Edición Nº 1856


www Caretas

Portada

SECCIONES
Nos Escriben...
Mar de Fondo
Culturales

Ellos & Ellas
Caretas TV
Mundo Mezquino

COLUMNAS

Piedra de Toque
Por Mario Vargas Llosa

Lugar Común
Por Augusto Elmore
China Te Cuenta Que...
Por Lorena Tudela Loveday


ARTICULOS
Humala Mansito
se Entregró
El Factor Ollanta
Humala Dixit
¿Führer Chicha?
Tuma Ministros
Editorial
Rebeldes en sus 13
El Milagroso Yuan
y la Amenaza china
Deshojando a Margarita
Lima en Postal
Ciudad en Pie
Bar Centenario
Fuerza Fatal
Jean Tonic
Tsunamis Peruanos
El Zoológico Congresal
Foto Carnet
400 Años del Quijote
El Arroz está
en su Punto
"Es Mitómano, Farsante
y Ególatra"
El Block de Notas
Rollo Familiar


 

 

 



Ud. Puede anunciar aqui
 

 
ARTICULO 13 de enero de 2005
Paginas 68 y 69 de la edición impresa.

Tenía 57 años cuando publicó el gran libro (siete ediciones el primer año).Tenía 57 años cuando publicó el gran libro (siete ediciones el primer año).

MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA
El Alquimista
Nuestro hombre del milenio fue un fracasado admirable y ejemplar.

400 Años del Quijote
En enero de 1605 apareció la primera edición de El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha, un libro ideado por un español recluido en la cárcel y que de inmediato se convirtió en éxito de librería en varios idiomas. El autor, Miguel de Cervantes Saavedra, hidalgo venido a menos y autor teatral sin fortuna, se ocupaba en ese tiempo en recaudar impuestos por aldeas y caminos. La quiebra de un banco donde había depositado parte de la recaudación lo condujo al encierro. No era novato en prisiones: había sido durante cinco años prisionero de corsarios argelinos y hasta fue esclavo.

Víctor Hurtado, un peruano que ha elevado el periodismo al nivel de la literatura, escribió el texto que enseguida publicamos y que forma parte de la segunda edición de Pago de Letras, obra de Hurtado. Lo publicamos con autorización de éste.

En esta crónica imaginaria, Hurtado no inventa una realidad; la transfigura. En los días en que el genial Cervantes borroneaba su libro clásico había surgido entre él y Lope de Vega una rivalidad. Los eruditos consideran, incluso, que el prólogo de El Quijote, cargado de sonetos, incluye una burla contra Lope y su exitoso arribismo. Lo cierto es que Cervantes inventó la novela moderna y llenó sus páginas con aventuras que entretienen y hacen pensar. Italo Calvino, el gran escritor italiano del siglo XX, escribió que el episodio de Don Quijote luchando contra molinos de viento es tan memorable que lo conocen y mencionan hasta quienes no han leído el libro. Dicho sea de paso, Cervantes es algo así como el descubridor de las Américas del idioma y el alma de España.

El acierto de crear un personaje cuya locura consiste en desfacer agravios y enderezar entuertos, amparando a los débiles, implica un ansia eterna, y desesperada, de justicia. Por otra parte, la creación de Sancho Panza, el gordo de la pareja, homenajea a la gente sencilla que a veces resulta más sabia que sus amos. Pero leamos, mejor, a Víctor Hurtado. (César Lévano).

 

n
Víctor Hurtado fue más allá de una simple lectura.  

Escribe VICTOR HURTADO

EN 1594, aquel que será el hombre del milenio en España, va por sendas de polvo y sed de su patria. Va ridículo caballero en un asno, de aldea en aldea, durante siete años, entregado al oficio de robar muy legalmente -en nombre de su rey- a los pobres campesinos sus cosechas para alimentar las locuras de la Armada "Invencible" y para que medren el parásito militar y esa otra chusma, la "nobleza".

Nuestro hombre del milenio va saqueando y sospechando, a sus cuarenta y siete años, que, al revés de la "pérfida Albión" -a la cual le han enseñado a odiar y que no odia-, en la guerra de su propia vida, él ha perdido todas las batallas menos la primera (Lepanto es su Sol que se hunde en la mañana). Miguel de Cervantes va así como un galeote encadenado a la miseria, degradado hasta la ignominia de ser el pobre que roba al pobre para que coma el rico.

El odiado esquilmador ata el rucio a la puerta de un mesón, bajo el sol diagonal de la tarde. Pide un vaso de vino y lo paga con una moneda que nunca es suya pues la jauría de las deudas lo persigue desde que, de niño, vio que encarcelaban a su padre por no pagar a un prestamista. Le han dicho que el pobre va preso por no pagar lo que debe, pero Miguel sabe que el pobre va preso por no pagar lo que le deben.

Ya no le importa que los curiosos le miren el brazo izquierdo seco y la mano inmóvil, pero a él le gustaría contarles dónde ocurrió aquello: "En la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes…" ¡Le agrada tanto oír a los demás!: al cura lugareño; al rústico cachigordo, crédulo de una fe increíble; al ventero socarrón, quien nada tiene que ocultar, excepto su pasado… Todo lo escucha Miguel, todo lo graba porque es el idioma su música profunda; y, aunque los aldeanos lo ignoren, ellos, sus víctimas, son su gente, y se odia por ser el látigo de un poder indigno que ha empezado a despreciar.

Le gusta contar a los aldeanos acerca del esplendor de Italia; de la sangre con olor de acero de las batallas; de cinco años de cautiverio entre los moros; del curiosísimo tío de su esposa, hidalgo enjuto que se pasa los días de claro en claro, perdido entre libros de caballería… Habla, y los poblanos lo rodean porque mucho es el encanto de este hombre crudelizado hoy por la pobreza, quien pagará a los que lo oyen -y a quienes lo lean- con una alquimia de humanidad que devuelve, en oro, el hambre, el olvido y las desdichas.

n

Miguel sonríe, pero siente que él ya es nada pues nada hay más innecesario que un héroe a quien nadie necesita. Quiso ser dramaturgo, pero lo borró Lope de Vega. Lope es ya el autor felicísimo que dio un golpe de gracia en la vieja comedia española -la que Miguel tanto amaba- y dispersó en polvo los sueños de que sería él, Miguel de Cervantes, el maestro del teatro de todas las Españas. El recaudador de especies casi cincuentón nunca había sentido tanto el hielo de la ancianidad como cuando supo que jamás se pondrían en escena sus tragedias, tan morales, ni sus comedias; pero es la hora de Lope de Vega, quien ignora lo que es arrojar siete años hacia el pozo de un trabajo que se odia. El Fénix de los Ingenios ejerce ya la primacía en las tablas del teatro y la tercería en otras tablas, las de los lechos de sus amos.

En 1594, Miguel de Cervantes ignora que otra sombra se le alza: un prodigio de 14 años, don Francisco de Quevedo y Villegas. Este chiquillo inesperado será odiador de judíos, árabes y negros; misógino prostibulario que diseminará hijos "naturales" y quien, a los 56 años -obligado por damas de la Corte-, se casará con una mujer a la cual desprecia y a la que abandonará en seguida. Intransigente y endiosado, sólo la precaución de haber nacido tres siglos antes lo salvará de ser expulsado de la Falange Española por derechista. Consejero de duques, espía, desterrado por chismoso, encarcelado por conspirador, imperialista incendiado en la desesperación de ver los pies de barro de su imperio, Quevedo será también un estoico intermitente y un pecador atormentado que echará de sí todo el barroco de una personalidad exasperada y nos dejará una obra cegadora donde el protagonisa absoluto es nuestro idioma tiranizado por una inteligencia suprema: ni un gramo de piedad en el hierro de su furia. ¡Quién pudiera sentir como Cervantes y escribir como Quevedo!

El héroe-sobra que se cree acabado, el maestro de la compasión, el señor del optimismo aun en la desgracia que ha sido y será toda su vida, se despide de los aldeanos y sale al campo de la Mancha. Monta en el asno con la dignidad de un caballero y va hacia la historia que lo espera, hacia la historia en la cual él nos espera.

 

 

 

 


../secciones/Subir

Portada | Nos Escriben... | Mar de Fondo | Culturales | Ellos & Ellas| CineTV | Mundo Mezquino | Piedra de Toque | Lugar Comun | China Te Cuenta Que.. |

Siguiente artículo...

 

   

   
Pagina Principal