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Disperso entre efectos cotidianos y viajes surrealistas, óleos de Jorge Velarde van hasta el 11 de marzo.

Flexiones y Distorsiones

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Ruth la acróbata (2010). Velarde es cofundador del colectivo “Artefactoría”, inspirado en el modernismo y surrealismo, y centrado en el divorcio de la realidad.

Es a través de los ojos que la cotidianeidad entra a la mente y va nutriendo cada espacio del cuerpo como quien abre un caño y espera a que el agua se deslice por los costados. Así, lo observado se introduce a una realidad paralela conformada por ondas multiplicadas de color e imágenes que viajan por caminos sinuosos, se mezclan con recuerdos tergiversados y se unen a creaciones fantasmagóricas que la mente tiene la capacidad de inventar a su modo y tiempo. Curiosa e inexplicable acción. De esta manera, lo visto no pasa a ser otra cosa que un pasaporte (con visa incluida) hacia el más puro reencuentro con la imaginación.

Encuentro en el que es el pintor Jorge Velarde (Guayaquil, 1960) el agente y el realismo el receptor. Y así se dan vueltas en un círculo en donde cualquiera puede apostar por el lugar del otro. En Dispersiones, Velarde apunta por la figura humana para despegar una y mil reflexiones sobre su esencia. Ahí, el realismo figurativo alimenta de color y de una técnica impecable largos caminos de lienzo en donde se debate el recuerdo y el olvido con cierta dosis de ironía. Retratos cuya trementina está a base de registros psicológicos repensados e intervenidos y que reflejan un claro contrapunto entre la vida y la muerte. Una muerte que posee a la sátira en cada una de sus letras.


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