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Opinión Todas las siglas de izquierda en los recuerdos de Ricardo Letts sobre el caso Morales Bermúdez.

Sopa de Letras

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Letts en 1980. En primera fila, Alfonso Barrantes, Agustín Haya de la Torre y Carlos Tapia. Divisiones y radicalizaciones marcaron a la izquierda durante campaña por la Constituyente.

El ex congresista y fundador de Vanguardia Revolucionaria, Ricardo Letts, envió a CARETAS un texto en respuesta a la carátula de la edición 2218, en la que el ex presidente Francisco Morales Bermúdez recordó en detalle la coyuntura en la cual un grupo de dirigentes de izquierda, entre ellos Letts, fueron “extrañados” a Argentina durante la crucial campaña por la Asamblea Constituyente en 1978. Esa deportación le ha valido a Morales una orden de captura de parte del controvertido juez argentino Norberto Oyarbide.

Para empezar, sorprende que Letts Colmenares califique el golpe de Juan Velasco Alvarado, en el que “por cierto” participó Morales Bermúdez como “un acto de subversión y delictivo” que “nunca ha sido castigado por la justicia”.

Letts relata el desconcierto de la izquierda ante el viraje del régimen. “A fines del 75”, narra, “después de haber sacado al general Leonidas Rodríguez Figueroa de su puesto a la cabeza del Sistema Nacional de Movilización Social (Sinamos), Morales Bermúdez convocó al suscrito a una insólita reunión en su casa, de once horas de duración, de 8pm a 7am, para coordinar la Segunda Fase como profundización de la revolución”.

Dice Letts que “en febrero de 1976, el Secretario de Estado de EE.UU., Henry Kissinger, de paso a Chile a reunirse con el dictador Pinochet, convocó a Morales Bermúdez a una reunión en el Grupo 8 del aeropuerto. Allí Kissinger cuadró políticamente a Morales Bermúdez y terminó con sus sueños (reales o ficticios) de una segunda fase”.

¿Así de fácil? ¿Un “cuadre” de Kissinger bastó para darle un golpe de timón al gobierno? Según declaró Morales Bermúdez a CARETAS, hacia 1976 ya se preparaba la transición a la democracia.

Tras el paro de 1977, continúa Letts, “el camino democrático quedó abierto por el pueblo en lucha”. Acusa al gobierno porque, en los seis meses siguientes al paro, el ministro del Interior, Luis Cisneros Vizquerra, “coordinando con los principales empresarios del país que le soploneaban la lista de nombres, despidió a más de cinco mil dirigentes sindicales”.

Como respuesta fue convocado un nuevo paro nacional para el 25 y 26 de junio de 1978. Y entonces Letts enumera a “las fuerzas populares, democráticas y progresistas” que impulsaban el paro: “Estas eran, sobre todo: la UDP conformada por la unidad de: el MIR dividido en cinco; VR dividido en cuatro; PCR, dos; FIR, dos; y otras dos diversas; para totalizar 15 organizaciones. Y el FOCEP conformado por éste mismo al cual se sumaban cinco organizaciones: POMR, PST, un FIR-POC, el PCP-BR, y el MCC. Además la amplia, complicada y vasta izquierda comprendía también a tres organizaciones boicoteadoras del proceso: el PCP-PR, el VR-PC y el PCP-SL”.

Es decir, Sendero Luminoso, que todavía no iniciaba la lucha armada, ya se contaba en la variopinta e interminable fauna zurda.

Letts cuenta que las detenciones de los líderes de izquierda comenzaron el 18 de mayo, cuatro días antes del paro. Para el 22 tenían a 37 de ellos recluidos en Seguridad del Estado. El grupo liderado por Letts exigía que se resolviera la situación de hacinamiento y se atendiera la salud deteriorada del periodista César Lévano, entonces dirigente de PC Mayoría.

En la madrugada del 25 de mayo fueron llamados los ocho del grupo que serían deportados a Argentina. “Mientras nos iban llamando a la puerta todos aplaudíamos y cantábamos ‘La Internacional’. Algunos suponíamos que nos enviaban a la muerte”, recuerda.

Volaron a Jujuy, Argentina, en un avión Hércules de la FAP. Iban enmarrocados a los asientos. “También viajaron en el mismo vuelo los vicealmirantes de la Marina de Guerra del Perú José Arce Larco y Guillermo Faura Gaig. Ellos viajaron con uniforme de gala y condecoraciones, con marineros que les cargaban las maletas y con sus esposas despidiéndose en la escalinata del avión. Viajó, secuestrado también como oposición de derecha el director del semanario El Tiempo Alfonso Baella Tuesta”.

Según Letts, el asesinato de los izquierdistas en manos de los militares argentinos no se pudo concretar porque “no era posible, dable, sensato, mantener vivos a los dos vicealmirantes, los dos sindicalistas y el periodista de derecha y asesinar a los ocho “delincuentes subversivos”. Los que permaneciesen vivos se convertirían en testigos. Tampoco se les podía asesinar. El plan se les había enredado a los asesinos”.

Del mismo modo, Letts no explica por qué, al día siguiente, el Ministerio del Interior peruano publicó un comunicado oficial con el nombre de los 17 deportados. ¿No equivalía a dejar huellas dactilares por toda la escena del crimen?

Luego de varios días de aislamiento en Buenos Aires, los encarcelados “rompimos el aislamiento” el 6 de junio. “El embajador peruano Felipe Valdivieso llegado el momento ayudó”. Cuatro (Letts, Ricardo Napurí, Javier Diez Canseco y Genaro Ledesma) viajaron a París. Otros salieron a México.

Y cuatro días después se eligió a la Asamblea Constituyente. “De los 13 efectivamente deportados, once éramos candidatos, todos fuimos elegidos”, argumenta. “Conmigo –no tengo ninguna duda– se hizo fraude. Mi elección no fue nunca reconocida”. Curioso si se toma en cuenta que todo el enredado alfabeto de izquierda sacó nada menos que 30 asientos.


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