Vida Moderna Las mujeres al poder, al menos cada vez más. Su lugar en los binomios de influencia solía ser relegado al puesto de asistente práctica y emocional.
Constelación Femenina
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1 Dilma Rousseff, presidenta de Brasil, el gigante económico de la región. 2 Angela Merkel, lideresa alemana clave en el manejo de la crisis del euro. 3 Cristina Kirchner, con problemas en casa pero reelecta abrumadoramente. 4 Christine Lagarde, la ex ministra francesa ahora al frente del Fondo Monetario Internacional y 5 Colombiana María Emma Mejía, secretaria general de Unasur. |
Hoy las mujeres con el mango de la sartén son muchas más y gozan de una significativa presencia en el imaginario mediático. Aunque los parlamentos, gabinetes y alcaldías del mundo recién comienzan su largo camino a la equidad, el poder lleva las faldas cada vez más puestas. La primera fila es llamativa, rompedora. Ejemplos mediáticos y rutilantes son los de jefas de Estado como Dilma Rousseff, al mando del gigante brasileño, y Ángela Merkel, cuyo firme pulso en Alemania sostiene el fino hilo del que pende el euro.
Es otra mujer francesa, Christine Lagarde, la que lleva los destinos del Fondo Monetario Internacional en medio del prolongado aguacero financiero internacional. Más acá, la periodista y ex canciller colombiana María Emma Mejía tiene el encargo de conjugar las divergencias de la región en la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur).
¿Y cómo está el paisaje detrás del primer plano?
Esta semana ONU Mujer y la Unión Interparlamentaria (UI) presentaron el Mapa de las Mujeres en Política 2012. La presidenta del primer organismo, la ex mandataria chilena Michelle Bachelet, reconoció los avances de los últimos años, pero también su lentitud.
Las jefas de Estado y Gobierno pasaron de 5 en 2005 a 17 en la actualidad. De menos impacto es el porcentaje de las ministras en el globo. De ser el 14.2% en 2005 pasaron al 16.7% en 2012.
El gabinete Valdés se queda en el promedio del mundo, por debajo del continental, que alcanza el 21.4: de 19 carteras, solo tres son ocupadas por mujeres (Ana Jara en Mujer, Carolina Trivelli en Inclusión Social y Patricia Salas en Educación).
Otros vientos soplan en los fríos países nórdicos, que tienen el mayor porcentaje de ministras, con casi la mitad. Los países árabes van en la cola con 7%.
“Hoy pido un mayor compromiso de los líderes para aumentar la participación de las mujeres en la política”, invocó Bachelet. “Animo a los países a utilizar las cuotas para ampliar la participación de las mujeres en el Parlamento. También es bueno para abrir un debate público sobre el derecho de las mujeres a participar en el gobierno y ocupar cargos públicos. La democracia se fortalece con la participación plena e igualitaria de las mujeres”.
En términos parlamentarios, el Perú es el país número 58 de la lista, con 21.5% de congresistas mujeres. Habrá que reconocer, sin embargo, que los recientes escándalos recuerdan que el género no es garantía de pulcritud política.
Y tampoco una mayor igualdad se condice necesariamente con la evolución democrática. Los países latinoamericanos mejor rankeados en participación parlamentaria de la mujer son Cuba, con el tercer lugar en todo el mundo (45.2 de mujeres en la Asamblea Nacional) y Nicaragua (en el puesto 9, con un salto espectacular del 18.5% a 40.2% congresistas en las elecciones del año pasado que vieron reelegirse a Daniel Ortega).
Otros países de la región que también superan al Perú son Costa Rica (puesto 14), Argentina (17), Ecuador (22), México (37) y Bolivia (37).
Las últimas elecciones municipales en el Perú también significaron un importante incremento porcentual de 20% de alcaldesas. Pero cuando se acerca la lupa el panorama no es muy halagador. Son 60 alcaldesas de un total de 1,713 burgomaestres elegidos en todo el país.
¿Y presidentas regionales? Ninguna.
En el semillero, la irrupción de elocuentes dirigentes universitarias como Sigrid Bazán, que preside la Federación de Estudiantes de la Pontificia Universidad Católica, auguran un futuro de más paridad. El camino por delante es todavía muy largo.