Justicia Un nuevo y dramático caso pone en evidencia la falta de un reglamento de aborto terapéutico, legal desde hace más de 80 años.
Protocolo Que No Espera
 |
R.H., con hemiplejia y afectada por convulsiones y una malformación cerebral pasó vía crucis para acceder a un aborto terapéutico. Fue intervenida casi a los 6 meses de embarazo. |
Las convulsiones comenzaron cuatro meses después de alumbrar a su segunda hija. R.H. ingresó por emergencia al hospital Cayetano Heredia y cinco días más tarde le dieron el diagnóstico.
Una malformación arterial venosa congénita de casi cinco centímetros que debía extraerse, le dijeron, con radiocirugía. Una intervención “a cielo abierto” se complicaba por el difícil acceso a la zona del cerebro que alojaba al cuerpo extraño.
Era 2010 y ningún hospital del Ministerio de Salud contaba con la tecnología para operarla. Solo dos clínicas privadas tenían la capacidad, y la intervención costaba inalcanzables S/. 30 mil.
Las convulsiones continuaban. En cualquier momento podían hacer reventar la malformación y matarla.
Al final se operó en Argentina “a cielo abierto”, para lo que tuvo que sacar la residencia porque allí tiene familia, y le quedaron 32 puntos en la cabeza. Le sacaron la malformación que ya superaba los 6 centímetros. Los doctores le advirtieron que no podría planificar su familia con inyecciones ni pastillas, de por vida.
De nuevo en el país, volvió a consulta con el neurólogo en Cayetano, al que le solicitó que derive a ginecología el pedido para ligarse las trompas. Dice que le dieron muchos rodeos porque solo se permite la ligadura con 30 años y al menos tres hijos. Ella tiene 28. Cuando la ginecóloga la revisó se dio cuenta de que se encontraba embarazada con casi tres meses. Mortificada, respondió que debido a su condición, ella y el padre de sus hijas usaban preservativos.
Preguntó si era candidata al aborto terapéutico. La ginecóloga le dijo que “solamente se hacen cuando hay riesgo inminente de vida y a ti no te van a tratar así porque tendrías que estar internada y no creo que resulte”. Sobre los riesgos de malformaciones debido a los rayos X, las embolizaciones y la anestesia general por las que acababa de pasar, “me dijo que eso se sabría cuando nazca”. Le propusieron una cesárea.
Con las convulsiones cada vez más frecuentes, R.H. había desarrollado hemiplejia en todo el lado izquierdo de su cuerpo.
Tras un mes y medio de negativas, entró en contacto con el Centro de Promoción y Defensa de los Derechos Sexuales y Reproductivos (PROMSEX).
El aborto terapéutico es legal en el Perú desde 1929 pero, insólitamente, no cuenta todavía con un protocolo a nivel nacional, lo que en la práctica lo hace inaplicable. Las perjudicadas son las peruanas de menos recursos. “Esto solo afecta a las mujeres que dependen del Ministerio de Salud”, lamenta Susana Chávez de PROMSEX. “Ninguna mujer con dinero va a ser expuesta a la situación por la que pasó ella”.
Así, hace apenas dos semanas, con casi seis meses de embarazo, R.H. pudo acceder a la intervención en la Maternidad de Lima gracias a un informe de neurología emitido en el Hospital Loayza, que confirmaba los altos riesgos del embarazo. En Cayetano no se expidió el documento. Allí establecieron que una junta médica de unos 9 integrantes se tomaría dos semanas –tiempo crucial en las circunstancias– para tomar una decisión que también podía ser negativa.
“Las 22 semanas eran el límite hasta donde puede intervenir la Maternidad y era justamente lo que se pretendía en Cayetano, que se sobrepase el límite”, denuncia Chávez.
El “milagro” de la Maternidad de Lima, una dirección nacional de Salud cuyo nombre oficial es ahora Instituto Materno Perinatal, se produjo porque en el año 2007 se expidió allí un reglamento para regular el aborto terapéutico en todo el país. El entonces ministro, Carlos Vallejos, revirtió la decisión y anunció la formación de una comisión multisectorial para resolver el pendiente. Así, el alcance del protocolo de la Maternidad se circunscribe solo a dicho hospital.
La mencionada comisión produjo un documento que hasta ahora no es dado a conocer. Chávez pasó por la actual gestión del ministro Alberto Tejada, como asesora de alta dirección del viceministerio, pero renunció en diciembre último. Califica al titular del despacho como “totalmente frívolo” y revela que “él decía que no iba a salir a hablar de temas negativos. La respuesta oficial sobre el protocolo es que está en revisión pero en realidad no hay nada. Tenemos un poder fáctico de la iglesia católica que ha puesto la oposición al aborto terapéutico como su símbolo máximo”.
R.H. vive una situación dramática pero tuvo mejor suerte que Laura Leaño, que en 2010 denunció que, también en Cayetano Heredia, se le negó el aborto terapéutico a pesar de sufrir un avanzado cáncer al pulmón y que el feto sufría de hidrocefalia. Ysabel Marín, abogada de PROMSEX, también la asesoró: “Le dicen, señora, usted continúe porque la quimioterapia no va a afectar al feto”. A los siete meses, por una baja de presión, debieron practicarle una cesárea. Como era de esperarse, el bebé falleció a los pocos días. “A sus 33 años la sometieron, en su último año de vida, a un embarazo con cesárea y enterrar a un recién nacido con hidrocefalia. Estuvimos con ella cuando le dijeron que el bebé había muerto”, añade Chávez. “Lo que hizo ese embarazo fue incrementar la gravedad de su caso. Vivió un año más”.
Chávez cifra en unos 150 los casos anuales de este tipo que no reciben respuesta del Estado. Entre ellos los hay emblemáticos, como el de la joven Karen Llantoy, obligada a culminar la gestación de un feto con anancefalia, sin una fracción del cerebro, que moriría de todos modos (CARETAS 1966). Ella llevó su caso a Naciones Unidas, que condenó al Perú y lo instó a implementar el reglamento.
En octubre último, el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer del mismo organismo multilateral falló de similar modo por el caso de L.M.C.P., una niña de 13 años violada repetidamente por un vecino y que intentó suicidarse al confirmar su embarazo. También le negaron el aborto terapéutico a pesar de hallarse parapléjica (CARETAS 1982). Pero, en el Perú, no se oye padre. O solo oyen a los padres.