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Por
LORENA TUDELA LOVEDAY Por siaca, no me la he pegado, ¿ah?
Distancia es la palabra, desapego, como los budistas pero sin llegar al extremo de hacer meditación a las cuatro de la mañana, porque yo a esa hora, y sin un café caliente, soy una primitiva premoderna, qué quieres que te diga. Pero es que hija, si no le pones distancia al mundo oficial, te vas a llenar de celulitis y no podrás asomarte al Club House de Las Lagunas sin que todo el mundo comente que te cayó el huayco. Pero para ponértelo en un ejemplo: ¿cómo te sentirías si después de haber visto en la tele a Martucha, ag, vestida de chalís sintético estampado con esos tutankamones que se usaban cuando la chulapina tenía uña, pucha, regresar a la escena política y nos tenemos que tragar la humillación de la impunidad en nombre de la autonomía de poderes? Pucha, ahí es cuando hay que reconocer la sabiduría de una Maripí Pinillos, que cuando le hablo de estas cosas me mira como si yo fuera el mono de un organillero y me aconseja:"haz zapping, cojuda, que el troncho está soñado". O sea, si una, que de lunes a viernes le da a la brega y le da y le da como una obrera de antes de las ocho horas, pucha, sigue sintonizada el fin de semana por ejemplo a un Alan-García-Pérez-qué-maricón-que-eres, simplemente mueres. Por eso, hija, hay que aprender distancia y desplazamiento. Sí, desplazamiento, un mecanismo de defensa que consiste en trasladar a otro sitio lo que no puedes encarar en su origen. Complicado, ¿no? Pero superimportante, porque eso es lo que explica que por ejemplo, o sea, las muchachas no se puedan bañar en el mar cuando tú estás adentro. Es que ellas son en ese momento el imaginario de una Martucha, de un Alan, de un Alejandro Toledo, de un Ayaipoma, ¿me entiendes? O sea, no se trata de evadir la realidad sino de reemplazarla por aquello que más se le parece. Regio, ¿no? Es que estos apple martini van a la vena, hija, y te hacen decir cada verdad... Salud, cholita. Chau, chau. (Rafo León)
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