Bicentenario Rumbo Al Bicentenario
Entre el Primer y el Segundo Centenario
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Para José de la Riva-Agüero, los Incas fueron una especie de “China joven”. |
Aunque no es posible saber qué le depararán al país los próximos años, sí es posible conocer nuestra realidad y su pasado, a la vez que nos preparamos con optimismo y creatividad para afrontar los retos que se vienen. Es con ese ánimo que CARETAS prosigue con su iniciativa periodística con miras a celebrar los próximos doscientos años de nuestra vida republicana. En esta ocasión el ensayista Alfredo Barnechea comenta el libro Profecía y patria en la historia del Perú, del historiador inglés e hispanista David Brading. Además, el ex ministro de Economía y Finanzas, Luis Carranza, analiza el futuro de la crisis europea. Entregas, sugerencias y colaboraciones patrióticas a bicentenario@caretas.com.pe.El historiador inglés David Brading es uno de los más reconocidos “hispanistas” del mundo. Brading comenzó como un especialista en la historia mexicana, pero luego su trabajo fue creciendo hasta abarcar una mirada global sobre el continente. Su obra monumental, “Orbe indiano” (titulada en inglés “First America”), publicada en 1992, alrededor del Quinto Centenario del descubrimiento, es quizá su obra más difundida.
Brading está también estrechamente vinculado al Perú, incluso por lazos familiares. El Fondo Editorial del Congreso de la República acaba de publicarle una colección de ensayos, “Profecía y Patria en la Historia del Perú”.
El libro reúne ensayos y conferencias sobre el Inca Garcilaso, la idea de la Patria criolla, Vizcardo y Guzmán, y un “Tríptico republicano” referido a Manuel Lorenzo Vidaurre y la crisis de la Independencia, Mariano Felipe Paz Soldán y la Patria Liberal, y José de la Riva-Agüero y su nacionalismo histórico. Sobre este último, como es natural, Brading comienza señalando su precoz trabajo, “La Historia en el Perú” (1910).
Riva-Agüero determinó que los Incas fueron una especie de “China joven”, cuyo desarrollo fue cortado por la conquista.
No le gustaba Calancha, porque reducía todo a una historia conventual, y se dio cuenta que “todos los males que han afligido y afligen a los modernos estados hispanoamericanos existían ya en aquellos conventos, que venían a ser como diminutas repúblicas en las que los criollos daban muestra en minúscula escala de sus infelices calidades de gobierno”.
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Del historiador inglés David Brading. (Fondo Editorial del Congreso, 2011). |
Percibió que Lima era una suerte de Bizancio, “una Bizancio pálida y quieta”. Curiosamente Vallejo, cuando se preguntaba qué estaría haciendo “mi andina y dulce Rita, de junco y capulí”, dijo también que lo ahogaba Bizancio y dormitaba la sangre “como flojo coñac dentro de mí”.
Riva-Agüero escribió que el fracaso de la Confederación Perú-Boliviana había sido “una de las mayores desgracias nacionales”. ¿Qué habría pasado si triunfaba? ¿Y antes, si se hubiera realizado el sueño de la monarquía criolla de San Martín? Brading dice de esto: “Comentó entonces que las fuerzas patriotas y las realistas habrían podido reconciliarse, se habría evitado la división del Alto y Bajo Perú, y el Perú podría muy bien haberse convertido en el ‘Brasil del Pacífico’, consolidando su hegemonía con la integración de Guayaquil”.
Brading pasa a reseñar a continuación “Paisajes Peruanos”.
Al salir del Cusco, la vio como hay que verla, “desde lo alto y desde lo lejos, emperatriz destronada de infaustos destinos”. En Ayacucho, cuya Pampa, como un desolado anfiteatro del futuro, le produjo una intensa tristeza, llegó a la conclusión que a través del mestizaje se crearía la “futura nacionalidad” del Perú. Pero sobre todo se dio cuenta que esa nacionalidad no podía fundarse sobre la costa, un inmenso desierto cuyo archipiélago de oasis “no es ni puede ser cuerpo suficiente para una gran nacionalidad”. Menos aún Lima, “hija de Sevilla y nieta de una sultana”. Era en las provincias de la sierra, “el solar del Perú incaico, la entraña del Perú español, el campo principal de la historia patria hasta la primera mitad del XIX y que algún día ha de volver a serlo”.
Esto era 1912, en las vísperas del primer Centenario, cuando el señorito limeño emprendió a lomo de mula ese viaje por los Andes. Entre tanto, Mariátegui y Valdelomar componían frases ingeniosas (y frívolas) en el Palais Concert.
¿Qué pasó entre ese primer Centenario y el segundo en cuyas vísperas estamos?
La población del Perú abandonó masivamente los Andes y se estacionó en la costa, donde antaño habían florecido suntuosos principados, pero nunca las bases de ningún estado “pan-peruano”. Cuando se cumpla el Bicentenario, acaso dos tercios vivirán en unas pocas ciudades, casi todas costeñas, y la principal de ellas, de hecho la primera ciudad “andina” del Perú, será esa hija de Sevilla y nieta de sultanas que es Lima.
En estos cien años los peruanos se hicieron nómades (entre ellos ese más de diez por ciento que vive en el extranjero). Pero nómades “conectados”.
La relación Costa-Andes marca el diálogo inmemorial de la civilización peruana, ahora vuelta de cabeza por la demografía. Los Andes y la Amazonía serán fuentes de agua, oxígeno…y metales. Pero el centro de gravedad ha sufrido un cambio sísmico.
De haber vivido, ¿qué habría dicho el gran historiador, que venía de tan añejos linajes limeños, orgulloso de esos ancestros, de esos viejos capitanes que dormían al pie de sus cabalgaduras comiendo mazorcas de maíz?
A nueve años del Bicentenario, creo que se impondría una reflexión nacional sobre cómo ordenar ese eje, ese nuevo “vaivén” entre Costa y Andes, alrededor de los cuales se tejió siempre la historia peruana. ¿Cuál será nuestra matriz energética? ¿Cómo manejaremos la principal materia prima del futuro, el agua? Orgullosos de la pampa y la quinua pero también del oro del Korikancha, ¿cómo será la relación de largo plazo entre minería y agricultura? ¿Y cómo les agregaremos a ambas valor, en un comercio global que intercambiaba cada vez más “talentos”, “capacidades” casi más que “bienes”? ¿Qué recordamos de las viejas civilizaciones andinas y de qué nos olvidamos? ¿Cómo seremos internacionales y al mismo tiempo seguros de nuestra identidad?
Reflexiones que me ha suscitado la lectura de este hermoso libro de Brading, del que esperamos todavía una “opera magna” sobre el Perú. (Por: Alfredo Barnechea)