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10 de febrero de 2005

Empedrando el Escenario Preelectoral

EL primero en plantear un acuerdo multipartidario en estos meses decisivos fue el titular de Comercio y Turismo, preocupado por el riesgo que significaba que el debate parlamentario para la aprobación del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos coincidiera con la marea electoral que muchos vaticinan será implacable, sañuda, demoledora. Y de hecho, pese a ese pedido, tal como va el clima político, el TLC no pasará fácilmente por el Congreso si el gobierno no cambia de actitud en lo referente a la recomposición del gabinete ministerial. El Apra y grupos menores de izquierda han adelantado ya que no aceptarán ningún pacto político respecto al TLC, alentando de plano las protestas de sectores agrarios y de productores farmacéuticos nacionales. El TLC, con todo, es el gran instrumento con el que podría contar el próximo gobierno que se instale el 2006, de allí la esperanza del oficialismo que las fuerzas opositoras se allanen finalmente a suscribirlo, puesto que a Toledo sólo le correspondería el orgullo histórico de haberlo suscrito pero sin cosechar fruto alguno.

En otro tono, con su característica honradez conceptual, Valentín Paniagua, en cambio, ha llevado más lejos la cuestión altamente delicada y preocupante del inminente proceso electoral. Si bien en principio se refirió a su agrupación (AP post Fernando Belaunde), Paniagua ha transformado en titulares lo que todo el mundo sospecha y teme: ninguna de las fuerzas, movimientos y partidos parece estar en posibilidad de obtener una mayoría viable que le permitiera gobernar con relativa tranquilidad a partir de julio 2006. Por lo tanto, convendría, según Paniagua, ir tentando el terreno para encontrar coincidencias, similitudes y paridades entre algunas fuerzas políticas dispuestas a coincidir. Siempre se ha sostenido en los cenáculos políticos, por otra parte, que el ex presidente Paniagua se daría por bien servido y alentaría una candidatura presidencial unitaria si se forjaba un frente o una plataforma común entre varias agrupaciones. Sería esa una traducción fiel de lo que quiere el electorado que pertinazmente en las encuestas favorece y resalta la figura del cusqueño acciopopulista. Las afinidades potenciales incluso se han mencionado: Castañeda Lossio, Yehude Simon, Lourdes Flores y, claro, don Valentín. "Fórmula ganadora" ha vaticinado Xavier Barrón, pero la duda reside en cuál de estos líderes encabezaría el plantel y si se someterían a unas primarias que definieran al caudillo.

La propuesta de AP ha sido recibida fríamente porque hay primero un asunto de cronograma. La carrera electoral empezará cuando se sepa cuántos partidos están inscritos y aptos -esa es una posibilidad. Otros sostienen que la orden de largada comienza con la convocatoria a elecciones para abril del próximo año, lo que ocurre seis meses antes. Estamos en la fase del tanteo y sólo la primera vuelta es la que podrá decir, con certeza, la real fuerza de las principales agrupaciones. Los pactos por adelantado pueden quemar el pan, esa es la lección bien aprendida del Fredemo, que se creyó dueño del horno antes de tiempo.

Los partidos están concentrados en asuntos internos bastante complejos como para pensar en pactos interpartidarios. Puede que se multipliquen conversaciones informales y gestos de mutua simpatía, pero la gran cuestión que enfrentan por igual AGP, Lourdes Flores, Paniagua y otros líderes menores, es que decepcionan y no tienen jale político. El elector está frío, distante y decepcionado. Se le podría cantar esa letra dolida:"eres como un tronco seco...". Los partidos se devanan los sesos tratando de encontrar un método de restablecimiento de la atracción popular, que sólo ostentan Fujimori -por ese pasado de obras que se le atribuyen y de mano firme- y Castañeda Lossio en su diligente e incansable labor edilicia.

La conclusión es que para lograr un ambiente favorable a las definiciones políticas y al fervor democrático más que acuerdos o pactos, hay urgencia de incorporar a la política al elector común, al ciudadano que deberá terminar por convencerse que él es el que puede darle vigor, sangre nueva, horizonte claro a los languidecientes partidos, víctimas como el toledismo de esta transición inocua, enferma y con el virus del fracaso.

 



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