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ARTICULO 17 de febrero de 2005
Paginas 70 y 71 de la edición impresa.

La complicidad entre Camila y Carlos fue siempre evidente y se ha fortalecido durante más de treinta años juntos. al lado: Alice Keppel (a la derecha) era para el rey Eduardo VII (a la izquierda) lo que Camila debe ser para Carlos: esa mujer confiable, tremendamente paciente y capaz de hacerlo feliz. Ni la reina Alejandra (al centro) ni Lady Di lo fueron para ellos.

Trío de Faldas
Carlos y su bisabuelo, el rey Eduardo VII, se enamoraron perdidamente de mujeres con quienes no pudieron casarse. Hasta ahora.

n
Los príncipes William y Harry -hijos de Carlos y Diana- la Reina y otros miembros de la Familia Real aprueban el enlace. Pero Camila no será reina. Der.: Camila, como nunca, se muestra enamorada.  

Escribe: HÉCTOR LÓPEZ MARTÍNEZ

CUENTAN los biógrafos de Carlos de Gales que cuando conoció a Camila Parker Bowles, su futura esposa, ésta le recordó que sus bisabuelos, el rey Eduardo VII y Alice Keppel habían sido amantes a lo largo de muchos años, hasta la muerte del monarca en 1910. Eduardo, al igual que Carlos, fue príncipe de Gales durante interminables décadas.

Hijo de la reina Victoria, lo apartaron injustamente de todas las responsabilidades reales, por lo que se dedicó a disfrutar de los encantos de la "belle epoque" en París, Biarritz y en todos los lugares de moda de la vieja Europa. Bertie, como lo llamaban sus amigos más cercanos, era un hombre de clara inteligencia, bondadoso, que tenía perfecta conciencia que estaba condenado a una vida grata, aunque vacía, lo que le agriaba el humor en algunas circunstancias.

Bertie se casó el 10 de marzo de 1863 con la princesa Alejandra de Dinamarca, a quien llamaba cariñosamente Alix, una joven bella, profundamente generosa, pletórica de virtudes aunque desgraciadamente adolecía de una sordera que se fue acentuando con los años. Bertie y Alix se amaban y cuando llegaron los hijos formaron una familia realmente modélica. Todo esto no impidió que Bertie, antes y después de su matrimonio, tuviera algunas amantes que, como llegaron se fueron, sin dejar huella.

Todo cambió a partir del 27 de febrero de 1898 cuando en una cena Bertie conoció a Alice Keppel, esposa del honorable George Keppel, hijo del conde de Albemarle. Alice, a su vez, era hija del almirante sir William Edmonston. Ella era fascinante, ingeniosa, vivaz, culta y muy bella. Bertie se sintió inmediatamente atraído por ella y se inició una relación que fue aceptada tanto en Gran Bretaña como en el resto de Europa. Alice tenía la capacidad de calmar a Bertie por muy mortificado que estuviera.

Alice Keppel no aprovechó nunca materialmente su creciente influencia sobre Bertie. Su inteligencia y discreción se comentaron muy pronto en todos los círculos importantes de Europa. Cuando Bertie, en 1901, se convirtió en el rey Eduardo VII, Alice demostró tacto extraordinario para manejar asuntos diplomáticos sumamente delicados. En el plano íntimo, aprendió a jugar bridge para formar pareja con Bertie y calmar su "temperamento levantisco" durante las partidas. El rey le confiaba asuntos de Estado, cosa que no hacía con su esposa, poco dada a guardar secretos.

La reina Alix, con actitud noble y filosófica, aceptó la presencia de Alice Keppel en la vida de su esposo "y es probable que, sin decirlo, agradeciera el hecho de que ella entretuviera a Bertie, calmara su constante inquietud y lo hiciera feliz".

Todos los años Alice y Bertie disfrutaban una grata temporada en Biarritz o en el balneario de Marienbad. Allí paseaban y conversaban sin aburrirse nunca. Cuando estaban lejos el uno del otro intercambiaban tarjetas y cartas. Hasta los más puritanos tenían que admitir que Alice Keppel poseía tacto y encanto ejemplares. Era la gran consejera de Bertie, su compañera ideal. Cuando el rey Eduardo VII agonizaba, la reina tuvo la generosidad de enviarle un mensaje a Alice Keppel pidiéndole que fuera de urgencia a palacio. Ella acudió y permaneció a solas con Bertie durante un largo rato. Era la despedida de una pareja que nunca tuvo riñas ni problemas. Respecto a Bertie y Alejandra, fue un matrimonio singular, pero hubo entre ellos cariño que jamás se vio manchado por el rencor. La relación entrañable entre Bertie y Alice duró doce años. La de Carlos y Camila, pese a sus trágicos avatares, tiene cerca de cuarenta. Todo indica que los bisabuelos y sus descendientes nacieron para complementarse y comprenderse.

 



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