miércoles 18 de septiembre de 2013
Usuarios
e-mail:
Contraseña:
¿Olvidó su contraseña?
InstruccionesHáganos su Página de InicioAgréguenos a sus Favoritos
 
 
 
Edición 2226

04/Abr/2012
 
 
Secciones
Acceso libre Nos Escriben ...VER
Sólo para usuarios suscritos Mar de Fondo
Acceso libre ActualidadVER
Acceso libre SeguridadVER
Acceso libre EditorialVER
Acceso libre NacionalVER
Acceso libre InternetVER
Sólo para usuarios suscritos Bienes & Servicios
Sólo para usuarios suscritos Cultura
Sólo para usuarios suscritos Caretas TV
Acceso libre CineVER
Sólo para usuarios suscritos El Misterio de la Poesía
Acceso libre Conc. CanallaVER
Sólo para usuarios suscritos Quino
Acceso libre Fe de ErratasVER
Columnistas
Sólo para usuarios suscritos Raúl Vargas
Acceso libre Gustavo GorritiVER
Acceso libre Alfredo BarnecheaVER
Sólo para usuarios suscritos Augusto Elmore
Sólo para usuarios suscritos Luis E. Lama
Suplementos
Acceso libre Responsabilidad SocialVER
Ediciones
anteriores


Última Edición: 2300
Otras Ediciones Anteriores
 
 

Inicio > Revista

Alfredo Barnechea ¿Hasta cuándo durará la ventana de oportunidad que provee el dragón oriental al Perú?

La Transformación China

Si tuviera que usarse sólo una palabra para explicar el crecimiento reciente del Perú y otros países emergentes, sería: China.

A partir de 1978 China tuvo una transformación económica espectacular.

Su comercio creció 100 veces. Se convirtió en la gran fábrica del mundo y en el primer exportador del planeta (sólo en los últimos 15 años, sus exportaciones a Estados Unidos crecieron 1,600 por ciento). China se benefició de la revolución en la tecnología del transporte, que “achicó” al mundo. Sobre esto puede leerse un libro de Marc Levison, The Box (“La caja”) que es la historia del “container”.

Consecuencia de su balanza comercial, se convirtió en el gran acreedor de los Estados Unidos (del que posee deuda por casi 2 trillones de dólares).

En este lapso, 500 millones de chinos salieron de la pobreza. Otrora un país rural, hoy más de la mitad de su población vive en ciudades, y a mediados de siglo mil millones vivirán en ciudades (con “stress” de agua). Cuando eso ocurra, China será la primera economía del mundo.

Este era su sitio antes que estallara la Revolución Industrial, esa prehistoria económica donde lo que mandaba era el tamaño de la población y no la productividad. Aún en 1820, cuando ya esa revolución había alcanzado “velocidad de crucero”, China seguía siendo seis veces el tamaño de la economía inglesa.

Este cambio sísmico de China, y como consecuencia del mundo, parece obra en gran medida de un hombre: Deng Xiao Ping, que gobernó 19 años China, entre 1978 y 1997, el año de su muerte.

Por eso, al final de su distinguida carrera académica (que incluye títulos tan influyentes como Japón como número uno), mi antiguo profesor en Harvard, Ezra Vogel, decidió que tenía que cerrar su larga asociación con Asia con un libro sobre Deng and the Transformation of China (Deng y la transformación de China).

Es una obra monumental, de 876 páginas. No carece de defectos: “derechos humanos” no aparece en su índice temático, y por momentos parece una versión histórica de la familia de Deng, pero ha entrevistado a todos los allegados a Deng (sus intérpretes parecen haber sido una de sus mejores fuentes) y su información es tan completa, que será en adelante la obra canónica sobre el tema.

Deng reemplazó a Mao, sobre quien existe un libro demoledor y fundamental, The Private Life of Chairman Mao (“La vida privada del Presidente Mao”), publicado en 1994 por su médico personal, Li Zhisui, acaso una de los libros esenciales escritos nunca sobre una tiranía. Cuando Deng llegó al poder en 1978 tenía 74 años. Él y su familia habían sido duramente maltratados durante la Revolución Cultural, pero antes que eso ocurriera Deng había sido un leal servidor de Mao.

Iniciado en el PC chino en Francia bajo Zhou-en-Lai, fue luego, durante la guerra civil, uno de los más sanguinarios lugartenientes de Mao, por ejemplo en el “Gran Salto Adelante” entre 1958 y 1961, por cuya hambruna resultaron muertos entre 30 y 40 millones de chinos. Así, la masacre de Tiananmen en 1989, ordenada por Deng, no es sorprendente con estos antecedentes.

Deng se parece por tanto a Kruschev, quien, antes de reemplazar a Stalin, lo había servido como su carnicero en Ucrania. Sin embargo, a diferencia de Kruschev, que denunció a Stalin en el XX Congreso del PCUS en 1956, Deng nunca denunció a Mao. Eso hubiera desacreditado al partido, al que usó como instrumento único de sus políticas. Quizá por eso no sorprende la infidencia de uno de los hijos de Deng a Vogel: pensaba que Gorbachov “era un idiota”. Deng promovió una Perestroika, pero cero Glasnost.

Lo más interesante del libro de Vogel es esto: Deng no tenía al comienzo ningún plan. Todo fue producto de un proceso de “ensayo y error”. Primero pensó en la Francia de su juventud y sus modernas fábricas, luego hizo un tour por Estados y después se acordó de Singapur, donde mandó técnicos a ver qué habían hecho.

Así y todo, aquí están los resultados: una gran transformación, uno de los grandes capítulos, si no el más grande, en la historia del desarrollo económico.

No exento de problemas. El Índice Gini, que mide la desigualdad, se disparó de 0.16 en 1978 a 0.47 en la actualidad (aunque eso ocurre siempre en la “curva” del desarrollo). Nadie sabe a ciencia cierta si China es un país muy rico con muchos pobres… o un país pobre con muchos ricos.

Su carrera por materias primas abarca ya todo el mundo. ¿Usa, como otras potencias del pasado, su fuerza (y sus conexiones) para asegurar el control de materias primas? Mirko Lauer, en una de sus influyentes y elocuentes columnas ha recogido una alarmante hipótesis que liga China con las protestas mineras en Perú, donde ya tiene ingentes intereses (como Toromocho de Chinalco o Galeno de Jiangxi, entre otras) y ha superado a Estados Unidos como el socio comercial número uno.

Con todo, China provee al Perú y Sudamérica de una ventana de oportunidad. ¿Hasta cuándo durará? Algunos creen que hasta 2030, cuando el proceso de urbanización se habrá estabilizado.

¿Podrá China seguir creciendo, en las economías del conocimiento, sin democracia? Pregunta que parece no haberse hecho mucho Deng.

Qué diferencia con India. China e India son rivales pero tienen muchos lazos, como que el budismo llegó a China desde India, en la época de la dinastía Tang (618-907) y se hizo la religión dominante. Pero mientras China no se ha reformado políticamente, India, con todos sus defectos, es un gigantesco monumento humano al pluralismo.

Pese a que no está, creo, a la altura del gran Nehru, creador de la India moderna, Deng quedará como uno de los estadistas fundamentales del siglo XX. (Por: Alfredo Barnechea)


 


anterior

enviar

imprimir

siguiente
Búsqueda | Mensaje | Revista