Entrevistas
Bendición en el Desierto
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Con el fondo del destacable Instituto Superior Nuevo Pachacútec en el terreno cedido por el gobierno de Toledo. Un milagro de solidaridad. |
Artífice de un milagro educativo en Ventanilla, monseñor Miguel Irízar habla aquí sobre la lucha por la Católica y demás cortocircuitos eclesiásticos.
Con 78 años, monseñor Irízar se declara hincha del Sport Boys y, por si acaso, también del Barça. Advierte sobre tentaciones demoníacas y no se ruboriza al confesar que en la ducha canta a Chabuca Granda.
Contradiciendo la mala fama que le diera el demonio acosador en aquel pasaje del Nuevo Testamento con sus cuarenta días y cuarenta noches en que Cristo le resistió, el desierto del obispo Miguel Irízar empieza a ser un espacio más amable en el que el Obispado del Callao ha erigido un templo distinto: el Instituto Superior Tecnológico Nuevo Pachacútec. Milagro logrado gracias al apoyo de empresas como Edelnor, el proyecto que antes ya hiciera noticia gracias a la Escuela de Gastronomía dirigida allí por Gastón Acurio, anuncia hoy los logros de su escuela de electricidad: pretexto perfecto para dialogar con el prelado sobre cortocircuitos eclesiásticos non sanctos. Vale persignarse.
–¿Cómo era esa Lima con la que se encontró al llegar de España hace cincuenta años?
–Era una ciudad habitable. Yo estaba en San Isidro, donde casi no circulaban carros por Camino Real.
–Lo enviaron a San Isidro cuando usted pensaba que se iría a la selva.
–Exacto. Los pasionistas somos misioneros, pero me destinaron a la Parroquia del Pilar. Llegué con 26 años, y a los diez días muere mi madre en España.
–¿Se arrepintió de haber venido?
–No, pero ella al despedirme me había dicho “¡hasta el cielo!” Pero Perú me entró muy bien y yo también entré muy bien en el Perú.
–Con 26 añitos no faltarían las feligresas que quisieran conquistarlo.
–Jajaja, bueno, a uno lo veían joven y de buen tipo. A veces me hacían bromas, pero fui respetado.
–¿Y cómo hacía para rechazarlas?
–Con buen humor. Somos humanos y nos pueden tentar, pero el Señor me acompañó, y yo de hecho conocí el mundo en Lima, porque me ordené sacerdote a los 23 años.
–Y fue monaguillo desde los ocho.
–Así es, mi vocación ha sido desde la niñez, y yo era un niño travieso.
–¿Al que sí le gustaban las niñas?
–Sí, pues, pero ingresé a un seminario menor a los 11 años. Mi hermano mayor murió a los 20 años de un proceso pulmonar. El día que lo enterraron se corrió la voz en mi pueblo de que yo me quedaría en casa porque ya no había otro varón, pero mi padre me dijo: “Miguelito, si te gusta lo que estás haciendo, vete tranquilo y no te preocupes por tus padres”. Perdía a su hijo, pero tuvo la suerte de verlo hecho obispo. Y el Perú fue la aventura.
–¿Qué se siente estar tan cerca de Dios?
–En esta vocación, si no tienes esa relación permanente con Dios que es la oración no puedes caminar. Hay quienes después de años abandonan el ministerio, pero mi gran protectora ha sido la Virgen María, quien siempre me ha perseguido amorosamente. Llego al Perú y vengo a la Virgen del Pilar a San Isidro, voy de obispo a Yurimaguas y es la Virgen de las Nieves, y llego al Callao y es la Virgen de Carmen de la Legua. Tentaciones tenemos como todo el mundo.
–¿No le hubiera gustado tener hijos?
–Pues sí, me hubiera gustado también ser padre de familia.
–¿Y no pueden conjugarse ambas realidades?
–Desde mi experiencia te diría que no... En el fondo al vivir el celibato de la consagración a Dios, encuentras otro sentido a tu vida. La fecundidad espiritual es grande.
–Hay quienes dicen que si los sacerdotes pudieran casarse no habría tanto caso de pedofilia.
–Pedofilia no es problema del celibato, sino de trastornos psicológicos, o sea, no solo la inclinación al tipo de homosexualidad que sea. Y son debilidades que a la Iglesia le han dolido en el alma, es un escándalo, y hemos afectado a personas inocentes, pero nos han marcado mucho, porque el porcentaje de los sacerdotes que han tenido esos graves delitos es mínimo. Todo eso ocurre en la sociedad y las familias, pero ha habido ahí una (crítica) mediática muy fuerte por ser la Iglesia una institución, para bajarle su credibilidad o fuerza moral.
–¿No amerita la crítica mediática?
–La crítica la merece, pero lo que ocurre en la sociedad como una práctica no digo más común, no se cuestiona tanto, como si solo fuéramos los malos de esa sociedad los sacerdotes que han caído en eso. Ellos han sido seres débiles que han infringido no solo la ley moral y la disciplina de la Iglesia, sino que han dañado su imagen.
–Ha habido casos en los que a quienes han cometido estos crímenes solo se les ha cambiado de parroquia.
–Esa fue una práctica equivocada, pero en ese tema yo ya no insistiría porque se ha hablado demasiado. Yo más bien miro cuántos cientos de miles de religiosos viven de hecho su vida sacerdotal. Es lo mismo que si hablamos de la familia, las familias auténticas, las familias desquiciadas, los divorciados.
–Y en tiempos de fragmentación, ¿cuál sería entonces el ingrediente necesario para el éxito de una familia?
–Dada la frivolidad que hay en el tipo de relaciones humanas y con el tema de las relaciones sexuales, no se ha tomado en serio que esto es una vocación. Necesitamos tener ante todo estabilidad en el origen de la familia, que es el matrimonio y la pareja. Si eso se quiebra las primeras víctimas son los hijos.
–¿Está el demonio presente en una relación carnal fuera de matrimonio?
–Claro que está, el demonio en la carne y el mundo siempre está presente. Y Dios también, y luego está la responsabilidad de cada uno.
–¿Tenemos acaso el demonio adentro?
–No en el sentido de posesión. El demonio es el tentador permanente. Satanás está en lo que nos anuncia hoy el mundo.
–Entonces, en el perreo de hecho estará el demonio.
–Claro, está metido en ese mundo, en toda esa invasión.
–¿Cuál es su gran decepción del Perú?
–Ahora, que no haya agua potable en Pachacútec. Siempre que me encontraba con el presidente García (“agua para todos”, decía él) le gritaba que aquí no llegaba el agua.
–¿Y a Humala ya le gritó?
–No, todavía no le he gritado.
–¿Y cuándo le va a gritar?
–En el momento en que me lo encuentre.
–¿Es la desigualdad la gran herida del Perú?
–Sin duda. Yo fui de San Isidro a Yurimaguas, donde no había teléfono ni luz eléctrica, incomunicados con el resto del Perú. Viví ahí 17 años, y ahí me di cuenta que estábamos atrasados 50 años respecto de San Isidro.
–¿Qué implica ser peruano?
–Aceptar la propia historia de origen, lo prehispánico, y aceptar nuestra realidad, que somos un país que Dios ha bendecido pero que tiene muchos problemas, pero el problema principal somos nosotros si no nos unimos en un esfuerzo común. Ser menos egoístas y más solidarios.
–A lo largo de su vida habrá usted presenciado cierto tipo de milagros.
–La mayoría de milagros son de orden espiritual. Cuando alguien ha tenido una experiencia muy negativa en su vida, se convierte, se acerca a Dios y a su familia.
–No faltará quien diga que ese milagro sería bueno para Cipriani.
–Ah, sí, bueno, voy a tomar mi agüita.
–En términos de electricidad entonces: ¿Qué hacer con el cortocircuito de la Católica?
–Tranquila. Estuve en la primera asamblea, y el ambiente no es tan negativo. Se ha restablecido el diálogo. Entre las autoridades de la Universidad he visto una actitud muy positiva de Marcial Rubio, y el acercamiento tiene que darse por ambos lados. Debe llegarse a un acuerdo de respeto, pero que se mantenga sin duda la identidad plena de esta universidad católica, pontificia.
–¿La enseñanza en la universidad debe darse siguiendo las propias enseñanzas de la Iglesia?
–No… pero en este momento hay un diálogo reservado.
–¿Digamos que se está obrando un milagro?
–Las cosas han tomado ahora el cauce del respeto mutuo y del diálogo, para encontrar un camino común. Se está dando una calma.(Maribel de Paz)
Carga Positiva
En medio de los arenales de Ventanilla, el Instituto Superior Tecnológico Nuevo Pachacútec está dando buenos frutos. Aquí algunas cifras con buena vibra.
- 174 alumnos estudiando actualmente la carrera técnica de Electricidad.
- Cuatro promociones egresadas.
- 10 mujeres integrando el alumnado.
- 95 por ciento de egresados trabajando en las principales empresas del sector eléctrico.