Alfredo Barnechea
El Vacío Socialdemócrata
Mientras la crisis de la eurozona desmantela los Estados de Bienestar, Alfredo Barnechea se pregunta: "Si la socialdemocracia creó los modernos Estados del Bienestar, ¿cuál es la promesa socialdemócrata para un país como Perú?"
Cada lunes tengo una conversación radiofónica en RPP con Raúl Vargas, cuya ponderación y cultura lo hacen un interlocutor privilegiado. Las dos últimas trataron sucesivamente de la elección francesa y la celebración del Primero de Mayo. Me pregunto ahora qué relación hay entre esos dos eventos.
Como se sabe, el Día del Trabajo fue instaurado para conmemorar la lucha de Chicago en 1886 por las 8 horas. Curiosamente, Estados Unidos lo celebra en otra fecha, el primer lunes de septiembre.
Casi al mismo tiempo que la Revolución Industrial, surgió su crítica, y particularmente la defensa de los derechos del trabajo. Las novelas de Dickens (1812-1870) fueron una vitrina demoledora de muchos abusos contra ellos.
Más tarde Bismarck, para tratar de ganar el apoyo de los obreros al imperio alemán, creó las formas embrionarias de un Estado de Beneficencia, que tiene en consecuencia orígenes conservadores.
Fue sobre todo en la postguerra del siglo XX, por supuesto, cuando éste se construyó en Europa: seguros de salud, educación pública meritocrática, transporte público subsidiado, entre otras cosas.
Específicamente Alemania, después del nazismo (y de la hiperinflación de Weimar), creó una “economía social de mercado”, con una estrecha colaboración del Capital y el Trabajo. Acaso, a medias invisible, esta tradición sea una de las bases de la fuerza actual de la economía alemana.
En 1979-1980, con Reagan y Thatcher, llegó el asalto a todo este largo itinerario de protección del trabajo. El Estado no era ya una solución sino “el” problema. Fue la victoria intelectual de la escuela austríaca: no planifiques, el mercado hará lo que hay que hacer.
La globalización, o la última globalización, ya que el mundo estaba también intensamente globalizado antes del crac del 29, hizo el resto. Con ella, ganó el Capital, perdió el trabajo. En los Estados Unidos, por ejemplo, el 1 por ciento más rico parece concentrar más riqueza que nunca.
La ciencia, paradojalmente, ha reforzado la desregulación: si la gente vive cada vez más tiempo, los umbrales de retiro tienen que moverse, por ejemplo. Asimismo, la economía global reside en empleos “nómades”: no sólo se “deslocalizan” en función de costos, sino que en cada economía doméstica la gente migra, y migrará aún más, de trabajos. No puede recibir ya “protección” asociada a ellos –lo que refuerza la importancia de la educación, único real valor a transar en el futuro.
La crisis actual de la eurozona, donde al menos 8 de sus 17 economías están en recesión, está empujando al desmantelamiento de lo que todavía quedaba en Europa del Estado de Bienestar.
Nadie sabe si la receta del ajuste, por ejemplo en España, sacará a los países de la crisis o la ahondará. Parece una repetición del escenario de la Gran Depresión, pero sin un Keynes a la vista.
Alemania, que en 2030 podría ser la primera economía del mundo en ingreso per cápita (así como China lo será en producto global), y es hoy la potencia dominante de la eurozona, no relaja sus patrones de ajuste, quizá heredados de su antiguo temor a la inflación, dada su experiencia histórica nacional. No sólo es el primer exportador de valor agregado del mundo (mientras China puede ser su primera fábrica) sino que es (otra vez como China) un acreedor neto en la economía mundial.
De este patrón dominante ha surgido el acrónimo “Merkozy”, o sea Merkel + Sarkozy.
Con lo que llegamos a la elección francesa, donde los sondeos indicarían que este domingo Hollande puede reemplazar a Sarkozy.
Si eso sucede, será la segunda vez que un socialista gana en la V República, creada en 1958 por De Gaulle.
La institución del ballotage o segunda vuelta fue pensada, parece, para impedir la llegada de la izquierda: la Francia profunda, rural, ese país de más de trescientas variedades de queso a las que aludió De Gaulle, formaría siempre, a la larga, una mayoría conservadora.
Mitterrand rompió en 1981 esa barrera. Sus primeros dos años aplicaron un “programa común” (que incluía al Partido Comunista), pero sus resultados económicos fueron tan desastrosos que el viejo florentino volvió a los cauces moderados en economía. Se preocupó desde entonces más en la política exterior que en el manejo macroeconómico.
Mitterrand, que venía del mundo de la IV República, con una pequeña agrupación, la Federación de la Izquierda Democrática y Social, tomó el Partido Socialista en 1971. Este se llamaba antes SFIO, lo que quería decir “Sección Francesa de la Internacional Obrera”. Por tanto históricamente surgió como una plataforma de defensa de los derechos del trabajo.
¿Qué es hoy el Partido Socialista? ¿Qué haría Hollande diferente a Sarkozy? ¿Qué patrón económico diferente al de Merkel trataría de imponer? ¿Qué es Europa sin una alianza firme entre Alemania y Francia?
En verdad, a juzgar por lo que se ha visto en la campaña, nada puede fácilmente predecirse. Pero de lo que salga este domingo en Francia depende en buena parte el destino de la eurozona, la cuarta parte de la economía del mundo, estrechamente relacionada en una alianza atlántica con la economía de la otra cuarta parte del mundo que son los Estados Unidos.
Entre tanto en Perú, acaso más país de “emprendedores” que de “trabajadores”, pareciera como si se hubiera producido un “desenganche” sudamericano con respecto a Estados Unidos y Europa. Hola, China.
En un país de emprendedores, migrantes, con un Estado que no funciona, ¿qué formas de protección social pueden tenerse? Si la socialdemocracia creó los modernos estados del Bienestar, ¿cuál es la promesa socialdemócrata para un país como Perú? Por ahora está vacía. Pero esto ya es tema de otras columnas. ( Por: Alfredo Barnechea)