Actualidad ‘Gabriel’ aprovecha las deficientes condiciones laborales en la zona.
Las Otras Armas
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Las patrullas de las FF.AA. continúan la búsqueda de ‘Gabriel’ y sus huestes en Kepashiato, Luveni, Vilcabamba y Laguna. |
Skanska explotadora”, fue una de las proclamas que los subversivos lanzaron en Kepashiato la madrugada del secuestro de los 36 trabajadores de esa empresa y Construcciones Modulares, subcontratistas del consorcio de Camisea.
En la segunda quincena de marzo, la localidad había sido escenario de un paro masivo de trabajadores locales de Skanska, que pedían las mismas condiciones laborales que el personal traído desde Lima y otras localidades; con planilla, mejores remuneraciones, más días libres, alojamiento y manutención. Las protestas paralizaron los trabajos de construcción de la planta gasífera proyectada a escasos kilómetros.
“Las condiciones laborales que dan estas empresas a los trabajadores locales son caldo de cultivo para las ideologías terroristas”, advierte Hugo Chávez, alcalde de Kiteni, situada a poco más de hora y media de Kepashiato.
A las 5.30 a.m. del 9 de abril, los 36 trabajadores de Skanska y Construcciones Modulares eran custodiados por unos 40 hombres armados con AKM en el comedor del Hostal Restaurante Antahuasi. Junto a ellos, también estaban más de una decena de trabajadores de Kepashiato y Manukarishiato, una localidad muy cercana, quienes habían acudido al hostal para desayunar. Pero las columnas armadas de ‘Gabriel’ no secuestraron a ningún trabajador local.
De los 36 secuestrados, 3 son de Kiteni y 7 viven en Quillabamba, capital de La Convención. El resto son de Lima y de ciudades como Arequipa y Cusco.
“Vuelvan si quieren a trabajar”, les dijeron los narcosenderistas cuando los liberaron en la madrugada del sábado. “Nosotros entonces también volveremos”, los amenazó personalmente ‘Gabriel’. Los 10 son peones y provienen de familias muy humildes. Tres semanas después del secuestro, denuncian que les deben dinero. Todos piden a las subcontratistas de Camisea una reubicación y la mayoría quiere abandonar para siempre La Convención.
La presencia de los senderistas en La Convención amenaza el corazón energético del país. La declaratoria de emergencia trajo consigo el traslado de tropas a los campamentos del consorcio Camisea (Las Malvinas y Nuevo Mundo) y también a instalaciones claves del ducto situadas en medio de la selva.
“Bienvenidos a la Sucursal del Cielo”, reza el cartel que recibe a los escasos visitantes de la Estación 108, una estratégica planta de bombeo del gas de Camisea que se encuentra en las alturas del frondoso valle del Urubamba, conectada con Kiteni por dos horas de una intrincada trocha de barro.
El gas se bombea por un ducto de 16 pulgadas, enterrado a tan solo 3 metros de profundidad, que atraviesa la selva de La Convención.
“¿Cómo se explica que hasta hoy el ducto nunca haya sido atacado por los terroristas?”, se pregunta el alcalde de Kiteni, una localidad donde según esta autoridad el pago de supuestos cupos es vox pópuli, una versión negada tajantemente por la empresa.
La misión de los centenares de efectivos que se posicionan en las instalaciones gasíferas, además de la búsqueda de los subversivos, es ganarse a la población civil después de una ausencia secular.
El alcalde de Yuveni, Víctor Mancha Huamán, señala desde la municipalidad el cerro a cuyas espaldas tuvieron lugar los enfrentamientos entre los narcosenderistas y las fuerzas del orden. Este pequeño pueblo del distrito de Vilcabamba se encuentra en el Valle de San Miguel, zona prácticamente liberada por los remanentes senderistas. La ruta de escape pasa por Espíritu Pampa a través de sendas selváticas y entra hacia el Valle de Villa Virgen, llegando hasta la frontera con Ayacucho.
“No tenemos ni un solo cultivo de coca, somos campesinos cacaoteros y cafetaleros”, defiende el alcalde. “Reportamos la presencia de pequeños grupos armados, pero al pueblo no bajan con sus AKM, están camuflados como campesinos”, explica.
En Yuveni, los comuneros están prácticamente seguros de que Gabriel ya escapó rumbo a Ayacucho para reunirse con su hermano ‘José’. Conocen de memoria la ruta, recorrida por los campesinos para sacar sus productos de sus chacras, que hoy después del secuestro nadie quiere cosechar por miedo a la presencia de minas.
BALAS SOBRE INKAARE
De otro lado, el jueves 19 culminó la evacuación de los 91 aterrados habitantes machiguengas de Inkaare, trasladados a Quillabamba. Según su testimonio, la noche del martes 17 escucharon una fuerte explosión y el sobrevuelo de helicópteros. La escuela de la comunidad recibió impactos de bala y los casquillos del ataque permanecen esparcidos por la zona.
La supuesta acción armada tuvo lugar pocas horas después de la cercana “conferencia de prensa” de ‘Gabriel’.
En la madrugada del martes 10, la comunidad fue testigo mudo del paso de los 36 trabajadores secuestrados. El objetivo era llegar a Alto Lagunas, donde los secuestradores habían acordado por radio con un representante del Consorcio que recibirían desde un helicóptero alimentos para los secuestrados, un intercambio que nunca se produjo.
La Policía reclutó como guía a uno de sus habitantes, Elmer Huamán, para poder ubicar a los secuestrados. Él fue uno de los heridos durante el ataque al helicóptero en Alto Lagunas.
Mientras los nativos de Inkaare eran evacuados, los colonos que habitan Alto Lagunas, a 3 horas caminando de la localidad indígena, huyeron con destino a Kiteni, donde permanecen alojados en el municipio. Ellos fueron testigos de los combates que se saldaron con 4 fallecidos, dos desaparecidos y una decena de militares heridos por minas antipersona.
El capellán del Ejército, David Solís Villarreal, fue el enviado especial de Palacio de Gobierno para colaborar en las labores de evacuación. Desde Kiteni, el padre David levanta listas de desplazados. Ha contabilizado en 16 las familias desplazadas de Alto Lagunas y 91 los indígenas evacuados a Quillabamba.
“Están vivos y eso es lo importante”, los consuela. “Diosito así lo quiso”. (Escribe: Beatriz Jiménez (Desde Kiteni, Cusco))