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LAS cosas malas que le ocurren a un país tienen, como todo en la vida, su contraparte buena o al menos útil. Es el caso del circo montado sin mucha gracia y con cuatro muertos por el infradotado que se llama Antauro Humala, ese aprendiz de Führer cholo que un día de huasca se sintió llamado por los Dioses y heredero directo del Héroe de la Breña (él que no ha sido héroe ni siquiera en Matute). ¿Para qué ha servido eso?: para poner en evidencia la indecente actitud de algunos políticos que aprovecharon para tomar el micrófono y ponerse a favor de tal esperpento*, cuya noticia ha dado la vuelta al mundo para vergüenza del país de Basadre, Mariátegui y Haya de la Torre. Quienes aprovecharon la coyuntura para golpear una vez más al gobierno, lo que hicieron fue solidarizarse con la insurrección buscando sacar tajada. Sólo merecen el desprecio de los demócratas que aún quedan. *Esperpento: Deformación sistemática de la realidad, recargando sus rasgos grotescos, a la vez que degradando los valores. ¿Qué más se puede decir?, creo que nada. Pero habría que grabar a fuego el nombre de esos políticos, abogados y hasta el de un desvergonzado general que, sin pundonor alguno, salieron a la palestra buscando sacar ventaja. Ustedes saben quiénes son. Creo que es hora de cambiar un poco de tema, por eso quiero contarles que a los que estamos aquí en Madrid hace algo más de un año y medio nos da una gran satisfacción que alguien nos pare en la calle a preguntarnos por la ubicación de una calle. Es casi como ser de aquí y no simplemente un extraño más. ¿Calle Chichirimico?, pues, mire usted, es a dos calles a la derecha y luego a la izquierda. Y uno mira con satisfacción a la persona que preguntó seguir confiada nuestra indicación, casi como si fuéramos del barrio, o la propia guía de calles. Claro que a veces mandamos a uno que otro al desvío, pero después de todo, ¿a quien se le ocurre preguntarle una dirección a un foráneo? Es absolutamente necesario que los dos jóvenes chilenos que se atrevieron a ultrajar con pintas muros incaicos en el Cuzco vayan a la cárcel por el máximo de la condena que quepa darles. No debe haber ninguna contemplación con ellos. Y no sólo por ser chilenos, factor que considero agravante, sino por haber cometido esa barbaridad. Y el juicio no debería demorar lo que suelen demorar los juicios normalmente en el Perú. Es una magnífica -y lamentable- ocasión para dar un ejemplo drástico. La sanción debe tomar en cuenta de que esos muros incaicos son Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad. No se trata de la guerra del Pisco o uno de esos otros desafíos chilenos a los que ya nos tiene acostumbrados ese país. Es un torpe y malvado acto de vandalismo que merece castigo, diga quien lo diga en la vecindad. La tragedia de los países del Océano Índico hace enmudecer a cualquiera. Jamás el mundo contempló algo tan devastador e inusitado. Yo no sé qué se puede decir al respecto, salvo llorar por los muertos y los desaparecidos y admirar el gesto de algunos voluntarios, como esa enfermera española que estaba allí de vacaciones y lo perdió todo y aún pudiendo volver se ha quedado allí para ayudar. El ser humano es, a veces, muy humano. Lo mismo digo respecto de la tragedia de la discoteca argentina, tan pero tan similar a la de Utopía, que aquí lleva ya dos años sin sancionarse. Una discoteca aparentemente tan previsora que hasta tenía guardería, para que los padres jóvenes pudiesen llevar y dejar allí a sus hijos chicos. Pero tan irresponsable que cerró las salidas para que nadie se fuese sin pagar. Y hubo tantos que pagaron con su vida. ¡Qué tragedia! Y aquí, ¿¡qué pasa con los responsables de Utopía!? ¿Estarán también esperando que su culpa prescriba? La sociedad peruana debería presionar para que se castigue lo antes posible a los culpables de tan criminal irresponsabilidad. No sea que en Argentina se sancione antes y la justicia peruana quede una vez más en evidencia. Pero uno de los defensores de la causa civil que se sigue -y padre de una joven fallecida en Utopía- se equivoca de medio para exponer su caso, el diario La Razón. Sobre todo cuando califica a éste como "independiente y valiente medio de expresión". Allí se equivoca de plano. Claro que se dirá que para esa batalla todo medio es útil, y así lo creo; menos ese.
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