Opinión “Seguimos haciendo el esfuerzo por creer que Ollanta Humala puede crear un estilo de gobierno despojado del cinismo y la mentira”.
¿Y si Fuera lo Mismo Solo que Peor?
LIMA, 15 DE MARZO DE 2012Muchos peruanos seguimos haciendo aún el esfuerzo, porque pensamos que vale la pena, porque ya nos llegó la historia de los últimos veinte años en los que gobernar el país fue una oscilación entre el grand guignol fujimontesinista y el sainete irresponsable de Alan, pasando por eso que nadie sabe bien qué fue, el periodo de Toledo y la desequilibrada señora Karp. Las encuestas lo expresan pero más que a sus correlaciones uno les tiene que hacer caso a sus propias ideas, para ver en cuánto coinciden o no con sus grupos de referencia, con la realidad del Perú que se conoce, con los propios proyectos y expectativas. Y por eso insisto en pensar que muchos peruanos seguimos haciendo aún el esfuerzo por creer que Ollanta Humala puede terminar creando un estilo de gobierno al menos despojado del cinismo y la mentira que tanto nos han erosionado en dos décadas del más crudo bananerismo.
Ese deseo, sin embargo, muy rápido se está convirtiendo ya en una desilusión o en una confusión entre la realidad y el anhelo mismo. Era fácil intuir desde que Ollanta se lanzó en campaña que Antauro Humala le iba a soltar los perros del nacionalismo reservista a la primera de bastos. Que con su estilo lumpen, que le abre puertas en todos los sectores marginales y corruptos, desde los mineros chinos hasta los extractores ilegales de oro, Antauro acarrearía con el sector de promesas imposibles de cumplir que se le atribuyeron al hermano. Y sin embargo, todos hemos caído en ese juego, para empezar el propio presidente Humala y su lúcida y poderosa esposa. Eso tendría que haber estado en los planes de prevención de conflictos de Humala y sin embargo, la profecía se está autocumpliendo.
Otra vez el entorno familiar y amical de confianza arrasando con todo, me parece que mucho más parecido al fenómeno fujimorista que al de Toledo. El Cholo tenía sobrinos juergueros y violadores de poca monta, personajes impresentables que bien podrían haber sido los jaladores de un taller de cambio de tubos de escape capaces de cualquier sajiro con tal de ganarse alguito. Lo de Humala tiene otro rostro, está entramado con los militares, cuenta con un primer ministro que es más amigo de los poderes en la sombra que de la democracia, tiene el máximo de popularidad en un sector alto que en el Perú aún es sospechoso de toda clase de compadrerías, alianzas espurias y arrebatos fascistoides. Y aún así, habemos peruanos que persistimos en creer que la cosa da para un buen giro, a pesar que en las últimas semanas todo lo que viene ocurriendo es de signo opuesto. ¿Será que los esperanzados hemos caído en el juego del silencio presidencial y sus efectos mágicos? ¿Nos sentimos seguros con los crípticos mensajes que Nadine Heredia coloca en el tuiter, que son para Pedro pero que los oiga Juan?
Observemos las páginas de los diarios de los últimos días. Más que avisos de ofertas de Wong, nos encontramos con comunicados a toda página, del gobierno y de empresas, todos reclamando por un espacio en los intersticios apretados del conflicto entre la industria extractiva y las comunidades. Como si este tema, al igual que el de Antauro, no se hubiera anunciado a toda orquesta desde el gobierno pasado. La peor de las posibilidades quizás vaya a ser la de darnos cuenta de que el silencio, los mensajes crípticos, la discreción y el perfil bajo, esconden el cinismo y la mentira que se nos han pegado a la piel como las cenizas de un muerto devueltas por el viento. (Escribe: Rafo León)