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La Ficción
Debe Continuar Escribe JUAN CARLOS MENDEZ SOY un hombre llevado por los vientos y las tempestades. Soy una persona que vive el momento y como soy muy poco convencional y muy poco diplomático, se nota. Mi cólera, mi ira, mi encanto y mi simpatía afloran desde un primer momento. Como no soy introvertido ni desconfiado a veces soy tan imprudente que hablo cosas de mi vida privada a una persona que he conocido hace dos minutos. No soy para nada malicioso en cuanto a conservar una imagen. Me parece que la imagen real de Cattone es lo que Cattone es en ese momento. Depende de las circunstancias y sobre todo de mí mismo. Tú sabes que yo soy de los que creen que mi felicidad no la hace el sol o la neblina. Mi felicidad no la hace nadie de afuera para adentro, mi felicidad la produzco yo. En cierto sentido escribir es como actuar. Si yo interpreto a Otelo, en algún momento tengo que estrangular a Desdémona y luego clavarme un puñal porque sino no hay obra. Yo puedo tener diarrea ese día, puedo estar mal de la voz, puedo haber peleado con mi pareja pero yo el puñal lo tengo que clavar igual. Entonces, cuando me siento para escribir no hay nada que me impida cumplir mi misión, ni siquiera mis cambios de humor, porque cuando leo las 30 páginas previas, vuelvo a meterme en ese mundo y entonces yo ya no soy quien soy. Además quiero que sepas y eso es lo primero que voy a decir en la conferencia de prensa en la que aunque te parezca mentira no tengo pensado qué decir ante el periodismo, porque va a estar toooodo el periodismo desde Magaly a Hildebrandt. Lo primero que voy a decir es que no me siento un escritor a la manera de Vargas Llosa o Bryce Echenique o García Márquez o Borges. Yo creo que en la historia de la literatura que va desde Corín Tellado hasta Joyce, dicho sea de paso nunca pude terminar de leer el Ulises, hay una gama increíble y extraordinaria de matices. Entonces si va a haber una crítica haría mal en llamarme a mí el escritor Cattone, pero no porque no sea escritor, porque si lo soy desde el momento en que escribo sino porque no tengo la pretensión de serlo. Yo siempre escribí, aquí tengo los originales de una novela que escribí a los 16 años, siempre escribí poemas y tengo cajones llenos de estupideces. Pero siempre primó en mí el actor y nunca me animé a publicar hasta que me hice amigo de Rosa Montero, a quien le dedico el libro, porque tengo una gran admiración por el talento ajeno. No soy competitivo. Un día leí "La hija del caníbal" y me desmayé de la emoción. Me pareció maravilloso y le mandé un mail a la editorial con la esperanza de que alguien se lo transmitiera y lo hicieron y Rosa me contestó al día siguiente y se estableció un lazo muy fuerte que se transformó en amistad cuando ella vino al país dos años después. Fue a mi teatro, luego fuimos a comer a mi casa y nos quedamos conversando hasta las 4 de la mañana y ella me dijo Osvaldo tú eres escritor, muéstrame algo y ella se llevó una serie de cosas mías y me dijo hay que hacer todo lo posible para que publiques. Su opinión fue la que me animó a tocar las puertas de la editorial. Es que yo con la edad que tengo no tengo tiempo que perder, quiero ser como soy, si te gusta bien, si no te gusta paciencia. Me gusta actuar, no de actuar sobre el escenario, sino actuar en la vida y si estoy haciendo esta nota contigo, que las notas me aburren soberanamente en general, la hago no sólo para que promociones mi libro, sino para gozar un instante contigo, también.
-¿Tu personaje en la novela también es un seductor? -El no, esto no es una autobiografía, no hablo de mis amores, ni de mis éxitos, ni de mis amantes. Nunca escribiría de eso porque comprometería a mucha gente. Lo que escribo es total ficción, es sobre un muchacho que no soy yo, sobre un entorno familiar que no es el mío, yo soy un Cattone Ripamonti de Italia y estoy escribiendo sobre una familia Pasco Aldívar de Trujillo, sobre un muchacho que vive en una Lima actual, que toma el té en la panadería San Antonio, que come en La Gloria. Pero la tragedia es que el personaje principal, Jorge Pasco, se encuentra como llevado por las tempestades de la vida, hasta que de pronto conoce a una persona que lo seduce. -¿Una mujer? -No. No. Pero no es una historia gay. No quisiera hablar de esto para que no se tergiverse y se empiece a hablar de que es una novela humm, con todo lo que ha pasado con Corbacho, Bayly y Beto Ortiz, a los que respeto, ehhh. -Entonces, tu personaje... -Bueno, él es un ser equivocado en el sentido que empezó una carrera y la dejó, tuvo un hijo y lo mismo, una hembrita y nada, va a la discoteca y no se divierte. Hace todas la cosas convencionales de la sociedad en que vive. Es un típico machito, hermoso, 38 años, con un cierto éxito pero fracasado. La vida que supuestamente él lleva no lo hace feliz y de pronto encuentra otra persona de otra condición social, de otra cultura, de otras capacidades, que lo empieza a deslumbrar y él no sabe por qué quiere conversar con él, estar con él y hablar con él y verlo a él y comer con él pero no acostarse con él. No acostarse con él. No tiene el menor pensamiento homosexual hasta que ocurre algo muy preciso que lo pone en la disyuntiva y entonces ocurre una tragedia que no puedo contar para que lean la novela. Pero para mí esta obra trata de la posibilidad. La posibilidad que tiene todo ser humano de aceptar una situación por descabellada que fuere. Que todos somos pasibles de ser todo. Asesinos, víctimas, homosexuales, bisexuales, trisexuales, asexuales. En todos nosotros existe esa posibilidad intrínseca. Y lo que tenemos que hacer ante ello es comprender y aceptar.
-¿Entonces por qué dejas esto que te dio tanto? -Porque la literatura se está volviendo más fuerte. Es como si hubiera estado casado con alguien 60 años y de pronto aparece en mi vida Marilyn Monroe o la que te guste, o George Clooney o Brad Pitt. Me parece que me quiero casar de nuevo. Mira, si tú piensas que no hay otra vida, si tú piensas que tengo 72 años y que de pronto en 3 ó 4 ó en 5 años me voy a morir, entonces quiero vivirlos como a mí me gustan, como yo los quiero vivir. El teatro me ha dado mucho y yo también le he dado mucho, y ahora de pronto descubro una nueva pasión, que fue siempre mi pasión. Para que te des una idea, el epígrafe de la novela es una frase de Camus: "En medio del invierno de mi vida estalló en mí un verano invencible". -¿La experiencia teatral te ha servido de algo al pasar a la literatura? -Me enseñó una cuestión de ritmos. Mis obras
podrán gustar o no gustar pero nadie puede decir que son aburridas,
me enseñó a precisar un cierto movimiento y quizá... ...También me ha ayudado a entender mejor ciertas cosas mías, a ser menos omnipotente, menos vanidoso, porque así como hice muchas cosas, también cometí errores, yo llegué tragándome Lima, a un Hotel 5 estrellas, con 3 mil dólares mensuales en esa época, auto, con un éxito impresionante. Entonces eso también me hizo daño, porque como que me veía un poco raro. Pero después de trabajar, de haber puesto mi empresa y esto lo digo con mucho orgullo porque es el único caso de un actor que tiene su propia sala durante 30 años consecutivos y tu madre sabe quién soy. He trabajado en serio y nunca estuve en escándalos, he llevado una vida sana y nadie puede cuestionar mi intimidad. Lo dijo muy bien Bardem, quien creo que tiene tendencias homosexuales, cuando un periodista le preguntó sobre su vida a propósito de los premios Goya, le dijo: "Sobre mi vida privada no le voy a responder pero le voy a explicar definitivamente por qué para que todos los periodistas escuchen. Si yo hago una película como "Mar Adentro", usted juzgue mi trabajo porque yo se lo estoy mostrando, pero si yo me encierro en mi alcoba y me acuesto con un orangután, no se lo estoy mostrando, no es su problema saberlo." -Finalmente, crees que en esta reinvención hay una necesidad de trascendencia -De repente sí, yo pienso que hay una necesidad mía de no morir. Pienso que escribiendo Cattone se va a perpetuar a través del tiempo, en cambio del actor y del director nadie se acordará cuando se mueran los que lo han visto. Creo que con estas páginas entro a la inmortalidad.
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