después, cuando veo que está yendo a la municipalidad decidido a entregarse, me quedé tranquila. Pero de ahí me llaman de Correo y me preguntan: "¿Está segura que no está en comunicaciones con Antauro?". No contesté nada, estaba en la casa de mi amiga Susana Belaunde, y no quería que nadie supiera que estaba en conversaciones con él. Cuando llego a mi casa lo vuelvo a llamar a su celular y le digo: "Oye, imbécil, ¿tú le estás dando información a la prensa de que estoy en comunicación contigo?". "No, muñequita", me dijo en tono suplicante, "te han querido sorprender, yo no le he dicho a nadie de que hablo contigo". -¿Entiendes que tu teléfono está intervenido? -Estoy completamente segura, desde el año pasado, desde que se desata el escándalo. Yo siento como corre la cinta. A mí no me molesta, para mí es una seguridad de cualquier amenaza que yo tenga. -¿Sabes que estas conversaciones que has tenido con él hubieran podido servir para recabar información? -Sí.
-O sea, él habría realizado continuos viajes a Venezuela para establecer esa relación... -Aparte de Venezuela, que no sé cuánto le habrá dado el presidente Chávez, o tal vez un allegado a él, en diciembre, cuando el acoso era espantoso, yo le comenté que estaba con los nervios de punta pues yo tengo un departamento que alquilo y se me desocupa en marzo. Él me dijo: "muñequita, no te preocupes, porque yo te voy a poder ayudar porque acabo de concretar un negociazo". Él me lo dijo el 20 de diciembre. -A 10 días de tomar la comisaría. -Le dije que no quería su dinero ni su ayuda. -¿Te arrepientes de haber tenido una relación con él? -Yo le he dicho: "he cometido errores, pero haberme metido contigo es la peor patinada de mi vida". Jamás me imaginé que este tipo era así. Yo al comienzo me engañé. Lo vi como a un serranito inofensivo, simpático, culto, porque tiene mucha labia. Mi trabajo como relacionista público iba a ser muy sencillo, acompañarlo a entrevistas, etc. Me lo adornó lindo, precioso, yo estaba sin trabajo y me pareció perfecto. Pero yo me desentiendo de él al mes y medio, porque estaba convencida de que era un mentiroso, no me pagaba, y no me quería involucrar en nada serio. -¿Ha querido tener un trato contigo ahora que está preso? -Una de las veces que conversamos por teléfono él me pregunta si voy a ir a visitarlo a la cárcel. Mi respuesta fue que no, yo no me quiero involucrar, quien tiene que ir es su esposa, su madre, su padre. -¿Sientes que estaba obsesionado contigo? -Creo que su obsesión era convencerme para que cayera en su juego. Yo era el escudo perfecto para Andahuaylas. Yo creo que todo lo tenía planificado. Él, antes del 17 de diciembre, el día de mi santo, me habla de viajar, para ir a Máncora, porque sabe que a mí me encanta. Me dice para ir a Huancayo, al pub Galileo, donde está el mejor conjunto de rock. A Antauro le encanta el rock, baila muy bien. El 23 de diciembre, un día antes de Navidad, me llama para vernos. El 24 de diciembre, nuevamente me llama a las 8:30 a.m. y me dice: "vámonos de viaje". Ahí fue cuando yo fui rauda a la comisaría con los pelos parados de punta pensando en que este tipo no me iba a dejar en paz ni siquiera en Navidad o Año Nuevo. Me le cuadré al comisario y le pedí que llamara a Antauro a su celular y le diga que me deje en paz. Antauro es tan cínico que le dice: "no, no soy yo quien la está llamando, es ella quien me está llamando". Y el comisario le contesta: "señor Humala, yo he escuchado las grabaciones, usted la para acosando". Cesaron las llamadas ¡por media hora! Luego me llamó una voz que no era la de él, pero que obviamente era un reservista. También, el 31 de diciembre, a las 11 y treintaialgo de la mañana, me llaman de provincia, otra voz que no es la de Antauro... -Que presumes es un reservista... -De todas maneras. Y de ahí no supe más, hasta que me llaman de Inteligencia el primero. Yo creo que todo el acoso era para convencerme de que vuelva con él para llevarme a Andahuaylas. La última vez que hablé con él no le reconocí la voz. Sus últimas palabras fueron: "¿por qué me abandonaste?". -¿No te parece raro que piense en eso estando cercado por los militares en medio de una sedición? -Luego me dijo: "hablamos otro día, mañana en la mañana". -¿Cuál era tu motivación al llamarlo? -Que se entregara. -¿De alguna manera te preocupa? -Yo estaba convencido de que si Antauro no se entregaba iba a haber una matanza. Yo sabía que cuando él se viera acorralado se iba a entregar. Pero yo dudaba de su gente, que estaba exacerbada. -¿Volviste a tener comunicación con tu contacto de inteligencia luego? -No. -En el tiempo que lo conociste, ¿te reiteraba su deseo de llegar al poder, de estar en Palacio? -Él decía que le iba declarar la guerra a Chile para recuperar Arica y Tarapacá. Entonces yo le decía: "tú vas a ir adelante, en tu caballo, con tu fusil". "No", me contestaba, "yo voy a estar sentado en Palacio y van a ir mis reservistas a luchar". Me dijo: "yo soy el pensador". Es una muestra de que a él no le interesa su gente.
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