miércoles 18 de septiembre de 2013
Usuarios
e-mail:
Contraseña:
¿Olvidó su contraseña?
InstruccionesHáganos su Página de InicioAgréguenos a sus Favoritos
 
 
 
Edición 2220

23/Feb/2012
 
 
Secciones
Acceso libre Nos Escriben ...VER
Sólo para usuarios suscritos Mar de Fondo
Acceso libre ActualidadVER
Acceso libre CorrupciónVER
Acceso libre FútbolVER
Acceso libre TecnologíaVER
Acceso libre BicentenarioVER
Acceso libre DeportesVER
Sólo para usuarios suscritos Bienes & Servicios
Sólo para usuarios suscritos Cultura
Sólo para usuarios suscritos Caretas TV
Acceso libre CineVER
Sólo para usuarios suscritos El Misterio de la Poesía
Acceso libre Conc. CanallaVER
Sólo para usuarios suscritos Quino
Columnistas
Sólo para usuarios suscritos Raúl Vargas
Sólo para usuarios suscritos Gustavo Gorriti
Sólo para usuarios suscritos Augusto Elmore
Sólo para usuarios suscritos China Tudela
Sólo para usuarios suscritos Luis E. Lama
Ediciones
anteriores


Última Edición: 2300
Otras Ediciones Anteriores
 
 

Inicio > Revista

Opinión “Las fotos muestran a familias de colonos navegando dentro de sus casas al lado del televisor plasma. ¿Y los haitianos?”.

Casi Trescientos

HANGAROA, 19 DE FEBRERO DE 2012

En las versiones web de diarios y revistas que consulto durante los veinte días que llevo fuera del Perú, las noticias parecen seguir un libreto un tanto desgastado. Lluvias intensas en los Andes, en la Amazonía y cerca de Lima. Un incendio en Mesa Redonda (que rápidamente pasó a segundo y luego a tercer nivel porque no hubo muertos achicharrados). Fernando Rospigliosi declara que todo sigue siendo igual o peor. Cae Artemio y empiezan las sospechas (¿de qué?). Vidal no aparece en la foto, caerá Vidal y ya empezaron las sospechas (¿de qué?). Los gremios privados siguen alertando sobre el rechazo a las inversiones mineras. En San Pedro de Lloc, gracias a la presión ciudadana, la pésimamente acreditada empresa española Befesa ya no podrá construir su basurero contaminante cerca del cerro Chilco. Cámbiale nombres y fechas al repertorio y resulta una palindromía veraniega bastante aburrida.

Salvo una ínfima noticia a la que si le pones la lupa te dará quizás lo único importante que viene ocurriendo en el Perú desde hace varias semanas. El asunto en realidad empezó antes con el zumbido imperceptible de lo mafioso. Desde que Haití terminó de estragarse con el terremoto de enero de 2010, se calcula que por nuestro territorio hacia Brasil ya han pasado no menos de cinco mil haitianos en ruta hacia el enorme vecino. Buscan algo, trabajo, asistencia humanitaria, no estar donde estuvieron. Pasaron por Iñapari, un lugar en el que recién con la Interoceánica se cuenta con una sucursal del Banco de la Nación, lo que permite que por primera vez en la historia ese punto fronterizo cuente con telefonía y con un lugar donde inscribir una planilla para hacer pagos.

Por esas cosas de las mafias de pronto un número aún no precisado de estos haitianos se quedó varado en Iñapari. En las informaciones algunos medios hablan de doscientos setenta, aunque la mayoría prefiere lo pragmático. Casi trescientos. En Iñapari simplemente no es posible estar, el pequeño espacio urbanizado se encuentra absolutamente copado, los grandes aserraderos se ubican lejos del pueblo, aparte de yucas y plátanos no puedo imaginar de qué alimentos adicionales se puede disponer y menos para casi trescientas personas. ¿Se habrá armado carpas para alojar a casi trescientos, entre los que hay niños porque los haitianos siempre están rodeados de sus propios niños? ¿Qué parte del monte depredado usarán como baño? ¿Qué harán durante las horas de sol en ese infierno de vegetación indiferenciada e insectos que llevan infecciones?

Los casi trescientos haitianos de Iñapari esperan, pero mientras esperaban, los ríos Acre y Yaverija se desbordaron gracias a unas lluvias que parecen venidas de cilindros volcados. Las fotos muestran a familias de colonos navegando dentro de sus casas al lado de la refrigeradora y el televisor plasma. ¿Y los haitianos? El gobierno de Dilma ya dijo que no los dejará entrar; el nuestro, que les dará trato humanitario pero que hay que tener cuidado pues la zona es perfecta para el mochileo de droga entre Acre, Puerto Maldonado y Cobija, y casi trescientos inexistentes haitianos resultan mano de obra asegurada y casi a costo cero, cualquier cosa es mejor que sentir cómo se te suben los isangos hasta las ingles para torturarte mientras aguardas. O casi aguardas porque ya sabemos cómo es, se quedarán, se instalarán como en su tierra, algunos lograrán pasar y así justificar los cinco mil dólares que pagaron a un mafioso. Los que no, anotarán un nuevo párrafo en nuestra historia, una insignificante información, casi un detalle baladí. (Escribe: Rafo León)


 


anterior

enviar

imprimir

siguiente
Búsqueda | Mensaje | Revista