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El Reino de Este Fundo

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Cardenal Cipriani pidió “disculpas” a comunidad de la Católica. Para seguir negociaciones se podrían neutralizar juicios sobre la herencia de Riva Agüero.

El destino de los bienes y la modificación de estatutos se entrelazan en las negociaciones abiertas entre la PUCP y la Iglesia.

"Oportet ut scandala eveniant”. El dicho en latín es aplicado frecuentemente en los pasadizos de la Santa Sede y alude a la pertinencia política de armar un buen escándalo. Según la descripción que hace el Vatican Insider, suplemento del diario italiano La Stampa, el cardenal peruano Juan Luis Cipriani es un estricto observante de tal máxima y para él resulta “mejor pelearse que cultivar conformismos unánimes de fachada”. El problema es que los costos, como reconoce el periódico, han resultado muy altos.

Luego que el Vaticano confirmó lacónicamente su exigencia de modificación de estatutos a la Pontificia Universidad Católica del Perú (CARETAS 2220), causa impulsada con vehemencia por el purpurado, éste expresó en su programa de RPP el deseo de “pedir disculpas, si es que en algún momento me he sobrepasado, a toda la comunidad universitaria”.

Aunque el cambio de tono fue respondido con epítetos de “incoherencia” e “hipocresía” por parte de la Federación de Estudiantes, la verdad es que se respaldó con hechos concretos. El martes 28, los obispos Javier del Río, Miguel Irízar y Lino Panizza asistieron a la asamblea extraordinaria convocada por el rector Marcial Rubio para explicar el estado del desacuerdo.

Se trató de una visita trascendente. Hace cuatro años que la curia no ocupa sus escaños en la asamblea debido al recrudecimiento de la controversia entre el Arzobispado y la PUCP. Este tiene dos frentes: uno en el Poder Judicial, por el destino de la herencia de José de la Riva Agüero, y otro en Roma, por la adecuación de los estatutos a la carta pastoral Ex Corde Ecclesiae firmada por Juan Pablo II en 1991.

Ambos escenarios se encuentran estrechamente relacionados en la fórmula de “solución integral para el conflicto” a la que aludió el comunicado publicado por la PUCP esa misma noche. Una autoridad universitaria dio a entender a CARETAS que, antes de entrar a discutir los estatutos, habría que neutralizar los juicios que ponen en cuestión la propiedad y administración de los bienes. Actualmente pende un embargo sobre parte de ellos, lo que ha paralizado importantes proyectos de inversión debido al congelamiento de créditos.

“¿Cómo vas a ser el buen pastor que lo va a componer todo si tienes los bienes embargados?”, ironiza la fuente sobre el papel de Cipriani.

El abogado de la PUCP, Martín Mejorada, estimó esta semana que los procesos tomarán entre cuatro y cinco años más.

Trascendió que el tema fue significativamente avanzado durante la visita del cardenal húngaro Péter Erdö, el “visitador” enviado por el papa Benedicto XVI en diciembre último. Por eso resultó especialmente desconcertante que nada de aquello fuera incluido en la determinante carta que el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado del Vaticano, le entregó a Rubio en Roma la semana pasada, y en la que le exige a la universidad presentar las modificaciones a los estatutos antes del domingo de Pascua. Se trata de la misma solicitud formulada en julio último.

Los ítems señalados son casi 20, pero tres son los huesos más duros de roer en el Fundo Pando: 1) la potestad del gran canciller, es decir del cardenal, para nombrar al rector de una terna propuesta por la asamblea, 2) el derecho del cardenal a remover y sancionar al personal y, 3) la condición “eclesiástica” de los bienes de la Universidad.

En la PUCP aluden a que los actuales estatutos ya se encuentran adaptados a la carta pastoral y que esta no determina ese protagonismo del gran canciller. La historia de los desencuentros entre la Iglesia y el centro de estudios, además de los intentos por conciliar los estatutos desde 1994, cuando el obispo era Juan Luis Vargas Alzamora, fue desarrollada en CARETAS 2195. En esencia, la Universidad se escuda en la autonomía universitaria garantizada por la ley peruana. El Arzobispado responde que el Concordato firmado con el Vaticano en 1980 determina excepciones para las instituciones católicas en su relación con Roma.

En septiembre pasado, la asamblea se negó a integrar las correcciones del Vaticano.

Una voz próxima al cardenal concluye que “aunque la Universidad pierde algo con el cambio de estatutos, si rompe con la Iglesia pierde mucho más”. Puede ser cierto, pero el cambio de actitud tiene su correlato al otro lado del mostrador. Durante una de sus reuniones en Lima, y al comprobar el alcance del campus, Erdö admitió que “es muy difícil fundar universidades católicas de este tamaño”.

El también presidente de la Conferencia Episcopal de Europa declaró en Roma el 15 de febrero pasado a la agencia de noticias ACI Prensa que “he visto que la sociedad en Perú es profundamente polarizada por muchos problemas, cuyos aspectos también se aprecian en el interior de las instituciones, en el interior de las comunidades cristianas. Así parece que este discurso (la controversia) todavía no ha terminado, sino que se trata de una cuestión que todavía tendrá un posterior desarrollo”.

Los matices comienzan a reconocerse con el proceso iniciado el martes 28, que amplía significativamente la ventana de negociación.

¿Acaso la apertura representa una “zanahoria” ya vislumbrada por el Vaticano luego del “palo” que le dieron a Rubio en Roma? ¿O el poderoso cardenal Bertone, actualmente en problemas (ver recuadro), fue persuadido por Erdö y los cardenales peruanos que también se reunieron con él?

Lo cierto es que, un día antes de la asamblea, el nuevo nuncio apostólico, el estadounidense James Patrick Green, le anunció a Rubio en su despacho de Jesús María que, a pedido expreso del mismo Bertone, la Conferencia Episcopal nombraba como sus representantes a los tres obispos que finalmente asistieron.

Resulta sintomático que Salvador Piñeiro, recién elegido presidente de la Conferencia Episcopal tras derrotar a Cipriani (CARETAS 2217) declarase conciliador luego de verse con Bertone que “la Iglesia no pretende intervenir ni poseer bienes de la PUCP”.

El Vatican Insider explicó la victoria de Piñeiro en “la exasperada dialéctica interna que caracteriza al episcopado peruano. De hecho, desde hace más de 15 años, la Iglesia de Perú se divide y discute alrededor de la figura y de las “performances” de Cipriani. El hijo de una pareja de supernumerarios del Opus Dei que llegó a cardenal ocupa la escena con un protagonismo incluso mediático que parece excéntrico con respecto al estilo normalmente reservado de los hijos espirituales de San Escrivá”.

Monseñor Cipriani comenzó, pues, a tildar su código con otros acentos. Se puso en contracto con Rubio cuando su hija falleció tras una penosa enfermedad, lo que coincidió exactamente con la elección de Piñeiro. “Me mandó una carta de condolencia y dijo que quería verme”, reveló el rector a CARETAS. “Fui a su casa en una visita completamente privada y tuvimos una conversación de media hora que no tuvo nada que ver con los conflictos sino con mi situación personal de duelo. Tengo que reconocer que el cardenal se portó muy bien personalmente conmigo, y un poco que se restableció un contacto que tal vez nunca se debió haber perdido”.

Cipriani y Rubio se volvieron a encontrar la semana pasada en el avión que los trajo de vuelta de Roma. Allí sí charlaron sobre la situación de la Universidad por alrededor de una hora.

Las circunstancias no han mellado el buen humor de Rubio. “Ya ve, si hubiéramos firmado los cambios no estaríamos conversando ahora”, le bromeó a monseñor Panizza al entregarle de regalo un pequeño cofre de madera, luego de culminar las casi cinco horas de sesión extraordinaria del martes. Panizza es el secretario ejecutivo de la Conferencia Episcopal mientras que el obispo Del Río, integrante de la conservadora orden de los necocatecuménicos, es su vicepresidente.

“Hay que ver cómo conversamos”, insiste Rubio. “Vamos a dialogar con la jerarquía de la Iglesia como ella considere para encontrar una fórmula de solución. Ellos dirán si es con el cardenal Cipriani, con el presidente de la Conferencia, con el nuncio, o con los tres juntos”.

La gran interrogante es si, más allá de las intenciones, hay una posibilidad real de negociación en torno a los tres puntos álgidos de los estatutos y el destino de los bienes.

“Negociar es hablar”, responde tras una larga pausa. “Yo no sé si va a haber un punto medio, aunque indudablemente hay una voluntad por encontrarlo. Voy a poner todo mi esfuerzo por llegar a él, dentro de los límites que me da la asamblea”.

Luego Rubio reparte a los religiosos prendedores con el nuevo logo de batalla: “Somos PUCP, seámoslo siempre”. P por Pontificia y C de Católica.

Tormenta Vaticana

El poderoso cardenal Bertone y el caso de los “Vati-leaks”.

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Bertone supervisa el caso PUCP. Visitó el Perú en 2007.

El cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado de la Santa Sede y número dos del Papa Benedicto XVI, se ha visto envuelto en una tormenta de proporciones bíblicas. El llamado caso “Vati-leaks” consiste en una serie de filtraciones a los medios. Entre las más reveladoras están dos cartas del cardenal Carlo Maria Vigano, actual nuncio en los Estados Unidos. Una misiva fue enviada al papa Benedicto XVI y otra al propio Bertone. Allí Vigano hace severas acusaciones de corrupción y malos manejos a varios subordinados del secretario de Estado.

Esto se suma a las especulaciones sobre la salud del papa Joseph Ratzinger y el supuesto favorecimiento a Angelo Scola, cardenal de Milán, como su sucesor. La puja por la sucesión se habría desatado y Bertone también es un ambicioso aspirante. El primero es de un corte incluso más conservador que el segundo.

A pesar de ello, el secretario de Estado viene siendo aislado. El novelista italiano Antonio Tabucchi lo señaló en una columna publicada en el diario El País como uno de los principales aliados del defenestrado presidente Silvio Berlusconi y “a pesar de eso sigue siendo uno de los principales consejeros del Papa”.

El periódico L’Espresso añade más detalles de la relación de confianza entre ambos personajes y sugiere claves para entender el manejo del caso de la PUCP: “El hecho es que, al nombrar a Bertone secretario de Estado, Benedicto XVI pensó sacar ventaja de su sincera devoción e incansable activismo para encargarle las tareas de gestión de las que él –el teólogo y profesor– quería mantenerse alejado. Bertone aceptó con entusiasmo pero interpretó la asignación a su propio modo. ¿El Papa no quería viajar mucho? Comenzó a recorrer el mundo en su lugar. ¿El Papa quería mantener la nariz en sus libros? Comenzó frenéticamente a cortar lazos en inauguraciones, reunirse con ministros, bendecir a muchedumbres, dar discursos en todas partes sobre todos los temas. El resultado fue que el secretariado de Estado le sirvió más a la agenda de Bertone que a la del Papa”.

La paradoja consiste en que la crisis viene cuando Benedicto XVI emprende ambiciosas acciones para castigar la pedofilia en la curia y poner en orden las millonarias y cuestionadas finanzas de la Iglesia.


 


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