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Internacional En Cartagena, Colombia, Barack Obama de EE.UU. se confrontó con la agenda de desarrollo latinoamericano.

Cumbre de Las Américas

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El 14 y 15 de abril próximo se llevará a cabo en Cartagena de Indias, Colombia, la VI Cumbre de las Américas bajo el lema central “Conectando las Américas: Socios para la Prosperidad”, lema de gran amplitud que incluye, según un documento oficial de la OEA que brinda el apoyo institucional al proceso de cumbres, “el rol de la integración física y la cooperación regional como medio para alcanzar mayores niveles de desarrollo y superar los desafíos del Hemisferio en varias áreas claves, incluyendo pobreza y desigualdades, seguridad ciudadana, desastres y acceso y uso de tecnologías”.

No resulta fácil encontrar documentos que expliquen cuáles son los asuntos específicos que concretarán un pronunciamiento tan gaseoso.

La realidad continental, sin embargo, brinda abundante material para discutir asuntos trascendentes.

Uno de ellos se deriva de la propuesta del Presidente de Guatemala para comenzar a tratar el espinoso tema de la legalización del consumo de drogas.

Se busca con ello abordar la violencia desatada, especialmente en el istmo centroamericano y México, con motivo del tráfico de estupefacientes que buscan llegar a su principal mercado: Estados Unidos.

El tratamiento del tema coincide con el proceso electoral estadounidense y pone al Presidente Barack Obama en un aprieto con sus oponentes republicanos. Habrá que ver cómo se maniobra con tan espinoso asunto.

Otro tema de indudable impacto será la participación de Cuba en el proceso de Cumbres, lo cual implicaría, indirectamente, su retorno pleno a la OEA.

Tal como se informó (CARETAS No 2223), existieron tensiones a partir de las posiciones que planteaban la presencia de Cuba en la VI Cumbre. El impasse fue parcialmente superado, pero el presidente de Ecuador, Rafael Correa, anunció que no participará de esta cumbre.

Es indudable que solo Cuba puede decidir si solicita regresar plenamente a la OEA, y el nudo de la cuestión se plantea si tal regreso supondría la aceptación de su parte de la concepción hemisférica sobre la democracia representativa y la vigencia de los instrumentos internacionales de derechos humanos.

El paquete de asuntos complejos se completa con el bloqueo de Estados Unidos a Cuba, fenómeno tan anacrónico como contraproducente y reiteradamente condenado por la comunidad internacional, incluyendo al propio Vaticano.

Otro tema que podría estar presente en la VI Cumbre es el reclamo argentino de su soberanía sobre las islas Malvinas.

La solidaridad latinoamericana, sin embargo, no cuenta con el apoyo del bloque de los países anglófonos del Caribe, que pertenece hasta ahora a la Mancomunidad Británica.

El entusiasmo de los latinoamericanos, por otra parte, ha sido atemperado por las draconianas medidas tomadas por el gobierno de Cristina Kirchner en contra de las importaciones de varios Estados que apoyaron sus reclamos de soberanía (CARETAS No 2226). México, Brasil y Perú, entre otros, están mortificados por la escasa consideración del gobierno argentino en la aplicación de esas restricciones.

La presidente de Brasil, Dilma Rousseff, le planteó al presidente Obama, en la salón oval mismo, su queja por los negativos efectos de la devaluación del dólar sobre el comercio exterior de Brasil.

Se ha especulado, además, si podrá llegar a discutirse a nivel de presidentes la situación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), ya que existe malestar en diversos países respecto a sus procedimientos y medidas. Otros países apoyan la autonomía e independencia de la Comisión, por considerar que ello le ha permitido jugar un papel fundamental en el hemisferio. El anunciado retiro de su Secretario Ejecutivo, junto con bajar la tensión de algunos Estados contra la Comisión, abre un nuevo frente en relación con los procedimientos a emplear para llenar la vacante.

Como puede apreciarse, el plato hemisférico está repleto. La utilidad de estas cumbres es que ellas brindan la oportunidad para considerar otros fenómenos de indudable trascendencia.

Tal es el caso, por ejemplo, de la iniciativa de Estados Unidos de crear una gran zona de libre comercio que abarque los Estados del Pacífico y que involucran también a otros países de América que están embarcados en tratados de libre comercio: Canadá, México, Costa Rica, Panamá, Colombia, Perú y Chile.

La vitalidad y trascendencia de este planteo deja a los países del Atlántico (Venezuela, Brasil, Argentina y Uruguay) con la necesidad de repensar ciertos elementos de sus respectivos desarrollos nacionales y de sus esquemas de integración que, como el Mercosur, tropiezan con dificultades mayores.

Habrá que ver si los intercambios a alto nivel llegan a estos asuntos o si prima una visión burocrática de la realidad internacional. (Escribe: Luis F. Jiménez)


 


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