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Muerte
Anunciada El espectacular juicio seguido contra el fundador de AeroContinente, Fernando Zevallos, y otros 11 acusados por narcotráfico, se ha tornado dramático. Desde que EE.UU. lo incluyera en su lista negra de mafiosos -el kingpin Act- medida que provocó el cierre de la aerolínea, el proceso ha dado nuevos giros: los implicados, protegidos hoy por la DEA, rompieron el silencio acostumbrado y han denunciado a Zevallos en duros careos. Pero el asesinato de José María Aguilar, (a) Shushupe, al más puro estilo de los cárteles mexicanos, confirma que los testigos claves están en verdadero peligro.
JOSE María Aguilar Ruiz, Shushupe, cruzó raudo el pasadizo del área administrativa del penal de Pucallpa con un paquete de galletas y una gaseosa helada entre manos: "Este calor mata a cualquiera", se le oyó decir. Había unas 15 personas allí la mañana del martes 1, la mayoría abogados. Shushupe lucía sofocado mientras atendía un pequeño quiosco del tópico de la prisión. Pero lucía de buen humor. Lo acompañaba Mayra Alvarado López, su pareja. En esas estaban, cuando el interno Jaime Grández Pinchi apareció de pronto, silente y frío como siempre. Se detuvo a unos metros de donde estaba Shushupe y lo apuntó directamente con un revólver Taurus, calibre 38. Fue cuestión de segundos. Grández Pinchi descerrajó tres tiros en él. Una de las balas le perforó el cráneo. Otras dos impactaron en su cuerpo. Eran las 11:28 de la mañana. José María Aguilar Ruiz, quien en enero del 2003 había sido trasladado al penal de Pucallpa por medidas de seguridad, murió camino al Hospital Regional. Ese mismo día, Grández Pinchi empezó a hablar ante un fiscal de Coronel Portillo: inicialmente declaró que perpetró el crimen por un arreglo de cuentas entre ambos. Pero luego se desdijo y admitió que lo mató porque "así me lo pidieron". Aún no brinda detalles ni nombres, pero las autoridades creen que pronto cantará como charro. A estas alturas del partido, no cabe duda de que el asesino planificó el crimen por encargo y con una frialdad pocas veces vista. Sus antecedentes lo hunden más. En julio del 2004 fue recluido en el penal de Pucallpa por homicidio. Se le acusa de ser el sicario contratado para asesinar a la empresaria María Cárdenas Ratto, a quien sus socios deseaban ver muerta a cualquier precio, según las investigaciones policiales. Pero, ¿quién le ordenó ahora matara José María Aguilar Ruiz?
EL CASO BENITES No se trata de un caso aislado, sin duda. La noche del domingo 31, otro testigo clave del caso Zevallos estuvo a punto de perder la vida: Oscar Benites Linares fue atacado por tres reclusos en los baños del penal de Huaraz. Benites Linares está aislado y se recupera de los golpes que recibió, pero el temor está presente. En cualquier momento la muerte también podría alcanzarlo. Es la tercera vez que atentan contra su vida, según su abogado Hernán Vera. En noviembre del 2003 fue apuñalado en plena audiencia judicial (CARETAS 1826). El ex informante de la DEA ha brindado información confiable sobre Fernando Zevallos. "Puedo afirmar que es el jefe, el capo del narcotráfico y no solo yo, sino todo un pueblo lo ha visto traficar al señor Fernando Zevallos", sostuvo. Un aspecto importante en los casos Shushupe y Benites es que ambos nunca se retractaron de sus acusaciones originales, como sí ocurrió con otros testigos. Un equipo especial de inteligencia antidrogas investiga cualquier detalle sobre posibles atentados, pero la tarea es delicada. Jueces, procuradores, testigos y periodistas que investigan el tema han recibido amenazas intimidatorias. Aunque en muchos casos se pasó del dicho al hecho. El 25 de agosto del 2003, el narco Francisco Paredes Izquieta fue asesinado cuando era trasladado en circunstancias irregulares desde Yanamilla a Castro Castro en Lima. Había pedido declarar contra Luis Dávila Melgarejo y Fernando Zevallos Gonzales. El 13 de agosto del 2004, un sujeto mató a balazos al sicario Jesús Flores Matías, quien testificó a favor y en contra de Zevallos. La Policía culpó a un ciudadano de origen chino como el autor del crimen, pero se dejaron cabos suelos. Dos meses después se supo que inteligencia policial descubrió un plan para asesinar a César Angulo Tanchiva, otro testigo importante del caso Zevallos. Pretendían trasladarlo con documentos falsos a un penal de provincias menos seguro. El jefe del INPE dijo a CARETAS que se ha reforzado la seguridad de Angulo Tanchiva y otros tres testigos claves -entre los que figuran los López Paredes- para evitar que los maten. Ellos están ahora aislados en celdas especiales y con vigilancia puntual. Hasta se preparan sus propios alimentos. Pero así como están las cosas nada les garantiza que se mantendrán a salvo. (Américo Zambrano).
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