Local Sistema de coaching holístico integra dureza y suavidad como método de vida.
El Puño y la Rosa
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Alumnos José Carlos Ferreyros, Vania Milanovich, Diego Culotti y Eslim Díaz ante demostración con espada del sifu Luis Saldomando. |
En este mundo la gente cada vez vive más tiempo, pero no necesariamente con mejor calidad de vida. El estrés, ese enemigo declarado de la calma y la plenitud, se ha instalado como un costo supuestamente inevitable de los tiempos modernos. Contra esta falacia es que arremete el puño, y la rosa, del sifu (maestro) Luis Saldomando y el sistema de coaching holístico que ha implementado desde el Centro de Artes Marciales Hond Kind (http://www.honkind.com/).
La holística, característica de la filosofía oriental que le otorga su singular fluidez, es una concepción de integración total frente a una situación dada. En este caso, la vida misma. Lo contrario a cuando la cultura occidental arbitrariamente separa cuerpo y alma, o amor y sexo para ser más cotidianos. Ya lo resumió mejor Aristóteles: el todo es siempre mayor que la suma de sus partes.
Por eso es que este sistema se nutre e integra de diversas disciplinas como el taoísmo, el budismo, el cristianismo y el confucianismo, con una base física de artes marciales. Pero esta integración está lejos de convertir el coaching holístico como una religión o secta. Se trata de un método de vida aplicado a lo cotidiano –el trabajo, la vida familiar y social– destinado a obtener beneficios y resultados positivos acompañados de una formación marcial.
“El cuerpo no debe estar separado de la mente”, dice Saldomando, “existe ya un matrimonio preestablecido desde el momento en que la mente dirige al primero. Existen ejercicios mentales, la meditación es uno de ellos, que sirven para aprovechar mejor esta integración. Cuando simultáneamente se fortalece el cuerpo como parte de esa misma unidad, se logran cambios en la actitud de cada persona. Permitiendo además reparar daños sicológicos frutos de malas interpretaciones del pasado.
CUERPO SANO, MENTE ÍDEM
La práctica de artes marciales es fundamental en este sistema. El aprendizaje de danzas permite alinear el conjunto de cuerpo y mente, trabajando (o destrabando) en simultáneo ambos hemisferios cerebrales, oxigenando el organismo y librándolo de toxinas al mismo tiempo.
Cuando la mente como el cuerpo se ejercitan a diario tanto en la dureza del entrenamiento físico como en la suavidad meditativa, el puño y la rosa, el estrés se espanta. Ante la previsible hostilidad del tráfico, del jefe, o de la SUNAT, un organismo integrado encuentra siempre la manera de ser duro y firme con las ideas, pero suave y considerado con las personas. Como el bambú, que se dobla pero no se quiebra.